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Hatfield & The North

Hatfield & The North

Hatfield & The North

Jueves 30 Junio, 2011
1973. Virgin
 
Quizás este disco es el que define mejor al movimiento de rock de Canterbury en su fase más elaborada, fina y compleja. Pese a su corta historia y los dos trabajos que editaron (ambos, imprescindibles obras maestras de la mencionada escena), Hatfield and The North es reconocida por algunos seguidores y estudiosos como la superbanda de este subgénero, formada por cuatro músicos de reconocida trayectoria hasta ese momento: Pip Pyle venía de tocar en Delivery y los Gong que parieron el genial “Camembert Electrique”, el guitarrista Phil Miller (amigo de Pyle desde la infancia) también se inició en Delivery y luego compartió junto a Robert Wyatt en el esencial proyecto Matching Mole, Dave Stewart –motor musical del cuarteto-, era el tecladista de otra gran banda como era Egg, mientras que Richard Sinclair (bajo y voz) venía de la raíz más profunda del Canterbury, puesto que era miembro fundador de The Wilde Flowers y Caravan, cuyo álbum más recordado, el “In The Land Of Grey and Pink”, debe mucho a su talento y genialidad.
 
Este proyecto nació a fines de 1972 como una nueva encarnación de Delivery, pero la  llegada de Stewart –en reemplazo del miembro original considerado para los teclados, David Sinclair- cambió radicalmente las cosas en el plano musical y los miembros se dieron cuenta que este proyecto debía representar a otra entidad, completamente nueva.
 
En líneas muy gruesas se podría definir el sonido del disco debut de Hatfield and The North –que tomó el nombre de un letrero vial ubicado en las afueras de Londres- como un único e irrepetible híbrido más complejo y sofisticado entre Caravan (el ánimo), Egg (la musicalidad) y Matching Mole (la improvisación), con la estructura de canciones cortas concatenadas del segundo disco de Soft Machine. Esa apreciación preliminar cede a otras más acabadas cuando uno se internaliza en un trabajo dotado de gran belleza, sensaciones etéreas y arte compositivo, con una  dinámica muy cambiante, producto de la búsqueda musical y el inconformismo, parámetros que esta banda llevó al extremo y que son rasgos distintivos del sonido Canterbury.
 
En los quince temas que dan forma a este LP encontramos complejidad en la estructura de acordes, ritmos sincopados y arreglos lúdicos para los instrumentos y las voces. Sería interminable y caótico irse en un análisis taxidérmico tema por tema, puesto que hay demasiado donde adentrarse. Además, al ser escuchado, el disco da la sensación que constar de un solo gran tema que pasa por diferentes momentos, emociones y lugares musicales. Es, sin duda, una de las obras maestras del Canterbury en lo que respecta a composición, pues lo intrincado de ciertos paisajes nunca va despojado de un manto de belleza, elegancia y sutileza que hace el todo dulce y amigable, y esta apreciación gana en intensidad con las escasas letras que toman lugar en el disco, en las cuales hay mucho humor, sinsentido e ironía blanca donde el objeto de burla eran ellos mismos, en cierta forma bajándole el perfil a lo que estaban pariendo.
 
Un repaso de los mejores momentos del disco debería incluir la lluvia de notas de piano eléctrico que abre y cierra el disco bajo el rótulo ‘The Stubbs Effect’; el cálido saludo cantado de Richard Sinclair en ‘Big Jobs’; el juguetón e intrincado nexo instrumental de ‘Going up to People and Tinkling’; los característicos juegos vocales de un invitado y sobresaliente Robert Wyatt en la onírica y levitante ‘Calyx’; la musicalidad desbordante, refinada, y la celestial armonía de voces femeninas de la esencial y larga ‘There´s no Place like Homerton’; la simbiosis vocal-guitarrística de ‘Aigrette’; los adrenalínicos solos de guitarra y teclado sobre una base “inseguible” y potente –al más puro estilo del Zappa de los primeros ’70- en ‘Rifferama’; el desprejuiciado sinsentido de ‘Fol de Rol’, el viaje espacial al planeta Gong del extenso ‘Shaving Is Boring’, la maravillosa quietud con resabios caravanescos de ‘Licks For the Ladies’, ‘Bossa Nochance’ y la segunda parte de ‘Big Jobs’; para terminar con la resolución en ‘Lobster in Cleavage Probe’, con otro coro femenino de ensueño, y la culminación con la banda a toda máquina en ‘Gigantic Land Crabs in Earth Takeover Bid’.
 
