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Congreso: Arte, resistencia y algo más

Congreso: Arte, resistencia y algo más

El constante retrato de la sociedad
Lunes 22 Enero, 2018
Congreso: Arte, resistencia y algo más

La historia de Congreso –al igual que el de otras instituciones artísticas de nuestro país- es la crónica de gran parte de nuestra música popular. En sus ya casi 50 años de trayectoria, siguen teniendo una inquietud asombrosa. Sin dejarse amedrentar por el agotamiento propio de una banda de largo aliento, lanzaron su placa de estudio número quince, “La canción que te debía”, trabajo con el que, nos cuenta su baterista y fundador Sergio “Tilo” González, tratan de saldar varias cuentas que tenían, en lo musical y en lo temático, cantándole a personajes más escondidos, a sus hijos, a los amantes, a la paz, a los corruptos. De esta forma, Congreso, como pocos, continúan retratando a nuestra sociedad.

- ¿Por qué titularon este disco de esta manera?
- Tiene que ver con ciertos temas pendientes que teníamos. Por ejemplo, nunca le había dedicado una canción a mi hija Gabriela, y sí a mi otro hijo Simón. Entonces así partió, haciéndole la canción que le debía a ella y que nunca le había escrito. Ahora, también es una canción dedicada a todos nuestros hijos, ya que por tener este oficio muchas veces nos perdemos las fechas importantes.

- ¿Qué otros pendientes sintieron que tenían?
- Hay otras historias. Una canción muy especial es un recuerdo de los últimos años de los 80: ‘A las Yeguas del Apocalipsis’, que es más bien un homenaje al colectivo artístico de choque que formaron Pedro Lemebel y Francisco Casas. Ese fue un movimiento que nos ayudó a resistir en esos tiempos oscuros. Un tributo que aparece después de tantos años, una canción que nos gusta mucho, y que es provocadora también, un poco como lo fueron ellos con sus performances, y que Pancho retrata muy bien en la letra.

- ¿Conocieron a Lemebel?
- No, no tuvimos nunca contacto con él. Sólo sabíamos de sus intervenciones, de su postura frente a las situaciones que vivíamos. Siempre tuvimos admiración, pero no tuvimos el gusto de conocerlo. Era un escritor fabuloso.

- Llama la atención el trabajo visual del nuevo disco, desde la carátula, como rememorando los discos de la DICAP, pero también modernizándose y realizando un clip animado.
- ‘Premio de consuelo’ tiene un video de animación increíble, realizado por la productora Pullover Mágico, a cargo de Sergio Iacobelli, gran creativo de animaciones. Nos gusta mucho porque su estética es muy particular, nos sentimos muy representados. Sobre la fotografía, es de nuestro saxofonista Jaime Atenas, que él le sacó a una niña en un cerro de Valparaíso a finales de los 70. Fue curioso, porque cuando la mandamos a imprenta nos dijeron que no les servía, que mandáramos una “sin el granulado, con mejor resolución”. No, si la gracia era que esas fotografías antiguas tienen esa textura análoga.

- ¿Qué más podemos encontrar en “La canción que te debía”?
- Musicalmente, hay unos ritmos que no teníamos en nuestros discos anteriores, como el tango o la baguala. Nos atrevimos hacer varias cosas. En ‘Premio de consuelo’, aparte de tener un acercamiento a la gran poesía de Octavio Paz, la música parte media pop y luego se va desarrollando en una especie de carnaval nortino. En cuanto a las historias, hay varias. Unas muy tiernas, de amor. También, continuamos trabajando con un concepto que nosotros lo hablamos mucho, que es contar las historias de los personajes que pasan desapercibidos, de los actores secundarios de la vida. Los que salen borrosos en la foto. Nosotros tratamos de darle un poco de luz y ponerlos un poco más al centro.

- ¿Esa sensibilidad por los “actores secundarios” es porque ustedes se sienten uno de ellos?
- Absolutamente. Somos actores secundarios en la historia de la música, creo. Y eso no significa no ser importante. Para ser el primer actor, tiene que haber un personaje de carácter que lo sostenga.

