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Occam Ocean 1

Occam Ocean 1

Occam Ocean 1

Viernes 02 Febrero, 2018

2017. Shiiin Records

Con más de ochenta y cinco años, la minimalista francesa Éliane Radigue sigue componiendo desde los extremos de la música. Lejanos quedan sus trabajos de retroalimentación de finales de los 60 (tal como “Stress-Osaka” y “Usral”), así como sus fundacionales creaciones electrónicas de la década de los 70, construidas con su inseparable sintetizador modular Arp 2500. Aparentes mundos estáticos nacidos a partir de una concepción mínima del sonido, una idea que Éliane Radigue moldeaba como un vivo ente unidireccional que avanzaba hasta expresar una extravagante y misteriosa belleza. Trabajos como “Geelriandre” (1972), “Transamoren / Transmortem” (1973), “Adnos” (cuya primera de sus partes data de 1974), o “Triptych” (1978), eran un alimento, un flujo continuo dirigido hacia la infinitud del alma. 

En la década de los ochenta, su trabajo viró hacia lo trascendental. La muerte de su marido -el artista francés Arman- y la de su hijo en forma posterior, llevaron a Radigue a profundizar en sus ya iniciados estudios del budismo, religión cuya concepción mortuoria -o de renacimiento- la llevó a comenzar en 1985 la serie conocida como “Trilogía de la Muerte” (integrada por la devoción de Kyema, Kailasha y Koumé), conjunto electrónico creado con el objetivo de servir como guía en el viaje que va desde la muerte hasta la reencarnación. Así también, la capacidad de Radigue y la influencia de otros tópicos budistas la inspiraron a crear discos como “Jetsun Mila” (1987) o “Songs Of Milarepa” (1983), este último exacerbado en virtud de las plegarias del monje Lama Kunga Rinpache y el espiritual spoken word de Richard Ashley.

El cambio de milenio trajo consigo la finalización de su etapa de exploración puramente electrónica, verificándose en forma editorial con la publicación de “Elemental II” en el año 2004, la que se transformaría en la primera pieza de Éliane Radigue compuesta para instrumentos, siendo finalmente ejecutada por el bajo eléctrico del francés Kasper T. Toeplitz. Los trabajos que siguen a partir de esta extensa creación serán también destinados para instrumentos, pero de aquellos de naturaleza estrictamente acústica, tal como en los tres episodios que componen “Naldjorlak” (comenzada en el año 2005 y que contiene piezas para violonchelo y clarinete tenor), o como en este “Occam Ocean 1”, disco de extensas cinco composiciones para instrumentos como birbyne (aerófono de origen lituano), clarinete bajo, viola y arpa. 

La primera de las cinco piezas presentadas es ‘Occam River I’, de más de catorce minutos. Es una composición que se manifiesta como una constante transición nacida desde el intrigante birbyne de Carol Robinson y desde la viola de Julia Eckhardt. La tensión abstracta creada por las imperceptibles modulaciones desarrolladas por la dupla forja un fruto de delicada espiritualidad. Son macizos soplos y frotaciones que se imponen hasta desvanecer el sentido del tiempo, contrayéndolo, ampliándolo. Estas mismas intérpretes femeninas son las que ejecutan en forma solista dos de las restantes pistas del álbum: Los diecisiete minutos de resonancias nacidas a partir del birbyne de Carol Robinson en ‘Occam III’, y las monolíticas frotaciones sobre la viola de Julia Eckhardt en los más de veinte minutos de ‘Occam IV’.

Aparece también la media hora de ‘Occam I’, representada en la virtuosa arpa del galés Rhodri Davies, el cual la ejecuta y fricciona a través de dos arcos, uno en cada mano, provocando una serie interminable de vibraciones, cercanas a la infinitud, que como puntos de sonido van formando un panel sonoro cabal, algo parecido a lo que ocurre con las realidades pictóricas del francés Georges Seurat, en los que cada uno de sus puntos es parte esencial en la confección de una realidad total. Cierra ‘Occam Delta II’ -título que da cuenta de un universo compositivo aún mayor, todavía desconocido- interpretada simultáneamente por los tres ejecutantes que aparecen en el disco. Otra extensa pista, que al igual que todo el álbum, se puede considerar efímera frente a la duración colosal de la vida que también otorga fuera del tiempo. 

Carlos Navarro A.

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