Un torbellino germano llamado Tankard

Mucho más que cerveza y thrash

Club Blondie - 8 de febrero
Santiago - Chile

 
Cuando hablamos de una verdadera institución del thrash metal europeo como Tankard, inmediatamente se vienen a la cabeza nombres como Sodom, Kreator y Destruction para formar lo que muchos conocen como los “Big Teutonic Four”, lo que es acertado considerando el hilo conductor que une a las cuatro bandas en términos geográficos y sonoros. Pero, mientras que tres cuartos del insigne cónclave basan su lírica en el hostil contexto social que aqueja al mundo, los chicos de Fráncfort siempre se han caracterizado por montar una fiesta que puede llegar a ser casi tan apocalíptica como los profundos entramados de sus congéneres. Pero cuidado, verlo de este modo es demasiado simplista para un agrupación que, además de hacer una oda al metal etílico, también habla de un estilo de vida aguerrido que ha enfrentado dificultades, y que puede tocar otras temáticas conservando su esencia. Así quedó demostrado en “One Foot in the Grave” (2017), disco que los tuvo de vuelta en nuestro país y que les permitió repetir una escapada a regiones como en el 2016 para presentarse en Puerto Montt justo un día antes de la cita en Santiago. Los reportes de lo vivido en el sur ya auguraban un encuentro de alto impacto para la capital y el cuarteto no decepcionó. Todo aquel que buscaba una noche de mosh, sudor y riffs desopilantes en Blondie obtuvo justo lo que quería, sumado también a lo que se vivió con los exponentes nacionales que guardan un legado histórico importante en sus manos y así lo hicieron sentir.  

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Demostrando potencia y una sólida puesta en escena, Old Force tuvo la misión de arrancar la jornada con su thrash old school ante una audiencia que recién venía integrándose, pero que de todas maneras se mostró entusiasta ante el repertorio de Vladimir Vilches y los suyos . A destacar la interpretación de ‘Memento Mori’, la cual no tardó en desatar el primer mosh con sus riffs galopantes y furiosos que esparcieron a destajo. Interesante momento que viven los nacionales de cara a grabar nuevo material y con una alineación reformada que en el escenario se vio afiatada y con ganas de destruirlo todo con una onda callejera que hacía viajar mentalmente a la época de gloria de esta corriente, ya que el conjunto de la estética de cada uno de los integrantes y la ejecución de sus instrumentos se anclan en lo clásico sin lugar a conjeturas que puedan interferir en la pureza de la propuesta.

Ya con un público mucho más contundente, Massive Power se tomó el escenario para volver a telonear a los alemanes tal y como lo hicieron el 2016. Llamativo el detalle de Nelson Muñoz llevando la polera de Old Force, lo que habla de la fraternidad que se vive en las entrañas de un circuito que se mantiene vivo gracias a un esfuerzo colectivo de su gente. Al fragor de ‘Political Class’, ‘Violent Killing Posers’ o ‘March Of Destruction’, con el sentido homenaje a las jornadas de antología en el gimnasio zenteno, los de Maipú tuvieron una buena llegada ante una concurrencia que respeta sus pergaminos y disfrutó de la descarga letal que el quinteto desplegó sin piedad, reafirmando una vez más su lugar como invitados clave para cualquier reunión de este tipo.

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Tras unos minutos de retraso, la introducción a cargo de “El Condor Pasa” nos señaló que había llegado la hora de presenciar a una de las bandas más carismáticas del género. La primera fila se agolpó a los pies del guitarrista Andreas Gutjahr y del bajista Frank Thorwarth, mientras Olaf Zissel levantaba su baqueta para dar inicio a ‘One Foot in the Grave’. El último en aparecer fue el vocalista Andreas "Gerre" Geremia, quién llegó corriendo para animar el letal mosh que ya se había armado en la cancha desde el principio y no paró hasta el final del show. Los acoples que se escucharon en ‘The Morning After’ y ‘Zombie Attack’ no fueron impedimento para que el verdadero círculo del infierno que se formó en la cancha siguiera destruyendo todo a su paso, con la mayoría de los participantes ya sin sus poleras y dándolo todo una vez más.   

