RUSH

Una máquina del tiempo futuro

Estadio Nacional
Domingo 17 de octubre de 2010

La expectativa de ver a Rush en Chile había crecido enormemente en los últimos años, ya que numerosas veces se había anunciado su visita sin éxito. En nuestro país, siempre ha existido un culto especial por el trío canadiense y el gusto por su música es absolutamente transversal. Por estos motivos, el histórico concierto, que al fin se concretó anoche, era uno de los actos más ansiados de ver en vivo, por los miles de admiradores de la abultada y celebrada obra de Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart. Y la verdad, es que con las tres horas de música que ofreció la banda, con temas de todas sus épocas, nadie se pudo haber ido disconforme.

A las 9 de la noche en punto, como estaba pronosticado, se apagaron las luces del estadio y la emoción contenida, al fin tuvo su válvula de escape. El comienzo fue bastante atípico, con un video humorístico que se podía ver en una pantalla gigante que estaba atrás del escenario. Interpretando personajes de ficción, los tres integrantes disfrazados hacían una parodia de su propia imagen y música. Por supuesto que todo esto no era comedia por comedia, sino que en el video se explicaba la idea de la gira: “Time Machine Tour”. Lifeson, disfrazado de un desagradable hombre obeso, apretaba sin querer el botón de la máquina del tiempo para, más allá del chiste, ir recorriendo los casi 40 años de carrera de la banda.

Y el principio no podía haber sido más auspicioso, con la interpretación del clásico de clásicos, ‘The Spirit of Radio’ de un discazo como lo es “Permanent Waves” de 1980. La alegría del público, que por años esperaba este momento, desbordaba el estadio en vibración positiva pura. El sonido llenaba el recinto con prestancia y potencia; las imágenes al fondo, iban reproduciendo la imaginería o temática, no sólo en esta canción, sino que en todas las que interpretaron en el concierto.

Un universo aparte fue la puesta en escena en general de la banda: el escenario era una máquina del tiempo, el set de iluminación no dejó de sorprender mientras avanzaba el show, el trabajo de arte visual, los efectos especiales y hasta los personajes disfrazados, que aparecían de pronto, estaban estrechamente ligados a la música. Era un espectáculo –digamos- multidisciplinario, que transcurría de manera paralelo a las canciones, complementándolas con teatro, video, comedia, animación, diseño, etc. Hasta los platillos de Neil Peart, tenían unos dibujos brillantes que llamaban la atención.

El concierto continuó con una correcta versión de la popular ‘Time Stand Still’ de otro álbum de cabecera como “Hold Your Fire". Por momentos, la voz de Lee parecía destemplada en los tonos altos, demostrando –creo- la pasión y euforia del cantante frente a las 40 mil personas que llegaron al lugar. El bajo Fender y un sonido más moderno, reemplazaba su imagen más legendaria junto al clásico Rickenbacker.

En todo caso, su papel de hombre orquesta encargado del teclado, el bajo, la voz y los pedales, se mantuvo inmutable, demostrando todo el talento de uno de los grandes. Lee no sólo es un bajista dotado técnicamente, sino que quien llevó al instrumento de cuatro cuerdas –junto a Chris Squire de Yes- a un sitial de preponderancia que no tenía antes en la música popular. Por su parte, Peart –otro gigante- y Lifeson, desarrollaban sus partes con soltura, confeccionando ese sonido, marca registrada de los canadienses.

Además de agradecer y mostrarse muy receptivo, lo primero que dijo Lee –era de esperarse- fue acerca de los 33 mineros rescatados, sacando los aplausos de la audiencia. Las imágenes del conejo y el mago se fundían con la versión de ‘Presto’ del disco homónimo de 1989, mientras que ‘Stick It Out’ de “Counterparts” de 1993, seguía demostrando que el show era realmente una retrospectiva de su historia, que iba hacia delante y atrás en la máquina del tiempo. Luego, vino una seguidilla de temas de su período más reciente: ‘Workin’ Them Angels’ y ‘Faithless’ de “Snake And Arrows” de 2007 y ‘Leave That Thing Alone’, también de “Counterparts”, esencia del sonido de la banda a principios de los 90.

