Thirty Seconds to Mars: Fieles al guión

Su regreso a Chile fue todo lo que los fans esperaban

Martes 2 de octubre, 2018
Movistar Arena

Dejémoslo claro desde el principio: no tiene sentido separar al Jared Leto músico del actor. Si bien sobre el escenario no desdobla su identidad al punto de lucir irreconocible -como en “Chapter 27”, la película en la que subió 30 kilos para interpretar a Mark David Chapman. Para qué hablar de su interpretación como el Joker-, con cada nuevo álbum y gira de Thirty Seconds to Mars el frontman es presa de una transformación. En esta ocasión luce como un chamán psicodélico o un predicador poco ortodoxo, entregando el mensaje tras “America”, quinto esfuerzo de su grupo. Un concepto que viaja por tópicos como el sexo, redención y política, agrupados en las diez portadas distintas reveladas, citando personajes (Michael Jackson, Kim Kardashian, Donald Trump), deportes (basketball, fútbol), organismos (FBI, CIA) y toda una imaginería de la sociedad estadounidense, de todas formas palpable en todo el mundo, con sus aciertos y vicios. Sobre el escenario, Leto sabe el magnetismo que provoca y le saca provecho. No necesita estar dando cumplidos del tipo “Son el mejor público”, sino que con un escueto “Gracias, Chile” basta y sobra. Antes del inicio del show ya era un hecho el triunfo del conjunto en este nuevo paso por el país..

No es mucha la gente que llegó al Movistar Arena, pero no fue tema de importancia. Los que estaban expresaron entusiasmo en una dimensión envidiable. Desde ‘Monolith’ hasta ‘Closer to the Edge’ jamás dejaron de cantar o de expresar su fanatismo. Tanta lealtad tuvo su premio, pues en dos ocasiones -’Rescue Me’, una de ellas- algunos afortunados lograron subir al escenario, invitados por el propio líder de la banda, aunque la interacción fue más bien escasa. La puesta en escena no es muy espectacular, pero cumple eficazmente en conseguir reacciones del público y centrar la atención en los dos integrantes principales, los hermanos Jared y Shannon (Steve Aiello los apoya en bajo, teclados y coros), que se llevan todo el peso del espectáculo, una movida riesgosa también: ‘Up in the Air’ fue celebrada por los asistentes pero el frontman hizo notar con algunos gestos que su voz no se escuchaba como él quería. En el dibujo final fue sólo un detalle menor, pues el disfrute de los que pagaron su entrada fue absoluto. Recibieron lo que fueron a buscar. Y el grupo saca también algunos trucos de estadio: una lluvia de globos gigantes en ‘This Is War’ -con algunos fanáticos portando banderas en la cancha- provocó el delirio y  la comunión directa. En ‘City of Angels’, el líder pidió a los asistentes que con sus teléfonos iluminaran el recinto.

Desde el homónimo del 2002 hasta el actual “America” existe una mutación sonora evidente en Thirty Seconds to Mars, pero es evidente la cercanía con el pop actual. ‘Hail to the Victor’ y ‘Walk on Water’ guardan beats marcados y unos coros expansivos, diseñados para grandes espacios. Incluso las canciones antiguas, como ‘The Kill’ y ‘From Yesterday’ -singles en que la guitarra asume rol protagónico- no parecen fuera de lugar en la presentación. Si los seguiste desde el principio estarás de acuerdo en que la mutación ha sido constante en los hermanos Leto, sabiendo estar en el lugar correcto. Todo parece destinado a cosechar una reacción, cada golpe a la batería de Shannon, cada momento en que Jared deja de cantar y da el pase al público. Fue un nuevo día en la oficina, con el resultado esperado.

Jean Parraguez
Fotos: Peter Haupt

Galería Asociada

Contenido Relacionado