- Algo parecido se mencionó en el panel de la FILSA en el lanzamiento de “Los elementos”, primer libro biográfico de Congreso. Y es muy curioso porque no se discute la relevancia que ustedes tienen en nuestra música popular.
- Es curioso, hemos estamos siempre al agüaite, como se dice en el campo. Pero no es una postura impuesta, sino que una manera de vivir con tranquilidad, de no tener la presión de ser los “número 1”, de tener un hit en las radios, ni nada. Nuestra música nace y se desarrolla porque hemos tenido este oficio de ser músico. Además, creo que está la música de entretención, que debe existir, y la otra. Nosotros estamos en la otra, aunque la gente igual se divierte, pero no está pensada de manera que “tenga que romperla”, es más bien música bastante reflexiva, tranquila, honesta. Lo que menos tiene es tratar de provocar euforia artificial.

- Aunque ustedes sí fueron provocadores. Una de las únicas bandas que luego de iniciada la dictadura siguieron en Chile haciendo música.
- Sí, dolorosos momentos. Pero hasta el día de hoy decimos “qué bueno habernos quedado”, a pesar que, tal vez, perdimos todos los contactos y redes en el exterior que los músicos y artistas exiliados sí tuvieron. Pero preferimos quedarnos acá y fue una decisión que tomamos y estamos muy honrados de haberlo hecho. Nos necesitábamos los unos a otros. Los que escuchaban y los que hacíamos música.

- En ese momento, ¿se sintieron parte de la resistencia?
- Éramos, con muchos más. Se tocaba en lugares donde se iba muy clandestinamente a escuchar. Y no era una música que provocaba salir a tirar piedras ni mucho menos, sino que era más bien de contención a la familia, al pueblo, a los jóvenes que éramos parte de esos días mal paridos. Pancho con sus textos maravillosos, labor muy difícil, en donde había que ser cuidadosos, ingeniárselas para decir cosas, porque la vida estaba en peligro. Pero pudimos engañar a los censores, a pesar que igual cantábamos cosas medio evidentes, como en la ‘Cueca del apocalipsis’, donde aludíamos claramente a la Junta Militar, “Varios caballos negros pasan volando / Van levantando noche, niebla y espanto”. Ahora, eran bien idiotas los que censuraban.

- Pese a todo, pudieron anotar un par de temas que ya son himnos.
- Como dice Pancho, siempre hemos perseguido un éxito, y nunca lo hemos conseguido (risas). Siempre en los conciertos jugamos con eso, tocando canciones con ciertos ritmos clásicos como el bolero, y decimos “con esta sí nos hacemos famosos y tocamos en cruceros”, pero son bromas. Al final, uno nunca sabe cómo las canciones penetran en la gente. Por ejemplo, ‘En todas las esquinas’ es una canción que tiene varias partes, tiene solos de piano y de percusión, y uno dice “por dónde va entrar”, pero la gente enganchó altiro, lo tomó como propio, y canta a todo pulmón “¡viva la libertad!”. A veces los temas que uno menos cree tienen su éxito, como ‘El hijo del sol luminoso’, ‘Vuelta y vuelta’, ‘Heroína de Nueva York’, y un par más que se me escapan en este momento... ahora que lo pienso, igual la hicimos (risas). Ahora, es una masividad controlada, no son temas que se canten en un estadio entero, son grandes canciones para la gente que sigue a Congreso, que le gusta la música con cierto riesgo, tal vez.

- En ese sentido, llevándote al terreno musical-compositivo, ¿qué tan cómodo te sientes cuando se vincula la música de Congreso a estilos como la world music o el jazz-rock?
- ¡Hemos sido de todo! Igual, creo que todas esas etiquetas van pasando de moda. Cuando nosotros empezamos hacer música con cierto mestizaje, por llamarlo de alguna manera, no había ningún título para ponernos, era difícil de explicarlo. Después a alguien se le ocurrió “fusión”, y eso solucionó muchos problemas. Ahora, de qué fusión estamos hablando, tampoco lo sabemos, se aplica el término en general nomás. Toda música extraña puede ser fusión. No es un género establecido como el bolero, el mambo, o el rock.

- Sólo te dejas permear por lo que te gusta.
- Absolutamente. Escucho desde vals peruano hasta Wagner. Es todo bienvenido. Y Congreso es un poco eso, una ventana abierta hacia afuera y hacia adentro. Componemos lo que nos va saliendo y con lo que estamos escuchando. Y no sólo folklore, y eso es algo bien importante, muchos nos encasillan celosamente con la raíz folklórica, pero es sólo una parte de nuestro universo musical. Hay otras cosas que no tienen nada que ver con el folklore y no tenemos porqué dejarlas afuera, como el jazz, la música docta, el rock. Yo me emociono tanto con las grandes orquestas como con una tonada con dos instrumentos, y me hago la misma pregunta: ¿cómo pueden hacer esa maravilla? En definitiva, la música es una fuerza muy directa.