La sorpresa fue mayúscula con la presentación del nuevo single, ‘BU2B’, adelanto del álbum por venir, “Clockwork Angels”. Un tema en extremo pesado, con mucha onda y que demostró, los nuevos caminos musicales que la banda ha desarrollado desde “Vapor Trails”: mucho más rockeros y dejando atrás cada vez más la predominancia de los sintetizadores y el formato más pop-rock que comenzó a ganar terreno desde mediados de los ochenta. Para variar, una reinvención y nuevo enfoque en la música del trío.

Tras la demostración de la vigencia creativa de la agrupación, llegó uno de los momentos altos del concierto, con la impecable interpretación del clásico ‘Free Will’ de “Permanent Waves”. El concierto no bajó su intensidad con ‘Marathon’ de “Power Windows” de 1985 y sobre todo, con ‘Subdivisions’, gran composición del álbum “Signals”, que demostró las cualidades como tecladista de Lee. En paralelo, las imágenes de la pantalla, iban exponiendo toda la imaginería de uno y otro tema y la máquina del tiempo, conjugaba pasado, presente y futuro, exhibiendo toda la carrera del grupo con equilibrio casi matemático.

Luego de un receso de unos 15 o 20 minutos, vino lo que todos estaban esperando: la interpretación íntegra del disco más exitoso –y para muchos-, el mejor de la longeva trayectoria de los canadienses. Nada más ni nada menos que “Moving Pictures” de 1981. Como siempre, precedido del video introductorio con situaciones surreales y divertidas de los miembros, la segunda parte del evento, comenzó con el que debe ser el tema más relevante de la historia de Rush. ‘Tom Sawyer’ fue un regalo invaluable para los miles de fans, que cantaron a todo dar el tema. Qué baterista de peso y técnica es Neil Peart y Lifeson, en sus limitaciones, es un grande del sentimiento y la melodía en su guitarra. Para qué hablar de Lee, que ya con su voz aceitada, cantaba a todo dar y al mismo tiempo, ejecutaba la inmortal línea de bajo y teclado.

La tensión no bajó un ápice con ‘Red Barchetta’, mientras unos autos animados podían verse en el telón de fondo. La instrumental ‘YYZ’ fue otro de los momentos memorables, con 40 mil personas haciendo la melodía de la guitarra con la voz. Una interpretación sublime, de uno de los clásicos instrumentales, no sólo más grandes de la historia de Rush, sino que de la música instrumental dentro del rock. La versión de la más liviana ‘Limelight’ fue el tema preciso, para entrar al tema más denso y complejo de “Moving Pictures”. ‘The Camera Eye’ recordó el mejor estilo progresivo de la agrupación, con partes intrincadas, exploración de sonidos y estructuras complejas, lejanas al formato de canción más tradicional. Diez minutos de deleite musical.

Para los más fanáticos, ‘Witch Hunt’ siguió de manera correcta el álbum, tocado en el mismo orden original. El formato del recital recordaba en todo momento a lo hecho por Roger Waters en el mismo escenario en 2007. Una primera parte con canciones de varios discos y después, la ejecución completa de “The Dark Side Of The Moon”, para terminar con clásicos inmortales de toda su trayectoria. Rush hizo algo parecido, ya que después del final de “Moving Pictures” con ‘Vital Signs’, la banda cerró la última parte del concierto de manera genial.

De hecho, ya habían pasado dos horas de actuación y la sensación temporal interna, era como si recién el concierto estuviera comenzando o que hubiese pasado recién media hora. Por supuesto, que aquello era una demostración de lo increíble que había sido y seguía siendo el recital, sin un minuto para distraerse o desanimarse. Además, la atención al show, era acrecentado por una especie de grúa gigante de iluminación, que en algunos momentos bajaba, para crear un alucinante efecto sensorial a través de los colores y los matices que generaba.

