Stick Men + David Cross: recuerdos, emociones y potencia musical

La banda de Tony Levin dejó su impronta sonora en Chile

Ciclo Santiago Fusión
Teatro Nescafé de las Artes, Jueves 06 de septiembre de 2018

Tres generaciones de integrantes de King Crimson de diversas épocas y estéticas sonoras, se reunieron ayer en el cuarto concierto que la banda comandada por el stickista Tony Levin, Stick Men, ha realizado en Chile. Claro, porque aunque el mismo Levin y el baterista Pat Mastelotto, son actuales miembros del grupo de Robert Fripp, sus participaciones fueron en contextos y períodos distintos. Levin se unió al conjunto a principios de los 80 y grabó tres discos paradigmáticos del Rey Carmesí: “Disicpline”, “Three of A Perfect Pair” y “Beat”, mientras que Mastelotto entró al doble trío de mediados de los 90, haciendo equipo con Bill Bruford en la percusión y grabando álbumes como “Vroom”, “Thrak”, “Thrakattak” y, más adelante, ya en la década 2000, “The Construkction of Light” y “The Power to Believe”. Sin ir más lejos, la configuración instrumental más parecida a Stick Men, es la que grabó esto dos últimos títulos, con Trey Gunn en Warr Guitar.

Sin embargo, la novedad más importante de la formación, fue la incorporación del violinista David Cross, quien estuvo en la banda en los gloriosos años que se editaron los LP’s “Larks' Tongues in Aspic”, “Starless and Bible Black” y “Red”, entre 1973 y 1974. Por supuesto, que el rol de Markus Reuter en la touch guitar es también fundamental en el funcionamiento de la agrupación, pues nada más ni nada menos, es el encargado de la guitarra en las piezas propias y, a la hora de tocar a King Crimson, de hacer las secciones de Robert Fripp. Pese a toda la historia de la legendaria banda británica presente en la alineación y a los temas que tocaron de ellos, el show se concentró mayormente en piezas originales de Stick Men.

PET_9004.jpg

A las 21:05 horas, David Cross y Markus Reuter subieron al escenario, para abrir el show con una improvisación en violín y teclado. El instrumento de Cross sonaba claro y muy presente arriba de las bases del músico alemán. No obstante, con la llegada de Levin y Mastelotto, se pudo dimensionar la inmensa potencia del sonido en directo del cuarteto, que comenzó el show con dos composiciones propias: ‘Hide the Trees’ y ‘Cusp’. Entre las dos, Levin hizo en español la presentación formal de Cross en la banda y luego, el violinista contó la historia de ‘The Talking Drum’, pieza exploratoria nacida de la obsesión por el instrumento homónimo del percusionista de su época en King Crimson, Jamie Muir. Fue una interpretación llena de poderío, con Mastelotto inspirado en la parte introductoria, Levin perfecto haciendo la línea de bajo y Reuter con Cross improvisando con todo a través de esa sonoridad aguda y penetrante. El momento de mayor emoción llegó cuando, tal como está en el disco original de 1973, sin avisar, la banda pasó a ‘Larks' Tongues in Aspic, Part Two’, en una versión, simplemente, apabullante y poderosa. La historia del mejor rock progresivo de todos los tiempos ahí, en tiempo real. 

Pasado el impacto, el show siguió su curso natural con buenas composiciones de Stick Men –muchas de ellas adornadas con entretenidas anécdotas-, como ‘Crack in the Sky’, ‘Schattenhaft’, ‘Swimming in Tea’, nueva pieza dedicada a la memoria del no hace mucho fallecido guitarrista británico Allan Holdsworth - referente obligado para cualquier instrumentista de cuerdas-, ‘Plutonio’ y ‘Never the Same’, a la que se sumó el cover de Crimson del disco “Beat”, ‘Sartori in Tangier’.

Con Cross haciendo la sección de la guitarra introductoria de la original y los restantes integrantes en una interpretación magistral, uno de los puntos emotivos del concierto, llegó con una sólida versión de ‘Red’, a la que le siguió ‘Mantra’ del álbum “Prog Noir” de Stick Men. La improvisación ‘Shape of Starless’, obviamente basada en ese clásico setentero gigante de King Crimson llamado ‘Starless’, fue sin duda de gran emotividad debido a esa melodía de infinita tristeza. Sin embargo, la versión no contó con la extensa segunda parte instrumental de la original, cuestión que quedó saldada con una potentísima y desgarradora interpretación de ‘Level Five’,  la quinta parte de “Larks’ Tongues In Aspic’ de King Crimson, incluida en el álbum “The Power To Believe”. Finalmente, las 2 horas y 15 minutos de música de alto calibre, llegaron a su fin con la improvisación/composición, ‘Open’. Fue, sin duda, un concierto de recuerdos, emociones y calidad musical, con una banda que pese a adecuar la obra de King Crimson a su formato, siempre dejó en claro que tiene su identidad particular, con composiciones y una discografía propia.

Héctor Aravena A.
Fotos: Peter Haupt H.

Galería Asociada

Contenido Relacionado