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John Zorn: crónicas salvajes desde Nueva York

John Zorn: crónicas salvajes desde Nueva York

El icónico The Stone cambia de lugar
John Zorn: crónicas salvajes desde Nueva York

Después de trece años, The Stone, la sala de conciertos ubicada en el East Village de Nueva York, de la cual el compositor y saxofonista John Zorn es su director artístico, cierra sus puertas en la mítica esquina de la avenida C y la 2nd street, para cambiar a una nueva ubicación. El recinto, que a lo largo de sus años de funcionamiento, ha albergado alrededor de 7500 perfomances de una gran y variada cantidad de músicos improvisadores, se despidió la semana recién pasada, con seis días de corrido en los cuales el propio Zorn se presentó junto a diferentes invitados, mostrando en cada una de las noches distintas formaciones instrumentales.

Frente a este escenario y coincidiendo con mi visita a la ciudad de Nueva York, asistir a un par de jornadas de esta despedida, se tornó casi una obligación y en una gran oportunidad para presenciar al maestro y a su sequito, en su propia casa. De esta forma, el pasado miércoles 21 de febrero, me aventuré a la esquina del mítico The Stone. Era mi primera visita, sabía que los conciertos eran a las 20:00 hrs. y que el ingreso era por orden de llegada, que no existía la venta previa de entradas, sólo había que ir. Apenas llegué a la puerta a eso de las 18:30, me encontré con cuatro personas en la fila, dos de ellos esperando instalados en sillas de camping. Pasaron los minutos y la fila comenzó a crecer. Ya cerca de las 19 hrs. éramos más de 20 personas. La gente de a poco comenzo a sociabilizar, por mi parte converse con un chico de Estonia y un argentino, ambos se habían repetido el plato muchas veces y comentaban lo increíble que eran cada una de las performances. Me era difícil imaginar la atmósfera y el lugar que ellos describían.  

Cuando ya faltaban 15 minutos para las 20 hrs., la fila albergaba a alrededor de 60 personas, mientras algunos de los músicos llegaban al recinto. A las 8 en punto, una mujer abrió la puerta y comenzó a contar a la gente. De a poco comenzamos a entrar y a llenar el espacio, que al ser pequeño, se repletó rápidamente. A las 20:10, Zorn se asoma por una puerta y observa el lugar, camina hacia la entrada y comienza a ubicar a quienes habían quedado de pie, a algunos les pasa unos cojines de espoja y los posiciona al lado de los instrumentos, casi encima de ellos. Pregunta en voz alta, cuántos están esperando por el baño y dice que una vez que todos hayan pasado comenzará el concierto. Cuando terminó el último de la fila, la gente aplaudió y celebró entusiasmada.

Cerca de las 20:30, John Zorn, en compañía de David Taylor en trombón bajo y Nate Wooley en trompeta, dieron inicio a la primera improvisación de la noche. Desde un comienzo se desarrolló inquieta, totalmente vertiginosa y llena de efectos por parte de los tres vientos. Rápidamente y luego de alrededor de cinco intensos minutos de improvisación, dieron por finalizado el primer set.  Tras la ovación se vino el primer recambio a cargo de Joey Baron en batería, Nels Cline en guitarra, Mark Feldman en violín y Kim Cass en contrabajo. Esta segunda improvisación continuó con la energía de la anterior, pero partiendo desde el misterio, la experimentación tentativa, para pronto colmar de ímpetu el ambiente creado por el cuarteto. 

El tercer set estuvo de la mano de John Medeski en piano, Mary Halvorson en guitarra y Tomas Fujimara en bateria. La improvisación estuvo cargada a la intriga, provocada por arpegios de ambas cuerdas, acompañadas y acrecentadas por los redobles de la batería. Desde el cuarto set en adelante, las formaciones siguieron variando con los mismos músicos aparecidos anteriormente, siguiendo con Medeski y Felman con un intenso dúo de piano y violín, que viajó desde lo impulsivo a lo melancólico, para más adelante pasar a Wooley en trompeta, Baron en bateria y Cass en contrabajo. En este quinto set, Baron toca en parte con los dedos, mojándoselos para producir nuevos efectos en sus tambores.


