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Cómo Asesinar a Felipes: La puerta no se abre sola

Cómo Asesinar a Felipes: La puerta no se abre sola

Diez años de música que nos mata
Cómo Asesinar a Felipes: La puerta no se abre sola

Viernes 7 de julio, 2017
Teatro Cariola

I
Entrevisté a Koala Contreras el 2009. Lo primero que me dijo fue que estaba considerando dejar la música porque recién había sido papá y, por más que algunos periodistas nos esmeráramos en hablar maravillas de los Felipes, las excelentes críticas no se traducían en plata para vivir. Después de mucho rato conversando al respecto, su aliviante conclusión fue que nunca dejaría de rapear mientras no le faltara lo básico. Menos mal, o si no, la celebración de anoche jamás hubiese ocurrido. Una década de Cómo Asesinar a Felipes que, "en años de músico chileno, son como 50", como escribió en sus redes un colega, Felipe Arratia, con la experiencia de haber visto ir y venir a un montón de grupos. Pero Cómo Asesinar a Felipes nunca fue un grupo del montón. Tal vez por eso, cuando nos encontramos aquella vez, Koala Contreras sentía que aún no encontraba su nicho. Quién te ha visto y quién te ve. Ahora es el frontman de una de las bandas más respetadas de Chile, chorrea carisma como si fuese un bien abundante, comparte escenario con el mismísimo Carlos Cabezas (al que llamó "Carlitos"). Mirándolo desde el público, difícil no sentir un reconfortante orgullo. 'La puerta no se abre sola', es cierto, y ellos la botaron a patadones. O, dada su terquedad, quizás a cabezazos.

II
Un par de veces conversé con el resto del grupo. Eran unos maniáticos. En el buen, sentido, claro. Yo estaba deslumbrado con la perfección de sus discos, grabaciones de una sola toma, y ellos no dejaban de hablar de "los errores" que tenía tal o cual parte de uno que otro tema. Equivocaciones sólo visibles con nanoscopio y cuya contemplación, ahora que lo pienso, mantuvo siempre sus pies en la tierra mientras su entorno se deshacía en elogios. Ese rasgo fue uno de los que me convenció de que Cómo Asesinar a Felipes es el mejor grupo de Chile, una impresión que sostengo. En un cariolazo anterior, cuando tocaron con la deslumbrante Conchalí Big Band (¡que se repita y que se grabe, por favor!), quedó establecido que la banda puede masticar cualquier música y a cualquier músico y regurgitar una versión propia, inconfundible. Lo hicieron con la Orquesta Sinfónica Juvenil en "Un disparo al centro" (2009) y también con un Gabo Paillao que los acercó hasta Gary Numan en "V" (2014) y así se han ido. Cómo Asesinar a Felipes es un hoyo negro que absorbe todo a su paso y nunca deja de ser lo que es. En el show de anoche se dieron instancias de cruce sonoro excepcionales, como la versión para bajo eléctrico de 'Luchín' de Víctor Jara que suele interpretar Jorge Campos, pero acompañado por DJ Sp@cio y sus samples de 'Woo Hah!! Got You All in Check' de Busta Rhymes. O como 'Opción', interpretada con Epicentro tal como en el disco "Colores y cadáveres" (2010), más la presencia de Billy Gould. En otras palabras, Cómo Asesinar a Felipes mezcla a nuestro más venerable cantautor con el rap de la Costa Este y con Fulano, y pone en el mismo nivel al bajista de Faith No More con el MC de los excelentes Calambre. Háblame de fusión.

III
El aniversario de CAF expuso perfectamente lo que hace único al grupo: su desapego casi zen a cualquier cosa que se parezca a una fórmula. Siempre están probando algo nuevo y, apenas funciona, pasan al siguiente desafío. Hoy se les ve incorporando a un saxofonista y flautista, Cristián Gallardo, en reemplazo de Gabo Paillao y sus teclas, y la transición no es precisamente pan comido porque hablamos de un músico -salido de la Conchalí Big Band, por cierto- que es líder de banda y dado a improvisar, y que en el mundo del jazz es toda una personalidad. Traté de ver su performance bajo el ojo mega crítico que debe tener el grupo en la interna y sólo podría apuntar a cierta constricción que, sospecho, se debe a una falta de práctica del lenguaje que ya será solucionada con el tiempo. Sin embargo, el amalgamiento ya se está dando. CAF es un poco como el Agente Smith: toca a la gente y la transforma en más CAF. Resulta muy interesante presenciar el fenómeno, que se da no sólo con Gallardo, sino también con cualquiera que comparta el mismo aire con ellos por un rato. A todos sus invitados les encontraron una fibra ad-hoc a su propia estética, un lado asesino, como el que mostró un eléctrico Nano Stern en calidad de violinista y que también sacó a relucir Pablo Ilabaca, quien se despidió de Felipe Salas con un fist bump que resume muy bien el concierto entero. Cumpleaños feliz, en efecto.

Andrés Panes
Fotos: Gary Go

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