- A propósito, conociste a Zalo Reyes a finales de los 70, en la grabación de “La misa de los Andes”. ¿Trabajaron en otras cosas?
- Sí, con mi hermano grabamos con él algunos de sus éxitos más populares, Fernando en la guitarra y yo en la batería, como músicos de sesión. No recuerdo bien los títulos, pero fue donde viene su primer gran hit, ‘Una lágrima en la garganta’ (“Llorando mi pena”, 1979). Zalo es un gran músico, y enganchó con Fernando cuando era director artístico de la EMI nacional.

- Otra grande fue Violeta Parra, a quien le crearon una canción en plena dictadura y cuando había toda una política cultural para silenciar su música. A 100 años de su natalicio, ¿qué recuerdos tienes de esa composición?
- Fue un acto reivindicatorio. Solo dimos la pista que las iniciales de la canción son las mismas que las de Violeta Parra: ‘Volantín de plumas’. La letra es muy simple, habla de una cantora, con una melodía muy tierna, y es lo que yo pensaba, que ella estaba tan afuera en ese momento, que fue como lo que te decía antes, de cantarle a aquellos que la gente no toma muy en cuenta, siendo ella una tremenda artista. Ahora es reconocida, pero en esos años no se sabía nada, sólo existía para un puñado de gente que le teníamos un respeto enorme, pero la sociedad en general no la conocía. Entonces yo hice esta canción para homenajearla, que después de muchos años se supo que estaba dedicada a Violeta.

- No puedo dejar de preguntarte por los 40 años del disco homónimo de Congreso, en donde viene precisamente esa canción. ¿Qué significa para ti ese trabajo?
- Ese es una consecuencia del disco anterior, el “Terra Incógnita” (1975), un disco muy importante para nosotros, accidentado por un lado, pero si sacamos toda esa carga, musicalmente nos da el camino de lo que queríamos hacer musicalmente. Yo venía de un camino bailable con Los Masters, que tocábamos en distintas kermesses y carnavales de Quilpué. Por otro lado estaba el grupo de Pancho, Los Sicodélicos, que eran beat. Entonces, “Terra Incógnita” y “Congreso” marcan rumbos bien importantes, más sólidos. El “Disco Café” tiene composiciones de largo aliento, como ‘Arcoíris de hollín’, una especie de suite y donde usamos una serie de instrumentos que no estaban muy incorporados ni en el rock ni en el folklore (oboe, chello), y con eso abrimos otras puertas.

- ¿En ese momento se sentían una banda de rock, o ya cargaban con una etiqueta más de vanguardia?
- Nuestro circuito donde tocábamos eran rockeros, y nosotros nos sentíamos así. Ahora, los rockeros no nos sentían como una banda de rock. Éramos una banda extraña en donde de repente sonaba la guitarra eléctrica, y de repente un charango, una quena, y nos miraban como diciendo “qué es esto”. Pero para nosotros fue bastante natural. Nunca hicimos grandes reuniones para definir nuestro estilo. Nosotros venimos de una generación sicodélica, con The Doors, Led Zeppelin, The Beatles, Rolling Stones, pero también, justo en ese momento hubo un movimiento muy latinoamericanista, y empiezan a surgir grupos folklóricos jóvenes como Inti Illimani y Quilapayún, asociado también a una consecuencia de vida y de cómo ver el mundo. Entonces, mientras nosotros rockeábamos, en las plazas sonaban quenas y charangos. De esa manera fue muy natural hacer de esos instrumentos parte de nuestra creación.

- ¿Qué hay de todo eso en el disco nuevo?
- Este nuevo disco, primero, nos sentimos muy cómodos, a pesar que hay temas muy poderosos, como ‘A las yeguas del apocalipsis’. Tiene un aroma a estos primeros discos de Congreso, donde el texto es muy importante, donde hay melodías muy pop también, pero por sobre todo, está muy maduro. Nos pilla en una etapa donde no tememos en correr riesgos, y que personalmente lo recomiendo escuchar de corrido los 15 tracks, porque así se escuchaba la música cuando existía el tiempo para escucharla.

César Tudela

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