Tras la presentación de ‘Caravan’, el segundo nuevo tema de adelanto que aparecerá en “Clockwork Angels” –que no llamó tanto la atención como la anterior “BU2B”-, fue el turno para el solo obligado de Neil Peart. Un show de Rush sin solo de batería no es un concierto de Rush. Se trató de un solo tradicional en una primera etapa, pero que fue evolucionando mientras avanzaba, hacia lugares asombrosos. Al principio, todo el talento despegado por Peart en la batería acústica, hacia rememorar un disco en vivo fundamental como “Exit… Stage Left”. Sin embargo, después el percusionista comenzó a utilizar sus artefactos electrónicos, creando más que un solo, una verdadera pieza musical, que se desenvolvía entre lo étnico y lo espacial. Al final y, nuevamente cambiando absolutamente de rumbo, Peart tributó a sus influencias primarias, como si fuera un baterista de una big band, con un video simplemente genial en la pantalla del fondo. La presencia de Gene Krupa, el primer percusionista que le dio una predominancia a la batería en el siglo XX, estaba sin duda presente en esta parte final en solitario.

Ver un solo de Neil Peart en vivo es el sueño de cualquier seguidor de Rush y, en general, de todo quien se considere amante de la música rock. Pasado el trance, apareció Lifeson con una guitarra de 12 cuerdas e hizo una hermosa introducción para otro de los clásicos de clásicos. ‘Closer To The Heart’ de “A Farewell To Kings" (1977), también fue uno de los inolvidables momentos del concierto, aunque una modificación de la misma en la segunda parte, me pareció un tanto extraña y -aunque lúdica-, hubiese preferido escuchar el formato original.

Sin embargo, la máquina del tiempo, que se presentaba ante nuestros ojos en tiempo real, fue más al pasado para llegar a otra de las obras fundamentales de la agrupación. La introducción de “2112” (1976), con las muy rockeras ‘Overture’ y “The Temple Of Syrinx”, fue un regalo invaluable para los fans. Además, el escenario con la estrella roja característica del disco, era el ambiente perfecto para escuchar semejantes clásicos. Creo que no me equivoco al afirmar que fue el momento más “prendido” de todo el concierto, con todo el público saltando, haciendo los riffs inmortales con la voz o cantando a todo pulmón “The Temple Of Syrinx”.

A pesar de lo potente de estos clásicos, el show aún tenía varias cosas que ofrecer, partiendo por el tema que abre “Snake And Arrows”, ‘Far Cry’ y, posteriormente, con las dos composiciones del encore. El primero fue, incuestionablemente, otro de los momentos históricos del concierto. La ejecución impecable de la instrumental ‘La Villa Strangiato’ de “Hemispheres” (1978), fue un regalo pasmoso que la máquina del tiempo de Rush nos tenía preparado. Una versión impecable –tal vez un poco más lenta-, pero que sin duda, remeció a los asistentes de una noche, que ya tomaba ribetes históricos. Y si de historia pretérita se trata, la remozada versión de ‘Working Man’ del disco debut de 1974, nos hizo viajar hasta el inicio mismo de la trayectoria de Rush, que tres horas antes, habíamos comenzado a recorrer con ‘Spirit Of Radio’. Más allá de la potencia simbólica que tuvo la ejecución de ‘Working Man’, su remozada versión –me imagino por un tema de adecuo vocal por parte de Lee-, no fue lo que se hubiese esperado del hard-rock punzante y “zeppeliano” de la original.

Qué faltó este o el otro tema sería una discusión eterna en la que cada uno podrá tener su opinión. En mi caso, me hubiese gustado escuchar, por ejemplo, ‘Xanadu’ o ‘Red Sector A’, pero nadie puede estar en desacuerdo que lo de anoche fue una experiencia atronadora, con un set list para todos los gustos, con los clásicos de siempre y más encima, con temas nuevos que aún no se han editado. Claro, fue un show esencialmente de las glorias del pasado, pero con una banda que mira y piensa en el futuro con la certeza, de que son uno de los actos, más potentes de la música rock de todos los tiempos. Ya muchos podrán morir en paz. Eso es seguro.

Héctor Aravena A.
Fotos: Ignacio Orrego G

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