Taller Dejao: Rock imaginario

El regreso a los escenarios de un dúo de culto

Sábado 6 de octubre

Festival Neutral – Explanada M100

 

En medio de la primera década del nuevo siglo, cuando apareció Taller Dejao en escena, pocos pensaron que el intenso dúo iba a convertirse en uno de los grupos de culto de nuestra música popular. Luego de su separación en 2004, y con sólo un disco editado (descatalogado) que se movió más de mano en mano que por alguna otra difusión, sólo quedaba el recuerdo vivo de una banda cuyas tocatas se caracterizaban por su espíritu carnavalesco. Daniel Riveros y Javier Cruz –cerebro y músculo, respectivamente–, tomaron caminos distintos. La trayectoria del primero es conocida: bajo el seudónimo de Gepe, ha cosechado una carrera de más de una década con amplio éxito. Javier, por su parte, reinició su vida en Brasil. La activación de este proyecto seminal de música independiente era un improbable. Hasta que la sorpresa llegó sin que nadie lo esperara: Taller Dejao tocaría de manera exclusiva para el festival Neutral.

 

La reunión de estos dos amigos y compañeros de colegio se concretó pasadas las 10 de la noche en la explanada de Matucana 100, casi llena de viejos fanáticos y nuevas caras que han reclutado con los años gracias a ese disco inquieto e influyente como lo es  “El brillo que tiene es lo humano que le queda” (liberado hace solo días en las plataformas digitales de streaming). “Cantaba mi yo buscando, lo que es oro y no se nota. Se mete detrás de las cosas, sol de oro sale hacia afuera”, entonó Gepe –luego de gritos y aplausos llenos de emoción de los que estaban ahí–, que se sacaba el traje de súperheroe pop para volver a ser Daniel Riveros, ubicarse tras la batería y dejarse llevar por el sonido fusión entre un folclore mestizo, fortalecido por las gotas gordas de rock que salían de las cinco cuerdas del bajo de Javier. ‘Sol de oro’ fue el puntapié de un set de trece canciones, que contempló también las poderosas ‘Natur y maleza’, ‘Taino’ y ‘Gagen y el Jabao’ en sus primeros minutos. Comenzaba un reencuentro histórico.

 

Las canciones fluían, el público cantaba y en momentos se sentía la vibra eufórica entre el grupo y el público. A cada tema se sentían más cómodos y flexibles, aunque sí se percibía cuando a Daniel, de vez en cuando, se le iban los tiempos ya que debía mirar las letras de estas canciones que no cantaba desde hace más de una década; mientras que Javier en pasajes se aceleraba en los ritmos, sacando ese lado punk que tanto los caracterizó. Todo tal y como habían quedado. Pero esas imperfecciones –que por lo demás le dieron identidad a la banda– no le restaron emotividad a este conciso y significativo show. La sonrisa de Cruz durante toda la presentación era la mejor evidencia. El bajista fue también la estrella de la noche: “Regálame tus dedos”, le gritó alguien del público. Él, entre tímido y humilde, agradecía con palabras, pero sobre todo con su ejecución talentosa y frenética en las cuerdas, que Riveros respondía pegándole fuerte a la caja y platillos, en un ímpetu desfachatado que hace tiempo no le veíamos a Gepe.

 

Este único concierto tenía más sorpresas para registrar. La punzante ‘Cuando canto hacia adentro’ que contó con la colaboración del saxofonista Franz Mesko, desató un final con una fuerza atronadora e indómita, muy cercano a lo que logra La Floripondio; y el cierre épico con ‘Caminito’, que provocó el momento de mayor locura y catarsis en el público, fueron sendos regalos. Sin embargo, el asombro llegó cuando presentaron “dos canciones nuevas de hace 15 años”, y empezaron a  tocar ‘Evasión’ y ‘Aconcagua’, temas que mantienen esa fusión entre electricidad rockera y folclore desde lo percutivo. 

 

Escuchar en vivo a Taller Dejao –o volverlos a escuchar, en el caso de quienes los vieron en sus inicios– fue de esos momentos bonitos e imborrables que nos regala nuestra escena. Lo de anoche, ese reencuentro con estos ritmos de tres tiempos, ver a Javier golpear las cuerdas de su bajo con prepotencia, emulando riffs guitarreros, y a Daniel vibrar con estas primeras melodías inesperadas y de patrones inventados, de un rock imaginario, seguro será un recuerdo que se multiplicará con el boca en boca, con las crónicas, fotos y videos. Más que seguro, en algunos años más, muchos dirán que estuvieron ahí. El día que Taller Dejao se reunió y sumó otra anécdota más a su súbita y breve biografía.   

 

César Tudela

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