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50 años de Los Jaivas: Desde el centro de la tierra hacia el universo

50 años de Los Jaivas: Desde el centro de la tierra hacia el universo

Entrevista con Mario Mutis
50 años de Los Jaivas: Desde el centro de la tierra hacia el universo

 

Era necesaria una conversación en profundidad, con uno de los dos miembros originales, que aún son parte de Los Jaivas, para excavar en la significación de estos 50 años de trayectoria de la que es, sin duda, una de las bandas más relevantes de toda la tradición de la música nacional.

 

El histórico bajista Mario Mutis, nos recibió en su oficina ubicada en Ñuñoa, para mantener una plática relajada y extensa, sobre las diversas aristas de estas cinco décadas de creación, pero también, de viajes, discos, tragedias, alegrías y de una obra que, con el paso del tiempo, no ha hecho más que crecer y encumbrarse como un verdadero paradigma de persistencia artística y consecuencia espiritual.

 

Aquí las palabras de uno de los forjadores del sonido de una banda cardinal de la cultura chilena.

 

*Esta entrevista fue hecha días antes que se abriera la exposición de Los Jaivas en el Museo Nacional de Bellas Artes y fue publicada, originalmente, en la revista Rockaxis #125.  

 


Hola Mario, gracias por recibirnos ¿Cuál dirías que es la trascendencia y el sentido profundo de estos 50 años de celebración? ¿Qué nos puedes comentar del sentimiento y de las expectativas de todos estos festejos que están llevando a cabo?


“Estamos cumpliendo 50 años y obviamente, es un hito como lo sería para cualquier banda. Incluso para una persona, festejar cinco décadas, es un tremendo pedazo de vida. En 50 años está todo definido, oleado y sacramentado, ya se hizo lo que se quería hacer, se desarrolló lo que queríamos crear, se forjó un camino, un destino, un sistema, un entorno y ya sabes lo que deseas en este mundo. Eso en el caso de cumplir 50 años para cualquier persona o institución. En el caso de Los Jaivas, lo que queremos lograr con estas actividades de celebración, es fundamentalmente agradecer a la gente. Nosotros existimos y seguimos existiendo, gracias a la compañía, el cariño y el apoyo de la gente, en los momentos difíciles. Cuando murió Gato, cuando falleció Gabriel o cuando nos han pasado cosas realmente terribles en nuestra historia y hemos estado a punto de renunciar. Se cierran los caminos, las puertas, se oscurece todo y no se sabe cómo solucionar o cómo superar hechos tan graves como los que nos han sucedido. Pero es en esos instantes, justamente, cuando ha aparecido el cariño de las personas. La gente común y corriente que pasa por la calle, que te saluda, te abraza y llora contigo.

 

 

Te dicen que han escuchado Los Jaivas toda la vida y que para ellos, es necesario que nosotros sigamos tocando y nos mantengamos activos. Todos esos son elementos que nos dan la energía y la fuerza para seguir adelante. Creo que esto último, ha sido fundamental en la historia de Los Jaivas, para haber logrado cumplir tanto tiempo juntos. Así que todas las actividades que estamos llevando a cabo, son una manera de agradecer a la gente que nos ha apoyado, que nos ha seguido, de corresponder ese cariño con cosas concretas y tangibles. La mayoría de las actividades, dentro de lo que se pueda, serán de manera gratuita. Entre ellas, creo que una de las más importantes, es la exposición que está montada en el Museo Nacional de Bellas Artes, durante todo el mes de agosto”.

 

¿Cómo estuvieron los conciertos en el Teatro Municipal? ¿Qué opinas de que se abran estos espacios a la música popular? ¿Cómo se sintieron en ese lugar?

 

“Es algo maravilloso. Siempre es positivo y es bienvenido para todo el mundo, para los músicos, para el público, que se rompan muros, se abran fronteras y se eliminen diferencias y líneas divisorias. Esa idea ha sido nuestra tarea durante toda la vida. Así que llegar a tocar al Teatro Municipal fue un hito importante y representa una dignificación de la música popular chilena. Además, no se trata únicamente de Los Jaivas, sino que de una apertura para que muchos otros músicos, puedan hacer lo mismo y eliminar esa barrera, entre lo docto o elitista y lo popular.

