Venom Inc: Bienvenidos al infierno

Almas rendidas ante las leyendas del metal extremo

Espacio San Diego - 10 de febrero
Santiago - Chile

Cuando visitaron tierras nacionales en el 2015, nos quedó bastante claro que Venom Inc. no era un mero tributo. Además de gozar de un show potente, era obligatorio que este frente comandado por la formación del período 1989-1992 se desmarcara de la versión de Cronos y solidificara su poderío en un registro de estudio, lo que finalmente ocurrió con “Avé” (2017), primer material del trío que sería el argumento ideal para volver a encabezar otra misa oscura de metal en Chile. Esta vez, fueron los alemanes Nocturnal y los nacionales Death Living los que acompañaron al mítico conjunto inglés a abrir las puertas del averno para desatar toda su ira en el Espacio San Diego.  

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Con una descarada puesta en escena en la que todos los integrantes estaban al mismo nivel, Death Living propinó una brutal descarga de black metal sobre los presentes que llegaron puntuales al encuentro. Las blasfemias de ‘El odio no descansa’ o ‘Forever Underground, Ocult and Magic’ se desarrollaron con una tremenda capacidad técnica en cada riff que golpeaba con la intensidad de un latigazo, todo a cargo del guitarrista Nicolás Sandoval y el bajista Israel Gómez, ambos con el corpse paint representativo del estilo. Velocidad, voces chirriantes y blast beast que parecían salidos de un pentagrama fueron la tónica de una presentación llena de rabia y maldad en la que abundaron las sentencias en contra de la iglesia y todo poder eclesiástico, imaginería que se vio expresada de manera explícita cuando el vocalista Pedro Canales sostuvo una cabeza de satán mientras escupía la letra de ‘Aquí habita el espíritu del diablo’. Manejando de gran manera el dramatismo visual y con una moral estoica que defienden desde los principios de su carrera en el Curicó de los 90, el cuarteto dejó bien parado el nombre del metal regional y demostró con creces que el género está más vivo que nunca en todos los rincones del país.

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Desde que se formaron en el 2000, Nocturnal se ha preocupado por cimentar una prolífica carrera en el underground europeo con una enorme cantidad de publicaciones que incluyen demos, splits, EPs y tres contundentes larga duración que recogen lo mejor de su propuesta. Implacables sobre la tarima, los alemanes entregaron una actuación salvaje que no estuvo exenta de dificultades, pero que de igual manera desató una verdadera tormenta de furia en el recinto. John Berry tuvo algunos problemas con el pedal de la batería en ‘Beast of Hades’, el bajo ecualizado muy fuerte de Florian Friederichs opacaba a ratos la guitarra de Avenger, incluso esta se perdió totalmente en ‘Taken By The Fire’, pero de todas maneras sacaron la presentación adelante con total profesionalismo. La sección instrumental funciona de manera letal y se permite descansar cómodamente en el carisma de Invoker, quien descuartizó los sentidos de manera violenta con una voz de ultratumba que hunde al oyente en lo más profundo de las catacumbas sórdidas del metal. Conforme avanzaba la presentación, la monstruosidad de ‘Merciless Murder’, ‘Burn This Town’ y ‘Nuclear Strike’ dio rienda suelta a un acto de primer nivel que nuevamente destacó por su filo y ferocidad, modulando lo mejor de sus marcadas influencias para traducirlo en una impronta personal y aniquiladora que conectó tan bien con el público que el mismo vocalista les pasaba el micrófono directamente para que cantaran con pasión desbordada, lo que terminó sellándose en un verdadero pacto de sangre entre los teutones y los locales, representado amistosamente en el intercambio de muñequeras que Friederichs tuvo con un fanático.   

Tras un prólogo de grueso calibre, llegó la hora del plato fuerte. La cantidad de parroquianos que asistieron a esta misa negra confirmó nuevamente el arrastre de la música de Venom en nuestro país, independientemente de la formación que se haga cargo. ‘Metal We Bleed’ fue la encargada de encender la mecha para incendiar completamente el lugar. Los ánimos ardieron como fuego endemoniado dando la bienvenida a un infierno que mantuvo su intensidad sin misericordia. Se sabe que Jeffrey "Mantas" Dunn, Tony "Demolition Man" Dolan y actualmente Jermaine Kling tomando el lugar del fundador Tony "Abaddon" Bray, imparten un repertorio que no se basa exclusivamente en la cosecha de finales de los ochenta y principios de los noventa, por lo que ‘Blackened Are the Priests’, ‘Carnivorous’ y ‘Temple Of Ice’ convivieron a gusto con lo mejor de su primera época reflejada en ‘Die Hard’, ‘Live Like an Angel (Die Like a Devil)’ y ‘Lady Lust’, lo que aseguró un espectáculo demoledor de principio a fin.

La multitud se dejó llevar por la ejecución prolija de cada corte, como el caso de ‘Don't Burn the Witch’, en la que se pudo ver a un Kling animando al público y encarándolo con gestos maniacos, pero siempre en total control de la situación, una tarea complicada sabiendo que ocupa el lugar de un pilar como Abaddon. De todas maneras, el reclutado más reciente salió airoso en todo momento, siendo la actual ‘War’ otro momento brillante de su interpretación. La robusta dirección de Mantras en la guitarra superó todas las expectativas con una posición dominante en el escenario, descargando el riff clásico de ‘Welcome to Hell’ a toda máquina frente a los ojos de una enardecida audiencia, mientras Demolition Man hacía de las suyas tomando Jack Daniels y fumando cigarros, actitud pendenciera con la espetaba sus ideas sobre la actualidad mundial en Warhead’ y  ‘Leave Me in Hell’ para aludir al muro de Trump, la situación en Corea del Norte y el Brexit haciendo gala de una portentosa puesta en escena que a estas alturas no le rinde cuentas a nadie.

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Lo mejor quedó para el final y entre que varios se subían al escenario o bebían de la botella de whiskey de Demolition Man, los clásicos ‘Black Metal’, ‘Sons of Satan’ y ‘Witching Hour’ se sumaron a su continuación después del encore con la seguidilla de ‘Bloodlust’, ‘In League With Satan’ y ‘Countess Bathory’, dejando al público en llamas con un cierre atronador que poseyó cada alma con su sonido cavernario hasta el punto en que algunos se encaramaron en la reja del escenario para entregarse al headbanging, actitud que los británicos apreciaron chocando manos y regalando uñetas.

Apartando la discusión de qué formación es la que merece llevar el nombre de la banda, no hay duda de que Venom Inc. da una buena contienda para quedarse con el trono. Su nueva visita con material actual bajo el brazo y una batería incuestionable de clásicos dejaron un buen sabor de boca porque fueron capaces de remover las entrañas de la visceralidad más descarnada tal y como lo hicieron desde el principio de su carrera. Se agradece también la voluntad para que sigan creando, ya que saben que al otro lado el titán del tiempo también protege celosamente su obra y es bueno que las diferencias se noten, a pesar de venir de una raíz común. Los asistentes al Espacio San Diego quedaron conformes con el paso de estos veteranos del metal extremo, ya que demostraron una vez más que sus etapa más recordada sigue tan viva como siempre y que, al mismo tiempo, mantienen el equilibrio para dar cátedra de supervivencia.  

Pablo Cerda
Fotos: Sergio Mella

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