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Gepinto

Gepinto

Gepinto

Jueves 18 Agosto, 2005
2005. Quemasucabeza
 
Rescatando los sonidos folklóricos para las nuevas generaciones y actualizándolos con una sensibilidad pop de gran vuelo, el cantante, guitarrista y compositor nacional Gepe, alias de Daniel Riveros, sorprende –y remece- al ambiente musical chileno con estas 13 canciones llenas de alma, sobriedad y elegancia. Melodías inteligentes y conmovedoras con letras siempre ingeniosas, conforman este álbum esencialmente acústico que se pasea por las tonadas, las cuecas y los ritmos folklóricos, pero con arreglos espontáneamente heredados de grupo del rock alternativo y el post rock. He ahí la renovación musical que propone Gepe, y que más allá de cualquier consideración histórica o estilística, emociona por su cruda belleza y esa honestidad folk, que tanto cuesta encontrar en estos días.
 
Es en este contexto que cabe la reflexión que no me canso de hacer. Si la música de Gepe es original, es justamente porque, según lo veo, es una continuación y renovación de lo más puro de la música chilena. “Gepinto” es un disco de avanzada, más que cualquiera de los grupos que se hacen llamar independientes, porque es DE-pendiente de una tradición. De ahí su valor y riqueza. La categorización de “rock independiente” es a lo menos peligrosa y se presta a confusiones y esnobismos, por lo que me niego a calificar a Gepe con ese rótulo, que en definitiva, nos dice poco y nada de alguien, que al contrario, tiene mucho que enseñarnos en el contexto de la renovación de la canción de autor.
 
De este modo, el emotivo recorrido de “Gepinto”, comienza con “La Enfermedad de los Ojos”, tema donde de inmediato llama la atención una melodía muy a lo Violeta Parra, pero con la característica voz nasal de Gepe y las percusiones como un elemento central. “Que la vida se hace tiras/cuando menos se lo piense” dice Gepe entremedio, demostrando que no sólo ha heredado, tomado para sí y actualizado, los aspectos musicales del folklore, sino que también las formas lingüísticas. Pero si este primer tema se entronca muy fuerte en el inmenso corazón de Violeta, en el segundo, llamado “Nunca Mucho”, el cantante se acerca más a los recursos experimentales de bandas anglosajonas, con un detallado trabajo sónico, donde lo ruidoso, que en todo caso, está lejos de ser protagónico o estridente,  es siempre un complemento para lo fundamental: una melodía enigmática y profunda.
 
Volviendo al folklore con el charango y la guitarra acústica como protagonistas, “Multiplicación” es un tema lúdico y entretenido, con dos minutos de cueca revitalizándose en el corazón de Gepe. Esta sirve de introducción para “Sal”, una composición principalmente escrita en sintetizador y que me recuerda algo del sonido post-rock tipo Tortoise. “Namas” debe ser uno de los puntos alto del disco, por su melodía, letra y arreglos de canción de raíz con la voz de Gepe demostrando gran ingenio cantando: “Y sino tengo na que decir/ y sino tengo na que cantar/ Pa qué pierdo el tiempo así/ si lo dicho,  ya dicho está”.
 
La belleza de la balada “Los Barcos” nos pasea por la pena del Gepe más primordial y desnudo, sólo con guitarra acústica y voz, en un tema que simplemente llega a lo hondo, no sólo por la melodía, sino que también por el fraseo. El sentimiento nostálgico se mantiene en “Los Trapenses”, con arreglos de cuerda y exquisitas secciones de percusión y canto de pájaros, donde podemos encontrar una reflexión sobre el oficio del trovador en la letra. En “El Gran Mal”, las armonías vocales de Gepe con la invitada Javiera del Campo, me recuerdan algunos pasajes de Los Blops; y en “Torremolinos”, la perfección acústica y las melodías intrigantes, resaltan en el contexto del disco como uno de los grandes títulos.
 
Sumergidos aún en la emotividad, “Vacaciones” nos lleva de la mano por un viaje mágico, donde el cantante hace un entretenido juego idiomático, fusionando inglés y castellano, en una canción que convierte lo cotidiano en algo perpetuo y profundo. Los teclados minimalistas de “Nihilo”, le entregan el factor hipnótico a “Gepinto”, donde la atmósfera está dada también por un juego de voces algo terrorífico, en el que es, sin duda,  el tema de mayor búsqueda sónica del álbum.  Ya cerrando “Estilo Internacional” nos muestra  una nueva faceta, con un Gepe concentrado en el piano, para finalizar con la belleza y la potente demostración de  que estamos frente a una nueva sensibilidad en nuestra música, con “Guinea”.
 
De algún modo, la portada con una especie de hijo multirracial representado por esa niña oriental con gesto inexpresivo, puede ser una metáfora del estilo iconoclasta y fusionado que propone Gepe. Lo mismo pasa con esos dibujos rayados por un niño, en una especie de viaje sin parada al mudo e invisible corazón de la infancia. Debo reconocer que estoy entusiasmado con Gepe, ya que su música toca lo primordial sin darse vueltas: va directo al corazón. Eso se agradece y produce una contradicción, ya que “Gepinto” es un disco triste, pero que entrega una inmensa y sana alegría.
 
Héctor Aravena A.

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