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Vulnicura

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Domingo 01 Febrero, 2015

2015. One Little Indian

Es triste pensar que el trabajo más íntimo de Björk a la fecha haya tenido que quedar al descubierto antes de lo presupuestado, debido a que versiones sin masterizar de la obra comenzaron a filtrarse en la red, meses antes de su publicación oficial, que estaba planeada para fines de marzo próximo, para coincidir con la exhibición de una retrospectiva de la artista en el MoMA, de la cual además –como complemento- se editará el libro “Björk: archives”. Es como si Björk siempre hubiese querido refugiarse en el arte. Sumergiéndose en las profundidades y bajo todas las mareas -como el ancla de su 'Anchor song' de 1993- su música e imagen han sido un vehículo de expresión y expansión, pero a la vez una coraza. Algunas veces envuelta como un capullo, entre violines y vibráfonos, y en otras envuelta en los ruidos irritantes de las cosas modernas. Pero en esta ocasión, el dolor se hace gráfico desde el momento en que nos acercamos a la carátula de su nuevo disco. Y no se trata de lágrimas suspendidas en sus párpados, como en su “Debut” de hace 22 años, sino que esta vez es su corazón el que ha sido arrebatado y vulnerado, vaciado con un corte limpio y de precisión quirúrgica. No está de más mencionar que es el primer disco que ella registra después de su cirugía de fines de 2012, destinada a remover un pólipo en sus cuerdas vocales.

“Vulnicura” hace alusión a lo vulnerable y a la cura. El proceso biológico detrás de esta herida y de su sanación. Así como “Biophilia” de 2012 pretendía ser un disco sobre la naturaleza, desde lo infinitesimal a lo infinito, ahora Björk decidió compartir con el mundo su propio proceso, y hacerlo universal “con la esperanza de que las canciones sean una ayuda, una muleta para otros”, dijo acerca del flamente álbum en su página oficial de Facebook. Con nueve composiciones repartidas en tres secciones distintas, “Vulnicura” parte relatando los nueve meses anteriores a la ruptura, luego los 11 meses que siguen al término de la relación, y concluye con tres composiciones recientes, fuera de la cronología. Tomando ingredientes básicos de “Homogenic”, de 1997, los seis tracks que están destinados a contar el antes y después de la fractura de la relación, están construidos a base de beats (con la ayuda del productor venezolano Arca) y cuerdas. 

En ‘Stonemilker’, los paisajes emocionales de la clásica ‘Jöga’ se transforman ahora en la necesidad de respeto emocional. ‘History of touches’, escrita tres meses antes del fin de la relación, es otro de los puntos altos. En sus tres minutos (y construida sobre uno de los mejores aportes de Arca en la programación), describe con fragilidad el último encuentro sexual entre los dos amantes, donde convergen a la vez todos los momentos en que han estado juntos. Abriendo el segundo segmento aparece ‘Black lake’, el track más largo registrado por la artista hasta el momento, donde el minimalismo heredero de “Vespertine” (el disco inspirado por el comienzo de la relación de Björk con su actual ex) se hace presente detonando la desesperanza y la rabia. Como un cohete retornando a casa, Björk quema capa tras capa el reentrar a la atmósfera y comienza a cerrar la herida. En el track siguiente, ‘Family’, llora por la muerte de su familia, donde ahora existe la madre y la hija o el padre con la hija, pero no un triángulo de amor. La música, sin embargo, es lo único que puede ayudar a sanar.

Finalizado el bloque cronológico (en el digital booklet, hay una imagen de Björk cerrando su propia herida antes del track 7) aparece ‘Atom dance’, una canción descrita por su autora como “de adoración al amor”, donde se deja acompañar por Antony Hegarty (quien ya había compartido roles con ella en “Volta” de 2007). Definitivamente, uno de los mejores tracks del disco, construido en irresistibles 5/4. En la hermosa ‘Mouth mantra’, canta por esa voz que sentía acallada, esa boca que estaba impedida de expresarse, buscando avanzar, buscando el cambio, adaptándose y reinventándose nuevamente. El disco cierra con ‘Quicksand’, una canción de fortaleza dedicada al futuro de su hija (y de las hijas de su hija en la continuidad del tiempo), donde Björk habla desde su rol de madre. Al escuchar a Björk cantar “cuando estamos rotos, estamos completos, y cuando estamos completos, estamos rotos”, es imposible no hacer un paralelo con aquel ciclo planteado en “The wall” de Pink Floyd: abrirse al resto es hacerse vulnerable, y una vez vulnerable, se buscará salir afuera. Sin olvidar que, en un mundo donde el comportamiento humano no tiene lógica, los audífonos pueden salvar una vida.

Nuno Veloso

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