 

De hecho, siguiendo con el tema de abrir espacios públicos, el 15 de agosto, que es feriado, haremos un concierto de cumpleaños en el frontis del Bellas Artes, que va a durar de las tres de la tarde hasta las ocho de la noche. Vamos a tener a grupos históricos invitados. Por ejemplo, Inti-Illimani, Isabel Parra y, en general, bandas que han llevado, en algún sentido, una vida artística y una historia paralela a la de Los Jaivas. Somos todos artistas que hemos desarrollado una música que no es comercial, sino que tiene que ver más con la identidad y con la cultura. La idea es hacer un concierto gratuito, que refleje estos 50 años de historia”.

 

Ya han pasado 10 años de la muerte de Gato Alquinta, ¿Cómo ha sido esta etapa para el grupo? ¿Cuánto se sigue extrañando a Gato en la banda y qué es lo que te sigue diciendo desde donde esté o al menos en tu memoria? ¿De qué manera se siente todavía la presencia del Gato en Los Jaivas?

 

“La presencia del Gato y también de Gabriel, son inherentes a Los Jaivas. Es decir, nunca van a dejar de estar ahí. No existe necesidad de pasarlos por el cerebro y pensar en acordarse del Gato, sino que está ahí, en la música. Cuando, por ejemplo, yo canto un tema que cantaba Gato, estoy con plena conciencia que esa canción la interpretaba originalmente el Gato y no yo. Tengo plena conciencia que lo estoy cantando porque él murió, una cuestión así de fuerte, así de violenta. Lo mismo Juanita Parra, cuando está tocando batería, ella sabe perfectamente que está ejecutando, lo que creó su padre como lenguaje musical y percusional. Entonces, es imposible abstraerse de aquello. Ellos están ahí y existen cada vez que tocamos. El pilar de la obra de Jaivas, surge de sus cinco fundadores que crearon un lenguaje musical específico”.

 

Justamente te quería preguntar sobre aquello. ¿Piensas que Los Jaivas podrían mantenerse sin que exista en sus filas, ninguno de sus miembros originales? Una especie de banda familiar, que siga a través de generaciones. ¿O ya sin ti y Claudio Parra Los Jaivas se acabarían?

 

“Desde que muró el Gato, lo que estamos haciendo es interpretar a Los Jaivas y creo que somos el grupo que mejor lo hace (risas). Existen, claro está, otros grupos que pueden recrear nuestra música, pero es muy distinto crear música como lo hacíamos nosotros. Ese es un tema diferente y, obviamente, si no están los fundadores, es casi imposible crear una música que tenga el ADN de Los Jaivas”.

 

“Somos nosotros, estamos vivos”

 

 

Con respecto a eso, ¿no han pensado en grabar material nuevo? Sé que ahora es el momento de celebrar una obra de 50 años, pero para después, ¿lo han conversado entre ustedes en la banda? ¿Cuál es la predisposición y el ánimo que existe en ese sentido?

 

“En este último tiempo, se ha hecho bastante difícil para nosotros el tema creativo, porque los cinco miembros originarios de Los Jaivas, son los que generaron el lenguaje, son los que crearon el sistema, son los que forjaron la música, son los que plasmaron todo lo que hicimos. En la medida que fue desapareciendo ese cuerpo integral, ese cuerpo que funcionaba sincrónicamente para crear, se fue desmembrando también, el centro y la lógica creativa de la agrupación. Hoy en día, no contar con Gabriel en la batería, no contar con Gato en la voz, la guitarra, la composición, no contar con Eduardo Parra, que vive en París, hace muy difícil crear en esas circunstancias. Es muy complicado, porque es como si tú estás acostumbrado a correr una carrera de cinco mil metros y de repente te cortan una pierna. Entonces, claro, podrías recorrer los mismos cinco mil metros, pero en vez de demorarte diez minutos, lo harías en dos horas.

 

Eso es lo que no está pasando. Nos estamos demorando mucho más de lo que creíamos, en poder retomar una línea creativa. No quiere decir que no esté pasando, pero se ha demorado demasiado por distintas circunstancias. Una de ellas, es la velocidad y el ajetreo de la vida actual. Para crear música, uno se tiene que ir, como cuando hicimos el álbum “Mamalluca”: un par de meses al Valle del Elqui y estar ahí tranquilos para poder inspirarse y crear. Ese tiempo es hoy en día cada vez más difícil de tener y de financiar, por lo demás. Sin embargo, tenemos muchísimas ideas musicales. Hay temas que están esperando hace mucho rato, como las leyes en el Congreso, por ejemplo (risas). Pero esperamos que en algún momento, cuando pase esta vorágine de los 50 años, podamos tomarlas con mayor calma y desarrollarla”.