Pero aún así quedarse en eso no sería justo, pues debe recalcarse el gran trabajo que hacen los cuatro miembros de la banda: Pip Pyle toca la batería de un modo refinado, técnico y de gran sensibilidad, más cercano a Bill Bruford que al estilo impredecible, volcánico y pleno de fuerza de Robert Wyatt; el flaco Richard Sinclair domina el bajo con una técnica compacta, limpia y ajustada, y aporta letras de humor inocentón con una serena y distintiva voz en su mejor momento, puesto que a sus usuales ánimos excéntricamente románticos añade scat y virtuosismo jazzero; Phil Miller entrega dos muy buenas composiciones (‘Calyx’ y ‘Aigrette’), y toca con un estilo completo, disonante, inquieto y visceral que ha hecho merecida su reputación de “EL guitarrista del Canterbury”, y Dave Stewart está genial e inspirado, componiendo la mayor parte del disco y regalando toda su fineza en mágicas partes para piano eléctrico, órgano ruidoso –quizás la sonoridad más típicamente canterburiana- y sintetizador. Los invitados también entregan lo mejor de sí: tenemos al ya mencionado Wyatt, a las “Northettes”, trío de voces femeninas comandado por Amanda Parsons, que elevan la música a un nivel angelical alcanzando a veces agudos imposibles, siempre con suavidad y femenina delicadeza, y los vientos (saxos y flauta), de breves y oportunas apariciones, aportados por el en ese momento integrante con un pie afuera de Henry Cow, Geoff Leigh.
 
La versión en CD incluye dos bonus tracks que corresponden al single que la banda editó a comienzos de 1974, compuesto por el tema cantado de Sinclair y Pyle, ‘Let’s Eat (Real Soon)’, muy amable y musicalmente más asequible considerando el tenor del álbum, y la notable canción de Pyle, ‘Fitter Stoke has a Bath’ (si me perdonan la patudez, mi tema favorito de H&TN), donde con maestría se comprimen muchos estados de ánimo y elementos presentes en el disco, en una versión más corta, pero superior a la registrada en el otro álbum de esta banda, el también excelente pero algo menos cálido “The Rotters’ Club” de 1975.
 
Luego del lanzamiento del disco, los últimos meses del 73, la banda tocó mucho en vivo, desgastándose un poco las relaciones, y dos años después saldría el mencionado “The Rotters’ Club”, que sería como una suerte de testamento, puesto que el cuarteto se separó poco tiempo después. Richard Sinclair volvió por un breve tiempo a Caravan, pero se integraría a fines del 76 a Camel, con los que grabó “Rain Dances”, el menor “Breathless” y parte del en vivo “A Live Record”, mientras que los tres miembros restantes, tras un receso, dieron forma al último eslabón del Canterbury en los 70, National Health, junto al ex Gilgamesh Neil Murray en el bajo –posteriormente bajista de Whitesnake y Black Sabbath, en un giro estilístico notable por su extrañeza- y los usuales invitados. Como postal del gran momento creativo del rock de vanguardia en los ’70 quedó Hatfield and The North, que con su inimitable sonido configuró un acto relevante no sólo para el Canterbury, sino que también para el jazz-rock eléctrico y para el progresivo. Su primer disco muestra a una banda de ánimos cristalinos y música enormemente arriesgada y bella, que limpia el alma con cada pasada. Enorme.
 
Pedro Ogrodnik C.

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