Saxon: vigencia, poder y gloria

Emocionante regreso de los británicos

Viernes 8 de marzo - Club Blondie
Santiago - Chile

Como lo lee en el título, querido lector o lectora, la segunda venida de Saxon rondó en tres conceptos que también definen una carrera de cuatro décadas entregados en cuerpo y alma al heavy metal. Sin teloneros y sin pirotecnia, pero respaldados exclusivamente en una poderosa batería de canciones, la agrupación comandada por Biff Byford, Nibbs Carter, Nigel Glockler, Paul Quinn y Doug Scarratt brindó un espectáculo de primer nivel a ocho años de su debut en Chile. Supieron balancear de excelente manera lo moderno con lo clásico y aprovecharon el vigor de una audiencia que respondió a la altura de lo que significaba estar ante tremendas leyendas del género. Si en su primera venida se limitaron ante una concurrencia reducida que los veía como banda de culto, el aviso de sold out que Spider Prod puso en redes antes de comenzar el show, confirmaba que esta vez la casa estaría repleta como corresponde a su legado.

A pesar de que gran parte del encuentro recorrió los hits que los hicieron grandes, el grupo vive un auspicioso presente del cual se sienten orgullosos y no es para menos. La sonoridad más agresiva de ‘Thunderbolt’, ‘Sacrifice’, ‘Battering Ram’ o ‘Lionheart’ habla de un Saxon que toca con tanta energía como si estuvieran en sus inicios. Además, imprimieron esa misma vibra urgente al resto de su catálogo, lo que no se podría lograr si no estuviesen en tan buena forma. En ese sentido, es envidiable ver como Doug Scarratt y Paul Quinn hicieron gritar las seis cuerdas en ‘Frozen Rainbow’, con una sentida versión que exaltó las emociones más profundas. Pero no solo derrocharon emotividad con sus guitarras gemelas, sino que también fueron capaces de poner el contrapunto con otra de su debut como ‘Backs To The Wall’, que se escuchó corpulenta, provocadora y amenazante con armónicos y riffs que iban persiguiendo al auditor como si estuviera en una cacería.

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Y si hay un integrante que no se cansa de correr de un lado a otro como si se tratara de una persecución ese es el bajista Nibbs Carter. Su hiperquinética performance construyó los cimientos de una actuación intensa, derrochando entusiasmo en la ejecución de ‘Power and the Glory’ o ‘Dallas 1 PM’, apoyando con fuerza en los coros de ‘To Hell And Back Again’ y parándose junto al baterista Nigel Glockler para motivarlo en ‘Crusader’, en la que este último mostró todo su poderío con un redoble de miedo antes de que Biff empezará cantar. Simplemente alucinante, casi tanto como el carisma que el vocalista mostró en todo momento. Solo un domador de masas de tal naturaleza es capaz de pararse sobre una tarima y evaluar los coros del público en ‘Solid Ball of Rock’ hasta sacar lo mejor de ellos en un juego de voces que tuvo a toda la Blondie al servicio del frontman.

¿Momentos destacados? Varios a mencionar. Su nueva placa solo tuvo dos apariciones en todo el recital, la homónima que dio la partida y ‘They Played Rock N’ Roll’, emotivo homenaje a Motörhead que el combo ejecutó en el lenguaje del extinto trío inglés. El “polerómetro” indicaba que habían muchos fanáticos con vestimentas alusivas al Snaggletooth entre la multitud, por lo que no fue extraño que varios estallaran cuando escucharon a Lemmy diciendo su característica frase de presentación a través de los parlantes. Hubiese sido un bonito detalle poner el increíble videoclip oficial en la pantalla para resaltar el momento, pero desgraciadamente eso nunca ocurrió. De hecho, el uso de ésta fue bastante desprolijo, ya que hubo momentos en que el logo de la banda desaparecía y mostraba el escritorio del computador que la controlaba, lo que no ayudó mucho a la puesta en escena en ciertos momentos. Si bien Saxon no se caracteriza por utilizar un aparataje muy escandaloso, sí hubo un excelente uso de las luces en ‘747 (Strangers In The Night)’, generando tensión con su tonalidad en azul oscuro y con los focos girando como si estuvieran buscando a la nave aérea que se pierde en la canción.

Sin lugar a dudas, lo más hilarante ocurrió a la mitad del concierto. Biff mencionó que el setlist cambiaba todas las noches y que podía ser a pedido de la gente. ¿Las opciones? ‘20,000 Ft’, ‘Hungry Years’, ‘Solid Ball Of Rock’ o ‘Ride Like The Wind’. El vocalista preguntó si el respetable estaba seguro de escoger el cover de Christopher Cross, a lo que una Blondie repleta contestó que sí y se lanzaron con el clásico. Es verdad que las otras opciones eran más atractivas desde el punto de vista del fanático más acérrimo, pero una versión tan potente y disfrutable como la del hit ochentero no podía pasar por alto. Otra circunstancia histórica será la entrega de las banderas que el vocalista prometió poner en su sala de ensayo para recordar al público chileno. Cuando recibió la mapuche, Biff preguntó si “¿esta era una bandera buena o mala?”, y logró entender que era un gesto positivo. Tras ello, y en una jugada del destino, se lanzaron a tocar ‘Never Surrender’, lo que en el contexto de lucha cobró todo el sentido del mundo. Los fieles estuvieron animados en todo momento, con mosh pits puntuales en la requerida ‘Heavy Metal Thunder’, la veloz ‘Motorcycle Man’ y en ese verdadero himno que es ‘Princess of the Night, siendo esta última un broche de oro perfecto que lució salvaje, rompedor y galopante, complementado por un doble bombo que funcionó con una precisión milimétrica.     
 
La abarrotada discoteca santiaguina tuvo una vibra exquisita, incluso, el fanático más imaginativo podía cerrar los ojos mientras sonaba ‘Strong Arm of The Law’ o ‘Wheels of Steel’ y fantasear con cómo habría sido verlos mientras grababan el disco en vivo “The Eagle Has Landed” (1982), serie de la cual planean sacar otro material, o remontarse a los días en que iban a la tienda especializada, copiaban el cassette y leían las revistas de rock como pregona ‘Denim And Leather’. Al abrir los ojos, Biff Byford está con su teléfono captando la locura en vivo, totalmente conectado con el presente. Ahí es cuando evidenciamos que la banda construye un puente perfecto entre su espectacular estatus de íconos del metal ochentero y una actualidad gloriosa que los mantiene en el lugar que merecen. Saxon refleja ese amor romántico por la cultura del metal que se entiende al escuchar ‘And The Bands Played On’, por lo que esta vez era vital acudir al llamado del águila para vivir en carne propia la vigencia, el poder y la gloria del brazo armado del metal en su aniversario número 40. Las segundas partes también pueden ser buenas.  
 
Pablo Cerda
Fotos: Juan Pablo Maralla

 

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