 

 

¿Qué nos puedes comentar de la reacción de la gente o cómo veías que recibían la música de Los Jaivas en el extranjero? ¿Cómo crees que el mensaje musical de la banda llega o se entiende por personas de otras culturas? ¿Cómo vez la universalidad de la música de ustedes?

 

“Bueno, tu sabes, nosotros vivimos en varios países a lo largo de nuestra historia. En Francia, en Argentina y hemos tocado en todos los países de América Latina, en muchas naciones de Europa, en Estados Unidos, en Australia. Estuvimos, por ejemplo, en el Carnegie Hall de Nueva York. Lo que te quiero decir, es que hemos estado en contacto con culturas muy distintas y muy lejanas. Hicimos una gira grande, de 30 conciertos, por la ex Unión Soviética, estuvimos en China en 2009 tocando para el pueblo chino, es decir, para el tipo común y corriente. No tenían ni la más remota idea, ni siquiera donde estaba Chile. Así que hemos tenido harta experiencia en el contacto con culturas distintas, con pueblos diversos y muy distantes. En esas instancias, apelamos a la emoción que produce la música. No estamos preocupados de la técnica ni de las líricas, porque claro, las letras en español, cantadas a una audiencia china, no tienen mucho sentido.

 

Cuando estamos en esas situaciones, apostamos por las imágenes musicales. Una vez, estábamos tocando en Alemania y llegó al camarín una familia de ese país y el padre, por supuesto hablando en inglés, nos dice que él nunca había estado en Sudamérica y menos en Chile, pero que a través de la música, fue capaz de ver los paisajes, la cordillera de Los Andes majestuosa, el desierto; se imaginó la inmensidad del mar. Eso lo emocionó, porque la música lograba transportarlo a esos paisajes. Escuchó a los pueblos originarios, por medios de las trutrucas, el kultrún, se imaginaba a los indios bailando, sus ceremonias y todo lo que alguna vez había leído sobre Chile, lo juntó con el sonido que había recibido. Para él, era como un documental que le estábamos dando.

 

Y ese es uno de los objetivos de la música, cuando sale al extranjero: mostrar lo que es nuestro continente, lo que significa nuestra identidad, nuestra fuerza, voz y energía. Es decir, somos nosotros, estamos vivos. En Europa, por ejemplo, tienen una historia milenaria, pero nosotros también podemos demostrar que tenemos nuestra propia historia, que es tan válida como la de ellos. Tenemos pueblos originarios, tenemos paisajes”.

 

 

Sin compromisos

 

En estos 50 años, ¿cuál crees que es el legado esencial que ha dejado y que sigue dejando Los Jaivas en Chile? Te lo pregunto por lo musical, por un lado, pero también, por tu percepción sobre el sentir popular.

 

“Lo que te puedo decir, es que tenemos una complicidad con el público general, que se da cuenta que nosotros no somos representantes ni de la derecha ni de la izquierda, ni de los ricos ni de los pobres, ni de los viejos ni de los jóvenes. Somos chilenos comunes y corrientes, igual que el compadre que va cruzando la esquina. Creo que por eso tenemos esa complicidad. Tenemos la libertad absoluta de decir, de criticar o de opinar lo que queramos, sobre el tema que queramos, sin ningún compromiso. En ese sentido, la gente se identifica con nosotros, porque se siente conectado como cualquier chileno, que no tiene ataduras, que no tiene que rendirle cuentas a nadie. Nosotros podemos ir a tocar a Barack Obama, donde los chinos o en Australia o protestar contra la ley 20.000 o ir a la Araucanía, tocar con los Mapuches y bailar con ellos frente a una fogata. No tenemos ningún problema porque no tenemos compromisos con nadie. De ahí surge yo creo, la complicidad fundamental con el pueblo chileno.

 

El otro elemento, es que nos hemos mantenido fieles a nuestra música, que la mostramos a quien quiera escucharla y que tiene una fuerza, una identidad, un corazón y un sentido. Y eso no se compra ni se vende en ninguna farmacia ni en ningún supermercado. Se tiene o no se tiene. Por supuesto que también la gente se identifica con nosotros por las canciones, sobre todo con las más emblemáticas. Nuestra música está hecha como expresión artística. Eso es fundamental. En general, cualquier persona que cree cosas, pintura, fotografía, cine, literatura, lo que sea, en la mayoría de los casos, hay atrás una motivación estética. Uno no está pensando, como algunos lo hacen, qué hacer para vender más discos, cómo voy a ganar más plata o hacerme más famoso. Si nosotros ganamos plata alguna vez con la música, es porque primero hicimos la música. Lo otro viene después y nos permite pagar las cuentas y los colegios. Es una consecuencia de una labor artística, no del cálculo de pérdidas o ganancias”.

