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2 minutos: Volvió la Alegría

2 minutos: Volvió la Alegría

Una visión personal para la fiesta de los trasandinos
2 minutos: Volvió la Alegría

Martes 15 de agosto, 2017. Teatro Caupolicán

“Ya no sos igual, ya no sos igual, sos un vigilante de la federal”. El grito se escucha fuerte por todos los rincones del Teatro Caupolicán. Unos dos mil fanáticos enfervorizados gastan sus últimas energías en corear una de las canciones más icónicas no sólo de 2 Minutos sino que del punk latinoamericano. Dos bengalas tiñen de rojo el recinto ubicado en San Diego y dos banderas con el logo de la banda flamean por sobre las cabezas de la gente. Y ahí estoy yo, deambulando en medio de esa muchedumbre, intentando captar la mayor cantidad de detalles para describir esa escena en la reseña que escribiré al día siguiente. Ha transcurrido más de una hora y media de concierto y esa imagen se convierte en el cierre perfecto para culminar los 30 años de celebración de una de los referentes más importantes de los circuitos subterráneos.

Quisiera describir más detalles, pero la verdad es que no es mucho lo que recuerdo. Me preguntaron a última hora si podía cubrir el concierto de 2 Minutos, ya que el periodista que la iba a hacer se excusó acusando una infección estomacal. No había tiempo para acreditarme, así que tendría que ir con mi entrada, me dijeron. Lo dudé, ya que hacer la reseña implicaba llegar a la hora, no hacer previa, e irme después del show rápidamente a mi casa para comenzar a escribir, pero igual lo acepté. Decidí ir temprano al teatro para ver a todas las bandas. Lamentablemente, todo salió mal.

Me hubiese gustado escribir sobre lo sólido que estuvo T.A.M., que pese a que no había mucho público reafirmaron en poco más treinta minutos que hoy son una de las bandas más interesantes del under capitalino, gracias a un punk simple, pegajoso, y con letras que interpretan muy bien la rutina que enfrentamos día a día, pero narradas de una manera muy creativa y sincera. Me hubiese gustado, pero cuando iba en camino al show una llamada me cambió la dirección.  Terminé con dos amigos cerca del Santa Lucía tomando una botella de vino. “La hacemos corta”, me dijo uno de ellos, el dueño de casa. Craso error. Eran más de las 16 horas y todavía seguíamos pegados en su hogar. Me quedé sin hacerle el aguante a T.A.M.

También me hubiese gustado narrar la eufórica respuesta que tuvo el público del Caupolicán con Los KK, una de los grupos precursores del punk local a fines de los 80, y quienes este año se han tenido un par de reuniones para saldar una deuda con sus seguidores más jóvenes, quienes por motivos generacionales sólo los conocieron mediante grabaciones. Hace un par de meses los vi con los Fiskales Ad-Hok en el Cine Arte Alameda y se lucieron. Tenía muchas expectativas en su presentación, pero tampoco alcancé a verlos. A esas alturas recién estaba partiendo rumbo al Caupolicán.

Una parada por el supermercado atrasó aún más mi camino. Pensamos en comprar un par de cervezas para tomar mientras caminábamos, pero la oferta era irresistible: dos pack de medio a 6 mil. No se podía decir que no. Me quedé sin ver a Aeropajitas, una de los buenos grupos de punk en Perú. Mi único consuelo fue encontrarme con Juan Carlos, el peruano de las Voz Propia, quien me comentó lo bien que habían estado sus compatriotas.

Tomarse dos pack de cervezas entre tres no es algo que se logre en minutos, así que el Parque Almagro fue el lugar indicado para continuar con la previa. Probablemente ya había empezado a tocar Machuca. Estaba dudando de dejarle las cervezas a mis amigos y partir rumbo al Caupolicán, pero la respuesta de uno de ellos, me convenció totalmente de lo errado que estaba. “No se puede ir a un concierto de 2 Minutos y estar más sobrio que el Mosca. Para disfrutar de 2 Minutos hay que estar más loco de lo que están ellos, así que sigue tomando”. Ya estaba decidido no iba a entrar hasta un buen rato más.

