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Joy Of A Toy

Joy Of A Toy

Joy Of A Toy

Lunes 05 Diciembre, 2011
1969. Harvest.

En 1968, un trío de jóvenes ingleses edita un disco de debut que, a punta de creatividad y gran talento adquirió con el tiempo un estatus de clásico ineludible de la psicodelia, y para promocionarlo se embarcaron en un tour por los Estados Unidos nada más y nada menos que como teloneros de Jimi Hendrix. Fue el inicio de la carrera a gran escala de Soft Machine, una de las bandas más entrañables que haya surgido en Inglaterra durante la segunda mitad de los ’60.

Pero no todo fueron luces: al finalizar la gira, uno de los miembros de la banda, que había quedado marcado con la vida idílica y relajada de los lugares tropicales tras pasar su infancia en Malasia, decide que los vuelos, los hoteles y los grandes escenarios no son para él, y se retira del grupo para irse con un antiguo compañero de música y parrandas a vagar por Mallorca.

Kevin Ayers durante toda su carrera se ha caracterizado por esos vuelcos inexplicables cuando el éxito se le acerca. De ese vagabundear junto a Daevid Allen por las Baleares fueron saliendo algunas ideas que dieron forma a canciones. Entonces, cuando fue contactado por el naciente sello Harvest, en 1969 y por recomendación de Syd Barrett, ya tenía suficiente material para hacer un disco.

Mientras los Soft Machine, ahora con Hugh Hopper en el bajo, comenzaban a evolucionar a un sonido más cercano al jazz rock, ganando en virtuosismo instrumental sin perder psicodelia, Ayers viajaba hacia la simpleza, el folk y canciones suaves, relajadas, llenas de luz y colores. Eso fue lo que se plasmó en su debut solista, “Joy Of A Toy”, un disco entrañable donde hay elegancia, colores, psicodelia, experimentación y gotitas de muy sana locura.

En esto fue fundamental su asociación creativa con el que entonces era uno de los más promisorios jóvenes compositores doctos de Inglaterra, David Bedford, que salpicó al álbum de interesantes arreglos y orquestaciones, enriqueciendo el trabajo compositivo que Ayers hacía con su voz y una guitarra acústica.

‘Joy Of A Toy Continued’ es el tema que abre el disco. Si bien toma el título de un pequeño instrumental de transición que aparece en el primer disco de los Softs, es poca la relación entre ambos temas, pues tenemos acá una alegre cantinela que parece sacada de un desfile circense, con una pegajosa melodía cantada por varias voces y reforzada por un cuerpo de vientos, una asertiva línea de bajo y un travieso flautín que redondea el mencionado aire circense de esta composición.

En ‘Town Feeling’, la alegría del comienzo da paso a una canción mucho más reflexiva, que comienza con un delicado diálogo entre vientos y cuerdas para dar espacio a una canción de guitarra acústica y piano donde sale a relucir por primera vez la aterciopelada y profunda voz de Ayers, en un tema lleno de belleza, melancolía y elegancia. Luego de una estrofa donde la guitarra y el piano dibujan trazos muy lennonianos, aparece un cambio al inicio inesperado, que  luego comienza a repetirse hasta desvanecerse, siendo vehículo para bellos solos de oboe. Las sutiles y traviesas locuras vuelven nuevamente en ‘The Clarietta Rag’, otro corte muy alegre y pegajoso, donde un mellotron muy inquieto juguetea bajo la voz y en la sección de solo se combinan un trombón con un chillón punteo de guitarra con fuzz.

‘Girl On A Swing’ es otro remanso de sicodélica quietud, un tema bellísimo donde David Bedford superpone delicadamente varias capas de teclados (piano, harpsichord, mellotron) con una guitarra tremolada y un bello trabajo de armonías vocales, además de unas cintas al revés poco antes del final. En el corte siguiente ‘Song For Insane Times’, se adivinan inmediatamente las sonoridades características de Soft Machine, esto gracias a la participación de Mike Ratledge en el piano y el órgano Lowrey, Hugh Hopper en bajo y Robert Wyatt a la batería. Esto sumado a la exquisita voz grave de Ayers confluye en un tema de elegancia cabal.

Tras pasar la primera mitad del álbum, aparece la extravagante ‘Stop This Train (Again Doing It)’, un tema lleno de trucos de estudio, que hoy ya son clichés pero en la época no, como un efecto de teléfono en la voz y grabaciones en cinta manipuladas para bajarles o subirles la velocidad, dando el efecto de locomotora que constituye el principal motivo de esta canción. Todos estos trucos después son coronados por un demencial solo de órgano ruidoso al inconfundible estilo de Mike Ratledge. ‘Eleanor’s Cake (Which Ate Her)’ es otra bellísima y muy sutil balada, donde la bucólica melodía de guitarra acústica es realzada por etéreos solos de flauta, mientras una armonía vocal canta un hermoso coro: “no estés triste y deprimida, mira otra vez alrededor, quizás encuentres lo que perdiste”.

Tras ese momento angelical aparece otra balada fenomenal, pero más oscura y melancólica, como es ‘Lady Rachel’. Uno de los temas más memorables de un álbum muy parejo, ‘Lady Rachel’ toca el alma con su profunda y bella simpleza. Tras ese gran momento, es el turno para la última gran extravagancia del álbum. ‘Oleh Oleh Bandu Bangdong’  es una marcha de repetitiva base sobre la cual se van superponiendo solos atonales de vientos y un coro mántrico en malayo cantado por dos voces femeninas. El desfile surrealista de este tema da paso a la muy folk ‘All This Crazy Gift Of Time’ donde Ayers con una guitarra acústica y una armónica se disfraza de Bob Dylan y entrega un tema entrañable para dar cierre a esta imperecedera aventura que es “Joy Of A Toy”.

Pese a no ser un artista de los más “vendedores”, a Kevin Ayers siempre se le ha reconocido por su gran talento e imaginación. Discos posteriores como el gran “Shooting At The Moon” (1970), “Whatevershebringwesing” (1971) o “Bananamour” (1973) ayudaron en gran medida a tejer esta reputación, independiente del inexplicable tiempo de total silencio que pasó por muchos años en los 90 y los 00, antes de volver en 2008 con otro disco que fue una total y agradable sorpresa para fans y críticos, como es el muy recomendable  “Unfairground”.

Al igual que en los casos de sus antiguos compañeros Daevid Allen y Robert Wyatt, la carrera de Kevin Ayers es una luz de brillo muy particular en el rock inglés, y “Joy Of A Toy”, constituye un exquisito bocado introductorio a un viaje muy placentero.

Pedro Ogrodnik C.

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