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Bombino en WOMAD Chile: alucinación colectiva

Bombino en WOMAD Chile: alucinación colectiva

Repasando la segunda jornada del festival
Bombino en WOMAD Chile: alucinación colectiva

Sábado 17 de febrero, 2018

Plaza La Paz, Recoleta

La noche del sábado 17 de febrero de 2018 estaba para fiesta en el Festival WOMAD Chile. Y eso es lo que pudimos ver en Recoleta. Si bien la jornada había sido larga, con una variada oferta musical, nos concentramos en el repertorio nocturno del evento, que estuvo intenso.

Mientras en la zona de DJ, Indian Man hacía lo suyo para traer la atención de la multitud, resistimos la tentación y avanzamos hasta el escenario La Paz. Allí, Liniker e os Caramelows ofrecía algo de lo más intenso de la segunda jornada, con una propuesta cargada de soul, sensualidad y una alegría contagiosa. Es increíble la capacidad que Brasil tiene de sacar de debajo de la manga propuestas de esta calidad, que sintetizan lo mejor de sus raíces con influencias que van desde África hasta los Estados Unidos. Liniker e os Caramelows encarnan a la perfección esa mixtura, con mucho del sonido Motown, blues y R&B, todo bajo el sello del carisma de Liniker, su tremendo vocalista. Él se define como “negro, gay y pobre”, identificación que levanta con orgullo. En el escenario, es una estrella con luz propia, que seduce y hace bailar a todos. Un gran espectáculo.

Luego, pasamos al escenario La Unión, donde la banda Ethno in Transit entregó el vigor impensado para una propuesta casi 100% acústica. Claro, porque con 4 violines, acordeón, flautas, percusión, cello, bajo y guitarra acústica, lo esperable era placidez y reposo. Pero no: lejos de eso, el grupo, que incluye al chileno Nano Stern, fue uno de los puntos más intensos de la noche. La banda propone un recorrido musical por los países de origen de sus integrantes: Chile, Italia, Escocia, Estonia, Eslovenia, Austria y Suecia. Y más aún, porque en un ahora de intenso show, hubo tiempo para visitar también ritmos argentinos y brasileños. Fue una tremenda presentación, que sirvió para borrar fronteras de origen y estilo, quizás el objetivo central del Festival. Para el cierre, una tremenda versión de ‘Casamiento de negros’, de Violeta Parra, dejó la sensación de que la música del mundo es una sola.

Para nosotros, el número fuerte de la noche eran, sin duda, los nigerios Bombino, que nos llevo de vuelta al escenario La Paz. Llegaban bajo la etiqueta de que su líder, Omara Moctar, es el “Jimmy Hendrix de Níger”. Pero la descripción es engañosa, porque hay que decir que el rock y el blues del Norte de África tiene suficiente identidad propia, como para ahorrarse definiciones inciertas. Bombino viene mucho más de Ali Farka Toure y Tinariwen, (influencias cercanas) que de Hendrix. Su sonido es delicado, a veces suave, con sutilezas imperceptibles que, poco a poco, llenan el espacio sonoro y se vuelven adictivas. Su fórmula musical combina la herencia del blues urbano, en gira por África, (las tierras de su origen más lejano), recogiendo las secuencias repetitivas del folklore de Níger, Mali y Argelia. El resultado es increíble. Desde el escenario, Bombino construye poco a poco un sonido que suma elementos, texturas y melodías que se infiltran en la audiencia, hasta llevar al público a una especie de trance. Composiciones largas y muy trabajadas, sicodelia en estado puro, donde la sola música es un psicotrópico de alto impacto. Eso vimos con Bombino en pleno uso de sus poderes.

Había un grupo de fanáticos, conocedores previos de esta propuesta, quienes coreaban con entusiasmo el nombre del artista. A diferencia de ellos, la mayoría del público llegó sin referencias a disfrutar de esta experiencia. Si bien la actuación comenzó un poco lenta, con un Bombino demasiado sereno y cauteloso, poco a poco fue entrando en materia, para alcanzar luego un punto alto en la intensidad de su visión del rock. El resultado es notable: la muchedumbre se entrega poco a poco a la sensación ofrecida desde el escenario. Por momentos, los sonidos y las melodías entregaban extraños ecos, como si hubieran voces misteriosas que salieran de las guitarras y el bajo, mientras la batería sostenía un ritmo avasallador, constante e implacable. Asistimos, sin duda, a la construcción de una especie de alucinación colectiva en tiempo real, hecha de pura música. Y el público asistente se fue convencido y adicto, habiéndose dejado seducir por el poder de Bombino. Un tremendo grupo que, en su primera actuación en Chile, dejó bien instalado el respeto y el gusto por un rock diferente, poderoso y vital. Un gran cierre para una hermosa jornada del WOMAD Chile 2018. África no está tan lejos, después de esta noche: ahora resuena muy cerca de nuestros corazones.

Pablo Padilla Rubio

Fotos: Jaime Valenzuela, equipo audiovisual WOMAD Chile

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