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Everybody’s Somebody’s Nobody

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Everybody’s Somebody’s Nobody

Martes 10 Mayo, 2016

2016. Clean Feed

Fred Frith fue fundador de Henry Cow, una de las más grandes bandas de la historia de la música de vanguardia: Cada uno de sus discos es una obra maestra. Teniendo en las filas a genios como Chris Cutler, Tim Hodgkinson y al mencionado Frith, no había otra opción. Sin embargo, es este último quien ha desarrollado una carrera más que sobresaliente y completamente sui generis.

Ya en ‘Nirvana for Mice’, primera canción del primer disco de Henry Cow, “Legend” (1973), compuesta exclusivamente por Frith, aparece una personalidad compositiva singular, cargada de rítmicas exquisitamente complejas y de una concepción melódica absolutamente especial, muy cercana al free-jazz y a la vanguardia docta (un estilo que muy bien entendieron incluso bandas nacionales como Malalche o los posteriores Akinetón Retard). Si a esta pieza se le suma la impresionante ‘Teenbeat Reprise’, el resultado es simplemente extraordinario, ya que el solo de Frith, a sus escasos 25 años, lo califica ya no solo como un compositor absoluto, sino que también como un espectacular ejecutante de su instrumento esencial: la guitarra.

La mente exploratoria de Frith no solo queda ahí, puesto que existe una evidencia pujante: la segunda mitad del segundo disco de la banda: “Unrest” (1974). En este, Henry Cow desarrolla toda su imaginería en cuanto a experimentación, ya que debido a limitaciones de tiempo de estudio, se vieron obligados a improvisar toda aquella sección del disco. Es así que la banda desarrolló las posibilidades compositivas del estudio mismo a través de manipulaciones de cintas, loops, doblajes de sonido y un sinfín de posibilidades más. Es en estos meses en los que encontramos a un Fred Frith en estado de iluminación, comprendiendo sus lecturas de John Cage contenidas en “Silence: Lectures and Writings” (del cual nace la maravillosa frase: “el sonido, en sí mismo, puede ser tan importante como la melodía, la armonía o el ritmo"), perfeccionando las posibilidades tecnológicas del momento y ejerciendo la música no estructurada. 

Este conjunto de elementos formó de por vida la base creativa de Frith, que en ese mismo año 1974 presentaría un disco absoluto: “Guitar Solos”, el primero de su carrera solista, en el cual se da la paradoja de ser un disco de guitarra preparada (técnica en la que fue pionero Keith Rowe) con múltiples capas y con un variado arsenal de manipulaciones, pero que había sido grabado sin overdubbing. Fred Frith había encontrado un nuevo y complejo nivel en su instrumento que podía ser satisfecho solo con su virtuosismo.

El resultado de “Guitar Solos” es tan inmenso que incluso podría anticipar a Brian Eno en cuanto a los orígenes del ambient: prueba de ello es que el mismo Eno es quien lo nomina para grabar dos de sus tantos emblemáticos discos: “Before and After Science” y “Music for Films”, de 1977 y el año siguiente, respectivamente. Eno previamente a estos discos ya había grabado el seminal “Another Green World” en 1975, pero es probable que haya encontrado en Frith un antecedente importante y muy cercano a lo que él había creado, sobre todo por la pieza que cierra “Guitar Solos”, ‘No Birds’, poseedora de una identidad proto-ambient, y que tiene el agravante de ser, además, el año cero del post-rock. 

Luego, este mismo “Guitar Solos” sería complementado en nuevas ediciones del mismo con las creaciones del propio Frith que se encontraban en “Guitar Solos II” (1976), como la impresionante ‘Water/Struggle/The North’, y en “Guitar Solos III” (1979), de improvisaciones aún más experimentales y abstractas. Ambos discos sirvieron tanto para dar a conocer el panorama experimental de la guitarra en aquella época, así como para sentar diferencias entre los guitarristas vanguardistas, sobre todo con Derek Bailey, del cual se dice erróneamente haber sido el tutor de Frith, pero basta comparar las creaciones de ambos en “Guitar Solos II” para darse cuenta que poco tenían en común. 

Tras este periodo, extraña y lamentablemente, ya no encontraremos creaciones exclusivas de Fred Frith para Henry Cow. Vendrían dos discos de 1975 con el trío alemán Slapp Happy: el discutible “Desperate Straights” con casi solo composiciones de los germanos (por tanto, poco tiene que ver con Henry Cow), e “In Praise of Learning”, en el cual la banda cierra la “Trilogía de los Calcetines” y recupera el aliento compositivo citando como ejemplo a un resplandeciente Tim Hodgkinson que compone la épica “Living in the Heart of the Beast” haciendo un trabajo verdaderamente notable. Es en estos discos en que Fred Frith desarrolla una gran conexión artística con Dagmar Krause y su voz de cabaret, lo que lo llevó, finalmente, a crear junto a Chris Cutler la banda socialista Art Bears, en la cual encontramos una importante veta política izquierdista, así como al Frith compositor. Luego, Henry Cow se extingue con “Western Culture” (1979), un disco cien por ciento de ellos, pero como se dijo, sin composiciones exclusivas de Frith. 

Posteriormente vendrían los citados Arts Bears, Aksal Maboul, Material, Massacre, Naked City (en la que tocaba el bajo), y una gran cantidad de colaboraciones que lo hacen tener una discografía de más de 300 discos, entre los cuales destaco el imprescindible “Stone, Brick, Glass, Wood, Wire” (1999) o los discos de la muy rescatable serie para danza “Music for Dance”. Sin embargo, las colaboraciones que nos deben importar tomando el presente disco son las estridentes trabajos en dúo con Chris Cutler, Barry Guy, o las bestiales presentaciones de los ochenta junto al saxo alto de John Zorn que resultarían en una amistad que ha dado a luz cuatros álbumes, y que son referencia directa del presente álbum, ya que Darren Johnston es también vientista, específicamente ejecutante de la trompeta.

“Everybody’s Somebody’s Nobody” es el resultado de una presentación llevada a cabo en Diciembre de 2013, que encuentra como antecedente colaborativo el disco “Reasons for Moving” (2007) y que, finalmente, es una de los pocos o quizás el único disco en que Frith hace un dúo con un trompetista: En ‘Scribble’, en la pieza homónima al disco y, esencialmente en ‘Rising Time’, Frith hace gala de todo ese amplio bagaje experimental que ha adquirido durante más de 40 años, que incluso lo han llevado a un estilo percutivo con su instrumento. Notables son también ‘Barn Dance’, la nocturna ‘Ants’ y la suave ‘Luminescence’ que demuestran que Johnston tampoco es un personaje insulso (su solitaria ejecución en ‘Down Time’ es interesante), sino por el contrario, es capaz de hacer de la trompeta no solo un instrumento melódico si no también uno profundamente expresivo, tal como sus colegas Bill Dixon o Wadada Leo Smith, guardando las respectivas proporciones. Encontramos, a su vez, piezas derechamente de libre improvisación tal como ‘Bounce’, en la que ambos músicos exploran mínimamente su instrumento, o la breve “Scratch”.

Un disco sencillo, pero audaz, tal como lo es Fred Frith. Una vida dedicada al riesgo. Siempre es bueno visitar a los maestros. Las noticias indican que puede actualmente estar visitando Valdivia. Que ganas de ir a verlo.

Carlos Navarro A.

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