La sexta improvisación a cargo de Nels Cline y Mary Halvorson en guitarras y David Taylor en trombón, tuvo mucha experimentacion y estuvo cargada a los pedales de efectos. Taylor se cuadró con las guitarras sacando de una maleta una serie de objetos, entre ellos un micrófono que metía por la boca del trombón, provocando acoples y zumbidos, resultando un caos sonoro totalmente intenso e impulsivo. En el septimo set, Zorn volvió a escena junto a Fujimara en batería. Antes de iniciar, preguntó si querían algo corto o largo. Así se aventuraron en una improvisación totalmente potente, directa a la vena, atropellada y de corta duración. El octavo set, trajo una formacion más clásica de jazz, con piano, contrabajo y batería, mucho más melódica que las anteriores. Finalizando con un noveno set, que se trató de una improvisación colectiva entre todos los músicos participantes. Tras una hora y diez minutos, se dió por terminada la segunda noche, (primera para mi), de desdepedida de The Stone. 

La noche del jueves 22 de febrero y tras lo intenso de lo vivido la jornada anterior, decidí repetirme el plato. Para esta ocasión, Zorn se hizo acompañar de la gran Laurie Anderson en violín eléctrico, Joe Morris y Nels Cline en guitarras, Mike Nicholas y Jeff Ziegler en violoncello, Sylvie Courvoisier y Anthony Coleman en piano, Jad Atouni en electrónica y Laura Ortman en violín. 

Llegué un poco mas tarde que el día anterior y volví a encontrarme con quienes había conversado la noche pasada. Era un dia de lluvia y a esa hora el frío calaba los huesos, aún así la fila alojaba a varias docenas de personas. Fue el propio Zorn quién abrió las puertas diez minutos antes de las 20 hrs. Saludó a cada uno de los que llegamos y nos indicó qué debíamos pagar la entrada a un tal hombre. Lo ocurrido la noche anterior se repitió: el dueño de casa acomodó a los invitados, pasó algunos cojines y volvió a preguntar quienes esperaban por el baño, esta vez comenzando el concierto de forma más puntual, ya que un segundo grupo esperaba afuera por una segunda función.

El primer set estuvo a cargo de Anderson y Ortman en violines y Atoui en electrónica, quienes crearon una pieza totalmente oscura y densa, la cual provocó la introspección y trance entre los oyentes, para pronto pasar a una improvisacion a dúo a cargo de Joe Morris en guitarra y Anthony Coleman en piano, quienes integraron a su conversación mucha mas rítmica y melodías. Un diálogo mucho mas ajetreada que la improvisación anterior. El tercer set, compuesto por Zorn al saxo, Nels Cline en guitarra y Sylvie Courvosier en piano, trajo mucho más caos y densidad, también muy precipitado en partes y melódico y misterioso en otras. Todos los músicos experimentaron con diferentes efectos, de esta forma Cline y Courvosier intervinieron sus instrumentos también con distintos objetos.


La cuarta improvisacion se trató de un dúo de violoncellos, en donde Ziegler y Nicholas, sentados frente a frente, mezclaron dramatismo y experimentación, creando una pieza  conmovedora, sigilosa en partes y enérgica en otras. En el quinto set, Zorn volvió al escenario, junto a la guitarra de Morris y la electrónica de Atoui. El caos nuevamente se apoderó del ambiente, con momentos densos en los cuales la electrónica sonaba abultada, como colchón para que el saxo y la guitarra se movieran sobre ella de forma libre. En la sexta improvisación el misterio se tomó de la sala, con Cline, Anderson y Coleman conversando de forma cautelosa, todo es despacio y delicado, no por eso menos denso, al contrario, totalmente oscuro. Para finalizar y como es habitual en cada sesión, la última improvisación, trajo la participación de todos los músicos invitados. De esta forma, los ochos músicos compartieron el set para cerrar con una perturbadora e intensa pieza.

Sin duda, la experiencia de The Stone es absolutamente intensa en todos los sentidos. La magia de la improvisación y tener la oportunidad de escucharla en directo, es como presenciar la creación de una pintura en vivo. Son tantos colores y texturas las ocupadas, que muchas veces faltan palabras para describir el cúmulo de sensaciones que esta provoca. Ambos días fueron distintos, incluso el clima de cada uno de ellos, se notó en la música creada, el miércoles fue un día caluroso y de improvisaciones enérgicas, versus el jueves de lluvia, con creaciones mucho más oscuras y misteriosas.

Ilse Farías A.

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