 

Claro, eso se refleja en la obra de ustedes…

 

“Una de las recomendaciones que yo hago a los músicos jóvenes o emergentes, que preguntan como por una indicación o receta mágica, es que tienen que tratar de hacer lo mejor del mundo, de forma honesta y pensando que es su propia expresión; de su persona, su identidad, de su formación. Uno pertenece a un lugar del planeta y tiene ciertos compromisos de representatividad, en relación a la gente. No por la fama o la plata. A nosotros nos ha ido muy bien y nos ha ido muy mal también, pero el grupo persiste, porque el fin es hacer música, es expresarse”.

 

La diversidad: Un patrimonio de todos

 

 

¿Cuál es tu apreciación sobre la influencia de Los Jaivas en la música actual? Diría que el respeto es transversal por la obra de ustedes. Bandas de metal, punk, progresivo, pop-rock, electrónica, han manifestado la influencia de Los Jaivas, teniendo en cuenta que, muchas veces, son grupos muy cerrados en sus nichos, en sus públicos. Sin embargo, hay un respeto común por la música de ustedes.

 

“Es como la vuelta atrás, porque cuando comenzamos a tocar, estaban muy definidos, digamos, los cajones de cada una de las tendencias musicales. Estaba lo popular, lo romántico; estaban los cumbiancheros que tocaban cha cha cha, cumbia o cosas así; las orquestas, las sonoras. Estaba el rock, el rock pesado, no sé, el rock con apellidos; estaba el folklore. Entonces, todo estaba muy bien encajonado, muy separadito, muy ordenadito, muy bien peinadito. Y nosotros, justamente, empezamos a derribar murallas, para que las líneas divisorias, se fueran volviendo, de alguna manera, más difusas.

 

En Argentina, cuando llegamos allá por primera vez, el año 73, estaban los jazzistas, estaban los folkloristas, los roqueros, los del tango, cada uno por su lado y no se mezclaban. Nosotros llegamos con una propuesta distinta, que hoy en día se llama fusión. Incorporamos elementos de pueblos originarios, charangos, cuatros del folklore venezolano, trutrukas, kultrunes: un montón de instrumentos y sonoridades, que apelaban a nuestra identidad como comunidad latinoamericana. En un primer momento, los argentinos nos rechazaron. Decían, estos tipos son folkloristas, pero no son tan folklóricos y, por otro lado, los folkloristas nos miraban con recelo porque no éramos folk puro. Lo jazzistas decían, sí, algo tocan, pero con esa cuestión del charango, no me gusta para nada. Cosas de ese tipo.

 

 

Estuvimos varios años allá y, de algún modo, logramos difuminar esas tendencias tan marcadas, tan precisas. Después que nos fuimos, la mayoría de las bandas en Argentina, habían incluido nuevas sonoridades o ritmos de 6/8 en sus repertorios, en sus creaciones musicales. En ese sentido, creo que algo hicimos para eliminar esas barreras tan divisorias, que existían antes. Entonces, lo que pasa ahora, también pasaba en los años 70. Es verdad que los grupos se han ido especializando en tal o cual estilo, pero también, si tú escuchas bien, hay proyectos de electrónica que incorporan ritmos poco convencionales o danza incaica o andina; sonoridades que están presentes en una corriente tan cerrada como la electrónica, pero que, de repente, vez como burbujas o flores, que aparecen dentro de esa música que, quieran o no, pertenece a un ámbito más amplio. Nosotros siempre propugnamos porque la diversidad, fuera patrimonio de todos”.

 

  

 

En octubre, varios bateristas chilenos, harán un tributo a Gabriel Parra y su influencia en la música chilena y latinoamericana. A 25 años de su muerte y en este año tan significativo para el grupo ¿Qué reflexión podrías hacer sobre Gabriel y su trascendencia como baterista y músico?

