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Rest

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Lunes 27 Noviembre, 2017

2017. Because Music/Atlantic 

Ha sido una vida muy especial la de Charlotte Gainsbourg, única hija de una pareja perteneciente a la realeza musical de Francia, donde es famosa desde antes de nacer. Su padre era Serge Gainsbourg, una de las glorias máximas de la canción gala, y su madre es Jane Birkin, ícono cultural del país. Más prolífica en el cine que en la música, recién está estrenando el primer disco de canciones de su puño y letra, pese a contar con varios lanzamientos anteriores. El primero ("Charlotte Forever", 1986) salió cuando era una quinceañera y contó con el apoyo de su padre; el segundo ("5:55", 2006) llegó dos décadas más tarde y tuvo como pilar a Jarvis Cocker de Pulp; el tercero ("IRM", 2009) apareció poco después y recibió la asesoría de Beck. A ellos se suma un cuarto título ("Stage Whisper", 2011), mezcla de descartes con registros en vivo y un par de novedades. Pero el flamante "Rest" es distinto a todos los trabajos previos de Charlotte Gainsbourg. Por primera vez, el apellido no le pesa a la hora de plasmarse a sí misma y trasvasijarse en el papel. Es más, desechó la posibilidad de contratar a cantautores profesionales y también descartó colaborar con el escritor Michel Houellebecq, como le ofrecía su sello.

Cien por ciento biográficas, las letras de Gainsbourg condensan algunas de las experiencias más fuertes de sus 46 años de edad, nunca antes reveladas en forma de canción. Tenía mucho por contar y los asuntos que aborda en el disco no son nada livianos. Con lujo de detalles, en 'Lying with You' comparte el recuerdo del cadáver de su padre durante su velorio, tras fallecer en 1991 de un infarto. La muerte de sus seres queridos es una temática preponderante en "Rest", en especial la de su media hermana, la fotógrafa Kate Barry, quien se suicidó hace cuatro años. A ella le dedica 'Kate', en la que lamenta que el futuro que imaginaban viviendo juntas cuando viejas ya no exista, y también 'Les Oxalis', sobre visitar su tumba en París, una ciudad de la que decidió emigrar porque no soportaba el peso de todos los recuerdos que tenía ahí junto a sus familiares extintos.

La primera vez que Charlotte Gainsbourg cantó fue junto a su progenitor, en un polémico single de 1984 ('Lemon Incest') acerca de la relación incestuosa entre un padre y su hija, cuyo video los mostraba a los dos tendidos en la cama. Lo que sugiere "Rest", con sus bases electrónicas que pasan desde el french touch hasta la música disco, es que el sentido del humor retorcido de Gainsbarre sigue vivo. Mientras las palabras duelen como un nervio expuesto, todo lo que las acompaña provoca el efecto contrario, un placer que se torna un tanto macabro. Y probablemente es el efecto deseado por una artista que, en su faceta como actriz, tiende a inclinarse por papeles tan inusuales como su decisión de acompañar confesiones terribles con beats alegres. Que tiene, por cierto, su propia lógica: acercarse estéticamente a las bandas sonoras de pop sintetizado que tenían las películas ochenteras de terror que se juntaba a ver con su papá. Aunque hay colaboraciones de Paul McCartney, Guy-Manuel de Homem-Christo (la mitad de Daft Punk) y Owen Pallett (connotado arreglista), el control de "Rest" está en manos de Gainsbourg, quien lo convierte en un affaire totalmente íntimo. Parte de un proceso de rearmado personal que, en los próximos meses, dará como fruto un documental sobre Jane Birkin, su debut como directora.  

Andrés Panes

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