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Drunk

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Martes 28 Marzo, 2017

2017. Brainfeeder

Despreciar al soft rock es tan común, que hasta ha sido material de rutinas humorísticas. En uno de sus especiales de stand up comedy, el brillante George Carlin desglosó el término "soft rock music" afirmando que "no es rock, ni es música, sólo es suave", ante las risas de una audiencia de adultos jóvenes que me niego a creer libre de pecado. El soft rock en algún momento fue inescapable y luego se transformó en una mala palabra o en el remate de chistes, como le pasó en esta generación al aggrometal y en la próxima le ocurrirá al dubstep. Pero Thundercat camina por sobre el tabú como un fakir que se para encima de clavos, alentado por señales como el mini revival del saxo o la existencia de los compilados "Too Slow to Disco", que rescatan ciertas virtudes del vapuleado género. Hay que prestar atención porque Thundercat, un bajista y cantante californiano de 32 años cuyo verdadero nombre es Stephen Bruner, no es ningún aparecido, ni tampoco un vendehumo.

Resulta muy llamativo que los caminos de Thundercat hayan llegado al soft rock en este "Drunk", su tercer disco de estudio en calidad de solista, porque hablar de el es referirse a uno de los músicos más versátiles del último tiempo, alguien con oído panorámico. Tocó el bajo en Suicidal Tendencies, donde militaba su hermano Ron en batería. Luego como solista fue el único que le hizo el peso en el rubro de la música disco a Daft Punk durante el ciclo de 'Get Lucky' (con 'Oh Sheit It's X', el single más subvalorado del 2013, parte de su álbum "Apocalypse"). Después, terminó colaborando en lanzamientos universalmente aplaudidos dentro de géneros tan dispersos como el rap (junto a Kendrick Lamar) o el jazz (con Kamasi Washington), por mencionar solo dos dentro de un respetable puñado.

Thundercat decora "Drunk" con souvenirs de los parajes que ha visitado (apariciones de MC's, giros jazzeros), pero enfatiza una personalidad sonora moldeada por el soft rock, tributado deliciosamente de la mano del productor Flying Lotus, uno de los cómplices más habituales del bajista y un favorito personal del mismísimo Thom Yorke. Lo que hace es leer las dos acepciones del soft rock: por un lado, la banda sonora de los primeros yuppies que bebían champaña y aspiraban cocaína en sus yates (de ahí el título que en español significa "borracho"); por otro, el género de las canciones ñoñas, la versión musical de una polera Polo metida dentro de un pantalón caqui. Tanto el nerd interior de Bruner, ese que patalea por ser friendzoneado y piensa que Johnny Cage y Sonya Blade de "Mortal Kombat" son la pareja modelo ('Friendzone'), como el gozador que también lleva dentro están a gusto en "Drunk". Incluso se encuentran en 'Tokyo', donde su bajo acuoso musicaliza un relato sobre las noches en la capital japonesa, paseando y comiendo, pero también pensando en "gastar todo mi dinero en animé". Pese a la fuente de la que proviene, este disco no es un saludo al soft rock desde la vereda de lo cool, sino una inmersión de cuerpo completo en un estilo en el que Thundercat se siente como en casa. 

Andrés Panes

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