WWE Live Santiago: Fábrica de postales

Más que obedecer a la lógica, la WWE busca generar recuerdos

Miércoles 5 de diciembre, 2018
Movistar Arena

Los eventos no televisados de la WWE, conocidos en inglés como house shows, son un espacio muy distinto al de programas como RAW o SmackDown. La acción es diferente, ocurren cosas que jamás pasarían frente a las cámaras, que nunca serían parte del canon. Por ejemplo, anoche en Santiago, en uno de los momentos más esperados de la velada, Ronda Rousey hizo su aparición para defender el campeonato femenino de RAW ante Nia Jax, una lucha titular que todavía no sucede en televisión, donde está recién construyéndose la historia que las llevará a chocar el 16 de este mes en TLC: Tables, Ladders & Chairs. Es decir, tuvimos la oportunidad de probar un bocado de algo que sucederá en pay per view. Y subrayo que fue un bocado porque hubo una temprana descalificación cuando Tamina, uña y mugre con Nia Jax durante las últimas semanas, intervino en el enfrentamiento a los pocos minutos de su inicio. En TV, algo así causaría la molestia de los devotos de la WWE, críticos y siempre dispuestos a reclamar por la falta de lógica en el booking, pero en un house show no tanto porque, en el fondo, solamente se trataba de una excusa para comenzar una lucha en desventaja luego de que Ronda, la babyface, le exigiera a la maléfica pareja de samoanas no irse sin darle pelea, aunque fuese en formato dos contra una.

En un house show se abren espacios que en los programas están cerrados. Por mucho que RAW dure tres horas y Smackdown dure dos, todo lo que se ve en pantalla está compactado y muchos integrantes del enorme roster de la WWE quedan fuera de las emisiones, mientras que los que alcanzan a salir en pantalla cuentan con tiempos acotados para hacer lo suyo, que no es fácil porque consiste en contar una historia a través del habla y del cuerpo. Se nota, por mencionar un caso, en los minutos dedicados a dejar que Rey Mysterio dialogara sobre el ring con Andrade "Cien" Almas probando por aquí y por allá para afinar una rivalidad latina, pero intergeneracional, que podría ser enorme si Vince McMahon así lo permite. Aunque el pequeño gigante enmascarado y el fundador de Los Ingobernables se encontraron a comienzos de noviembre, en una lucha para definir al equipo de SmackDown en Survivor Series, fue una lucha carente de contexto e insustancial en la que estos dos personajes, diseñados para enfrentarse con saña algún día, solamente eran peones de una batalla mayor. Esta vez no fue así. Pese a uno que otro botch, hubo química entre ambos y tuvimos la oportunidad de ver cómo podría resultar la consumación de una enemistad que, desarrollada con buenos argumentos, podría darnos entretenimiento deportivo de altísimo calibre. Bueno, si es que dejan que Andrade sea el de NXT, es decir, con la carismática Zelina Vega, sin mayor incidencia anoche, en el rol coprotagónico que le corresponde tener.

Rey Mysterio, un luchador legendario cuya presencia evoca glorias del pasado, causó una reacción especial en la gente. El nombre de Eddie Guerrero, coreado al unísono por miles de gargantas, retumbó en el Movistar Arena en un momento decidor acerca del impacto que pueden tener los luchadores en la vida de las personas. Guerrero falleció hace trece años, pero todos los que tuvimos el placer de ver su espectacular trabajo lo recordamos con un cariño del que ahora Rey, su amigo, es depositario. Antes de irse tras derrotar a su oponente, el hombre del 619 agradeció al público y recordó a Eddie a pesar de que su personaje en televisión no utiliza ese recurso emotivo. Fueron varias las instancias en las que se vieron cosas removidas del orden impuesto en los programas, como en la lucha de ocho entre los equipos de Titus O'Neil, No Way José, Apollo Crews y Heath Slater contra The Revival, Rhyno y Jinder Mahal. Fue una tole tole, un jugueteo circense lleno de humor atlético en el que se notó el auténtico goce que sienten los luchadores cuando pueden interactuar con la audiencia en forma distendida sin depender de lo que digan los guionistas ni la plana mayor que los espera en la célebre Gorilla Position. Además, tuvimos una probada de lo que será la rivalidad entre Rhyno y Slater, los ex campeones en pareja de SmackDown, en lo que muchos suponen que será la despedida del ícono de ECW. También presenciamos otro paso más en el deterioro de la relación entre Drew McIntyre, visualmente uno de las superestrellas que causa mayor impacto (es como mirar una torre de carne humana con músculos en lugares donde uno ni siquiera sabe que puede haber músculos), y el buen Dolph Ziggler, otrotra la gran esperanza blanca de la compañía y relegado ahora al sitial de eterno perdedor. Lo curioso, y muy de house show, es que el Ziggler que llegó a Chile está en un limbo, recién traicionado por un compañero destinado a un monstruoso push, pero sin un rumbo definido y todavía amarrado a los códigos de conducta de un heel pese a la clara necesidad de volverlo face.

El evento estuvo lleno de pruebas de que el fin último de la WWE, más que obedecer a la lógica que algunos demandan, es entregar momentos, postales para el recuerdo, imágenes difíciles de borrar. De eso hubo un montón anoche. Sin que la campana sonara, solamente por rematar la escena con Sarah Logan atravesando una mesa por cortesía de Natalya, un buen trozo del roster femenino (Bayley, Ember Moon, el Riott Squad, Mickie James y Dana Brooke, aparte de las mencionadas) salió a batallar un rato entre las luchas oficiales. Se sintió la dedicación especialmente cuando Elias, uno de los pesos pesados con mayor proyección en la compañía, apareció con su guitarra como siempre y se puso a tocar un poco de 'Tren al sur' de Los Prisioneros. Fue un punto alto entre varios de los que surgieron envueltos en una atmósfera de entusiasmo y cánticos futboleros tan personalizados como el gesto de Elias (al calvo Baron Corbin le gritaban «Sampaoli» y al moreno No Way José le corearon «Beausejour», por nombrar algunos). Para el remate, una rivalidad incipiente y un encuentro que quedó inconcluso: Dean Ambrose contra Seth Rollins, los hermanos de The Shield, en el mismo trance de hace algunos años con la diferencia de que ahora los roles se invirtieron porque el bienhechor es El Arquitecto, quien fuese el villano la primera vez. Ese rol le acomoda perfectamente a Rollins, bautizado así en honor a Henry Rollins, por cierto. El Jesús del crossfit, ante la ausencia de Roman Reigns y de Braun Strowman, fue la gran luminaria de la noche (el encargado de despedir la velada, sin ir más lejos) en un house show distendido y lleno de instantes para atesorar.

Resultados (vencedores en negrita)


Drew McIntyre vs. Dolph Ziggler vs. Finn Bálor
Buddy Murphy vs. Gran Metalik
Rey Mysterio vs. Andrade "Cien" Almas
Elias vs. Baron Corbin, Drew McIntyre y Bobby Lashley
Titus O'Neil, No Way José, Apollo Crews y Heath Slater vs. The Revival, Rhyno y Jinder Mahal
Apollo Crews vs. Curt Hawkins
Ronda Rousey vs. Nia Jax (vía descalificación)
Ronda Rousey vs. Nia Jax y Tamina
Seth Rollins vs. Dean Ambrose (vía descalificación)

Andrés Panes