Cuando lo hice estaban tocando los BBS Paranoicos, con un setlist centrado en los antiguos temas. Comenzó ‘Imperfecto’ y de improvisto aparece un cabro que irrumpe en el grupo con el que estoy y nos dice reiteradamente y con un dejo de orgullo que viene del Quisco. “Soy del Quisco, soy del Quisco. Viajé sólo para venir a este concierto, allá no pasan estas cosas. ¿Conocen el Quisco?”, nos comenta, como dejando entrever que el Quisco fuera un remoto poblado ubicado en alguna de las regiones extremas de Chile y no una de las playas más tradicionales del litoral central. “¿Quieren cabros?”, agrega, mientras nos convida una bolsa ziploc con un líquido amarillento. "Es Ballantine’s", nos dice. Era imposible rechazar su generosa propuesta. A esas alturas ya tenía claro que mi cobertura de 2 Minutos iba a tener poco o nada de profesional.

Tras un par de sorbos terminé en medio del pogo coreando ‘Ausencia’, la que fue seguida inmediatamente por ‘El Regreso’. Ya no escucho mucho a los BBS, pero cada vez que los veo en vivo encuentro que hacen un show perfecto. Dieron el salto como banda, se profesionalizaron y eso hace que siempre suenen bien. Más allá de los gustos personales, que el grueso de los fanáticos más viejos prefieran al Hormiga, que el cambio luego del “Algo no anda” haya sido muy brusco o que ahora se definan como una banda de rock y traten de desmarcarse de la etiqueta punk, es imposible reconocer que están un escalón más arriba que la mayoría de sus pares. Ayer lo demostraron una vez más.

Terminaron los BBS y afuera se vivía la tradicional batalla campal entre quienes quieren ingresar sin pagar y una decena de guardias que querían impedirlo. Se escuchaban algunos piedrazos y gritos entre lado y lado. Afuera el guanaco también estaba haciendo de las suyas. Así lo comprobé al saludar a un amigo que al aparecer ingresó en medio del tumulto. “No me abraces, que vengo todo mojado por el guanaco”.  Los 30 años de 2 Minutos no se podían festejar sin enfrentamientos con la policía.

A las 21.00 salió a escena la banda argentina. “Nosotros venimos del sur de la ciudad. Un barrio de leyenda, tango y arrabal”. Esas palabras bastaron para que se desatara una locura en el Caupolicán que se extendió por toda la noche. Cada uno de los temas era replicado con fuerzas por los fanáticos que dejaban su vida en medio de una masa que no dejaba de girar, especialmente con los temas los de los dos primeros discos. ‘Que mala suerte’, ‘Novedades’, ‘Borracho y agresivo’ o la linda ‘Como caramelo de limón’, son algunas de las canciones que recuerdo.

A mi derecha un grupo de punks treinteañeros compartían un vino en caja, y al otro lado un par de muchachas adolescentes se servían en un vaso pisco con sprite, mientras coreaban “todo lo miro sentado frente al bar”. Al rato, o quizás antes, vino ‘Otra mujer’. “No te tortures más, ella te abandonó y ya no hay solución (…) Otra mujer llegará, otra mujer a tu vida llegará”, cantaba la gente con todo. Pero la respuesta más efusiva llegó con ‘Amor suicida’. “Ella se voló la cabeza por su viejo amor”, gritaban las más de dos mil personas.

