SAXON

¡Con todo el poder y la gloria!

La historia dice que los Vikingos llegaron a América 500 años antes que Cristóbal Colón. Lo cierto es que la espera por el regreso de un sajón por estas tierras se sintió como una milenaria eternidad. Pero no hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla, por ello era una noche histórica en un año realmente excepcional e inolvidable para el Heavy Metal, con grandes visitas como Ozzy Osbourne, Iron Maiden, U.D.O., Accept y Judas Priest. Si 20 años atrás alguien nos hubiera dicho que algún día podríamos ver bandas de este calibre en un mismo año, nos hubiéramos reído en la cara de ese vil personaje. Pero los sueños se hacen realidad y finalmente Saxon llego a Chile a pagar su deuda con doblones de oro puro.

 

Antes, a eso de las 20:15 de la noche, el quinteto nacional Battlerage saltó al escenario a interpretar su correcto “true metal” de poderosas guitarras, donde presentaron algunos cortes de su muy buen disco “Blood Fire Steel”, como ‘War machine’ por ejemplo. Pero el problema fue que su sonidista puso el volumen tan alto, que todo estaba al borde de la saturación, castigando innecesariamente los tímpanos del público, en una peligrosa y poco saludable decisión. Lo cierto es que si se pretende impresionar a la concurrencia con un nivel de decibeles tan alto, al final el efecto le termina jugando en contra a la propia banda, porque cuando te enfrentas a un muro de ruido, se pierden todos los matices, melodías y detalles de la interpretación de un grupo que tiene una alta cuota técnica en sus guitarras por ejemplo y que se diluye irremediablemente como sucedió cuando tocaron la canción homónima con el nombre de la banda. Tomen el ejemplo de los propios Saxon, que sonaron con potencia, pero con un menor nivel de volumen, lo que permite disfrutar un sonido de calidad, bien balanceado, y con todos los detalles que cada instrumento aporta por separado.

 

Un gran telón con la portada del single del nuevo disco “A Call To Arms” y una muralla de amplificadores a cada lado de la plataforma de la batería, al más puro estilo de la vieja escuela de la NWOBHM, de la cual Saxon es uno de sus más ilustres representantes, eran el marco escenográfico para el show. Miembros de Sepultura y Machine Head se encontraban en uno de los palcos para disfrutar del gran momento como cualquier fan del Metal. Sólo pregúntenle a Robb Flynn si Machine Head existiría si no hubiera escuchado en su adolescencia una banda como Saxon. Por ello, la entrada de la banda fue triunfal y tras una intro arrancaron con todo con ‘Hammer of the gods’ del nuevo álbum. Saxon siempre ha tenido una reputación de ser una banda “aplastante” en vivo y ahora pudimos comprobar tales pergaminos en carne propia. El inicio matador fue rubricado de inmediato con el primer par de clásicos de la noche y así cayó un doblete con ‘Heavy metal thunder’ y ‘Never surrender’, de la primera época de la banda. Doug Scarratt y Paul Quinn conforman una temible y solvente dupla de guitarras, tal como el estilo lo amerita, donde sus riffs sonaban durísimos y sus solos fluían llenos de magia en sus dedos. La base rítmica con Nibbs Carter en bajo y el legendario Nigel Glocker en batería es puro poder, todo coronado de forma magnífica por el gran Biff Byford, que mantiene un gran estado vocal, aparte de ser un tremendo frontman, llenó de energía, carisma y en permanente comunicación con la audiencia.

 

Todo siguió con ‘Chasing the bullet’ del nuevo disco para seguir con más clásicos de la talla de ‘Motorcycle man’ y luego tocar otra nueva, la grandiosa ‘Back in 79’, con un groove lento y pesadísimo del tremendo Nigel Glocker, que a pesar de sus años, le sigue pegando durísimo a los tambores. Luego Biff recordó el primer festival Monsters of Rock de 1980 en Castle Donington, Inglaterra, con Rainbow, Judas Priest, Scorpions, April Wine, Saxon, Riot y Touch en el cartel, para dar paso a la primera sorpresa de la noche con el himno de ‘And the bands played on’ corte que no venían tocando en los shows previos. Tremendo momento. ‘Battalions of steel’ fue la siguiente para dar paso a la balada épica que le da título al nuevo disco, que habla de los horrores de la Primera Guerra Mundial. Otra histórica, que tampoco venían tocando, fue la inmensa y genial ‘Dallas 1 pm’, que cuenta la historia del asesinato del presidente John Fiztgerald Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas a la 1 de la tarde. Temazo. ‘Rock ‘n’ roll gypsies’ que Biff dijo que era de 1986 (que en rigor es del ’85 del álbum “Innocence Is No Excuse”), fue la siguiente, para seguir con más material nuevo con ‘Mist of avalon’ y otra sorpresa mayúscula con la pesada ‘Battle cry’ del disco “Rock The Nations” de 1986, donde Nigel Glocker pisó los pedales de los bombos a fondo. ‘When doomsday comes’ fue el último tema del disco nuevo, para luego recordar a Ronnie James Dio y tocar en su honor el himno ‘Denim and leather’ y seguir con furia con ’20.000 ft’.


Otro tema tocado especialmente para el show de Chile fue una que “mucha gente me preguntó si íbamos a tocar, no es nuestra, es un cover” dijo Biff e irrumpieron con una genial y muy vitoreada versión de ‘Ride like the wind’ original del baladista norteamericano Christopher Cross, pero que Saxon convirtió en un himno del Heavy Metal. Todo llegó a su fin  con ‘Wheels of steel’. Pero había mucho más, porque en el primer bis, el grupo arrancó con ese inmenso y epopéyico ‘Crusader’, quizás uno de los himnos más emotivos de la historia del metal, para seguir con todo el ímpetu con ‘747 (strangers of the night)’, un solo de guitarra de Doug Scarratt y rematar con ‘Power and the glory’ en un setlist sencillamente fantástico. Pero hubo más aún y el segundo bis se inició con un solo de bajo de Nibbs Carter para terminar de pasar la aplanadora con ‘Strong arm of the law’ y la maravillosa ‘Princess of the night’ para cerrar 120 minutos de puro y clásico Heavy Metal, en una velada sencillamente inolvidable.

 

Saxon, vino, conquistó y venció y la sensación que quedó en el aire, fue la misma que se vivió en el show de Accept en mayo pasado, el que habíamos vivido una noche única e irrepetible y el que no fue, nunca podrá realmente entender todo lo que se perdió.

 

Cristián Pavez

Fotos: Sebastián Jimenez

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