La banda recibió encantada el “olé, olé, olé, Tankard, Tankard”, con un Gerre sonriente que expresó lo potente que era mantenerse en la ruta levantando la bandera del metal con tanto ahínco. Ese es el sentimiento que se materializa en ‘Not One Day Dead (But Mad One Day)’, canción que relata el largo y sinuoso camino que han seguido para mantenerse arriba de las tablas. Se nota que Tankard lo pasa bien y se alimenta de los puños en alto que se ven mientras dislocan nucas con verdaderos manifiestos como ‘Rules for Fools’, ‘Die With a Beer in Your Hand’ y ‘Minds on the Moon’, esta última dando cuenta de las complicaciones que atravesaron a mitad de los 90, cuando el estilo no era popular, pero ellos siguieron adelante sin dejarse embriagar por el licor alternativo.

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Llegando a la mitad del set, las luces se apagaron para dar paso a la operática introducción de ‘R.I.B. (Rest in Beer)’, la que preparó el ambiente para que el aplastante riff de Andreas Gutjahr se abriera camino de manera colosal solo para desatar el desmadre. Los machacantes ritmos de ‘Pay to Pray’, ‘Metal to Metal’,  ‘Rectifier’ y  ‘The Beauty and the Beast’ resaltaron la importancia del inmenso Olaf Zissel, quien tuvo la tarea no menor de llevar los tiempos con la precisión de una máquina, complemento perfecto para que Frank Thorwarth desarrollara las feroces líneas de bajo en las que se pudo oler un tufillo de hardcore punk y crossover, lo que a final de cuentas agrega un poco de peligro siempre necesario. Coronando todo, el entrañable Andreas fue el anfitrión que mantuvo el buen ambiente de la fiesta. Se sacó selfies con el público, se subió a cantar a los costados del escenario para estar más cerca de los suyos y hasta bailó con una chica en el escenario al son de la intro blusera de ‘Chemical Invasion’.  Sin darnos cuenta, el concierto había avanzado tan rápido como una cerveza fría descendiendo por la garganta en un día de calor y el tramo final llegaba con la triada ‘Alien’,  ‘A Girl Called Cerveza’ y ‘(Empty) Tankard’, verdaderos himnos que fueron coreados intensamente por el respetable, lo que dejó una sensación de satisfacción total al cierre y esto se hizo notar en los rostros que emprendieron la subida hacia la superficie por las empinadas escaleras del célebre espacio de Santiago centro.

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Podríamos perdernos en la densidad de conceptos elaborados, en hablar de lo mucho que significa el thrash metal para nuestra escena, e incluso, aludir al ritual de cada reunión metalera. Hay bandas que llevan a la reflexión, a pensar en sus huellas y en las marcas que han dejado en la historia del rock mientras tocan ante audiencias enfervorizadas que viven cada canción como si fuera la última. A la rápida, podríamos aludir a que Tankard no necesita de conclusiones tan cerebrales, ya que lo suyo se trata de vivir una noche desenfrenada al ritmo de guitarras chirriantes y mucha cerveza. Difícil pensar lo contrario cuando han defendido este mantra por 37 años de carrera ininterrumpida, pero conforme avanzó la noche, fueron ellos mismos los que nos hicieron pensar en lo estoicos que han sido para aguantar las idas y venidas de la industria, en la tozudez de defender un sonido que muchos dieron por muerto y, finalmente, en lo bien que podemos pasarlo siendo auténticos y entregándonos a ese torbellino germano sin ningún prejuicio de por medio. Con todo esto en mente, no cabe dudas de que lo vivido en Blondie fue una experiencia que superó con creces cualquier caricatura que se puede hacer de los teutones.  

Pablo Cerda
Fotos: Sergio Mella

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