 

“Gabriel es un personaje fundamental en la historia de la música de Los Jaivas. Sin  Gabriel, no habría existido la banda. Así de simple. Era un percusionista realmente extraordinario, con un don del tempo, un manejo de la batería. Él fue quien creó o, al menos, el que adaptó y filtró, todos los sonidos latinoamericanos, desde los trotes hasta los malambos y los transportó y desarrolló en una batería. Tu escuchas el ritmo tradicional y está incólume, ‘es’ el ritmo, pero expresado en una batería gigantesca. Sin la presencia de Gabriel, sin esa fuerza telúrica que agarraba de la tierra y la sacaba por los tambores, no podríamos haber existido. Era fundamental, porque lo que te engancha a esa raíz era el ritmo, te daba la posibilidad, al escuchar su ejecución, de llevarte hasta el cielo con un redoble. No sé, era una cosa mágica que logró Gabriel y que no he escuchado en ningún otro baterista. Esa conexión con el público de tal magnitud, sólo la he visto en el lenguaje musical de Gabriel”.

 

Eso ya se percibe en “La Vorágine”, es decir, bien temprano en la historia de Los Jaivas…

 

“Claro, en ‘La Vorágine’, está el ABC del lenguaje del grupo. Es una radiografía de la música, que estábamos haciendo en ese momento. La premisa era que cualquier cosa u objeto podía producir música. Si te pones a escuchar la grabación de esos conciertos, uno empieza a descubrir sonidos y lenguajes musicales. Por ejemplo, más adelante, en “Todos Juntos”, fue la primera vez que usamos el bajo eléctrico junto al charango, más un acompañamiento rítmico de Gabriel. Lo que hicimos fue unir el instrumento más grave de frecuencia con el de frecuencia más aguda, lo que en un principio, molestaba, porque no se creaban armonías, como se generan, tocando, por ejemplo, un piano con una guitarra, que tienen una extensión parecida. En el caso del charango y el bajo, ocupamos todo la gama, sin ninguna interferencia y sonaba maravilloso. Ese fue un descubrimiento que, hasta el día de hoy, aparece en nuestra música”.  

 

 

¿Qué análisis podrías hacer de los distintos álbumes de Los Jaivas y cuál dirías que es el desarrollo musical y estético que se puede encontrar en ellos?

 

“Cada uno de los discos de Los Jaivas, es el reflejo de una cosa distinta. Ningún álbum es igual al otro. Ni siquiera se parecen, pese a que si uno escucha toda la discografía de Los Jaivas, hay un cierto leitmotiv. Puedes escuchar una canción en la radio y te das cuenta de inmediato que son Los Jaivas. No hay otro grupo que suene como nosotros y eso, ya es algo tremendamente importante.

 

Pero cada LP es muy distinto, porque siempre estuvimos experimentando. Por ejemplo, si pensamos en “Obras de Violeta Parra”, son canciones de ella y están compuestas originalmente de una manera muy simple. Ella cantando con una guitarra, un cuatro o, incluso, con un kultrún, tocándolo con los dedos. Nosotros consideramos que la Violeta nos ‘prestó’ esa música tan emotiva, tan enraizada a la tierra, para que la agarráramos, desarrolláramos y, a partir de ahí, hicimos una recreación sobre la creación de Violeta.

 

Sin embargo, en ‘Las Alturas de Machu Picchu’, había imágenes y ritmos poéticas, que los tomamos, lo juntamos con Machu Picchu, que es la piedra angular de la cultura andina. Desde aquello, lo que hicimos fue crear la música y juntamos los tres elementos: la poesía de Neruda, Machu Picchu como lugar mítico y la música. Lo interesante es que de eso tres elementos juntos, sale una cosa distinta, novedosa, importante.  

 

Ahora, ‘Mamalluca’ es una obra sinfónica coral, es otro cuento, son otros instrumentos, son otros desarrollos y lenguajes musicales. Pero si juntas todos los discos, ‘Machu Picchu’, ‘Violeta…’, ‘Mamalluca’ y los otros discos de Los Jaivas, encuentras que hay elementos comunes y eso, en definitiva, es lo que se llama identidad. No tan solo de Los Jaivas, sino que de nuestro pueblo, nuestras raíces de nuestro continente. Todos los discos tienen su historia, tienen su valor, tienen su fuerza, tienen su momento”.  

 

Miles de gracias por tu tiempo y por la extensa entrevista Mario. Muchas suerte en estas celebraciones y que cumplan 50 años más.

 

Héctor Aravena A.-

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