 

Los clásicos siguieron y, los temas más nuevos, pese a no abundar dentro del repertorio también tuvieron buena respuesta, al igual que los cóvers, 'Las piedras rodantes', del Tri, y 'Me convertí en un marciano' de los Misfits. Promediando la mitad del show llega el turno 'Tema de Adrián' y un muchacho se sube al escenario para saludar a la banda, siendo rápidamente interceptado por las guardias. “Se lo llevaron los de moralidad”, cantaba el Mosca, mientras el fanático era sacado de forma brusca por cuatro hombres de amarillo, hasta que Pablo, uno de los guitarristas, y el propio Mosca se dieron cuenta del acto e intervinieron, liberando al hombre e invitándolo a cantar con ellos la canción. “Por haber gritado la verdad”, cantaba el muchacho en uno de los micrófonos, mientras miraba de reojo a los frustrados guardias.

2 Minutos no son consignas vacías, es consecuencia. Pese a no ser una banda explícitamente política, en más de una ocasión se han definido incluso de “apolíticos, sí es una banda que trata de tener una coherencia entre lo que cantan y su actuar, y gestos como ese, de intervenir entre los guardias, es una muestra de ello..

2 Minutos es también recuerdos, porque es imposible estar escuchándolos en vivo y no acordarse cuando te llegó el primer cassette mal grabado con esos temas rápidos y cortos que te volaron la cabeza, o recordar la primera vez que armaste una banda con tus amigos del barrio o tus compañeros de colegio y se emocionaron cuando después de varios ensayos 'Ya no sos igual' les salió perfecta. Al escuchar ‘Cerveza’ es imposible no acordarse de las curaderas de adolescente y de lo horrible que fueron las primeras resacas. Al oír ‘Otra mujer’, es difícil no recordar a alguna vieja ex y los momentos en que ese tema era una especie de apoyo motivacional para no torturarse más.  Y escuchar ‘Barricada’ nos retrotrae a nuestras primeras protestas cuando éramos escolares y con piedras creíamos que podíamos cambiar el mundo. 2 Minutos, aunque ya no los escuchemos con la misma frecuencia de antaño, querámoslo o no, ya es parte de nuestras vidas.

'Ya no sos igual' (y puede que me equivoque, de verdad a estas alturas ya no estoy seguro) con las bengalas y las banderas, se convirtió en el cierre de una jornada que se extendió por varias horas y que, probablemente, para el grueso de los asistentes, prosiguió hasta mucho después de terminado el recital.

Corría 1987 y al sur de Buenos Aires un grupo de jóvenes veinteañeros crearon una banda para cantar principalmente sus vivencias barriales. Ese vínculo con el barrio, con la calle, con las raíces, con la vida obrera no se rompió en ese entonces y se mantiene intacto 30 años después.  “Seguimos portándonos mal, seguimos siendo inmaduros. Somos los mismos de siempre”, decía el Mosca al The Clinic en una entrevista hace 3 años atrás. Y es eso lo que logra que la devoción por 2 Minutos perdure a lo largo del tiempo, que siguen siendo los mismos y cantando de lo mismo.

Como dice Enrique Symns, “las ciudades son las hijas del miedo a la selva”. No sólo los bares “son los últimos pantanos de la selva”, 2 Minutos ha sido por tres décadas una especie de pantano o bosque que permite por algunas horas tener una vía de escape para alejarse de la uniformidad y normalidad que enfrentamos en nuestra cotidianidad.

Se acabó el show, y tras despedirme de varios rostros conocidos que encontré en la salida, me reencuentro con mis amigos, quienes me invitan a seguir tomando. Tengo claro que llegaré tarde a mi casa y que el comentario del concierto lo haré al día siguiente, mientras saco la vuelta en mi trabajo, pero los 30 años de 2 Minutos no se pueden celebrar a medias. Así que partimos a la botillería de Copiapó con Arturo Prat para continuar con los festejos. 2 Minutos dio todo de sí en el escenario y lo mínimo que corresponde es estar a la altura de la celebración. Los 30 años lo merecen. Vamos por más cervezas, la reseña podrá esperar.

José Pedro Rossel

Fotos: Gary Go

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