Richie Ramone: Aullando a la luna

La celebración del baterista más propositivo de los Ramones
Richie Ramone: Aullando a la luna

Viernes 11 de mayo, 2018
Club Blondie

Tras su esperado debut el 2016 en el Club Rock & Guitarras y su exitoso show en La Batuta en julio de 2017, la noticia del regreso del mítico baterista a nuestro país sencillamente dejó de ser una sorpresa. Richie Ramone ya es un número habitual. Un hombre de la casa. Por esta razón, su tercera visita consecutiva a Chile debía ser en un lugar como la Blondie, un hogar mayor, de más convocatoria y altamente significativo para la contracultura santiaguina.

Desde temprano se percibía entonces un ambiente familiar y de relajo. Entre las chaquetas de cuero, camisetas de los Ramones, zapatillas chapulinas y un grupo etario heterogéneo (que iban desde veinteañeros a cuarentones), los músicos chilenos encargados de abrir el espectáculo paseaban y conversaban con los primeros asistentes antes de iniciar sus shows. “Vamos a empezar a animar la cosa… vengan a hacernos el aguante”, decía Sebastián Etcheberry en frente de Durango 95. Un show breve, de cinco canciones que no superó los 15 minutos y que, pese a dificultades técnicas constantes en la presentación, ofreció un entremés con interesantes momentos como el cierre de la ramonera versión de ‘Siguiendo la luna’ de Los Fabulosos Cadillacs. Luego, a las 10:00 de la noche, llegaba el turno de Los Jotes. La clásica banda de Talca tiene un amplio camino abriendo a importantes referentes del punk internacional (Attaque 77, 2 Minutos) y el oficio se sintió. Encargados de telonear el inicio de la gira latinoamericana de Richie Ramone en Londrina (Brasil), Los Jotes congregaron lentamente a un público que sumaba a más de un centenar de personas en la pista central, con canciones como ‘Instinto animal’, ‘Inmortal’ y la clásica ‘Envuelto en llamas’. Pero el invitado central era Richie, y así lo hizo notar. Sin pudor, la banda ingresó al escenario, probó sus instrumentos, dio instrucciones y conversó con los fans, dando cuenta del tono simétrico entre músicos y público que iba a tener la presentación. Así, a las 11:15 se disparaban los primeros acordes con ‘Durango’ y el icónico “one, two, three, four” a cargo de Clare Misstake, que daba la orden para ‘I don´t wanna go down to te basement’. Blondie ya era una fiesta.



Las primeras cinco canciones pertenecieron al clásico cuarteto newyorkino, con un Richie Ramone que cambió desde la batería hacia el rol de frontman, pero de una estrecha cercanía con los fans, que hicieron de ‘I don´t care’ un verdadero karaoke de 300 personas. Sin embargo, en lo estrictamente musical, los momentos más interesantes serían las canciones de su repertorio solista. En ´Better than man´ la banda sonó concreta y sólida, marcando una notoria diferencia en las interpretaciones de los clásicos de los Ramones y éstas, donde se apropiaron del ímpetu de la composición, destacando la sentida ejecución del guitarrista Glenn Gilbert y el multifacético Ben Reagan, que zigzageo entre la guitarra rítmica y la batería. Con esta actitud, repertorio y fiato entre músicos, el resto del show era sólo confirmación de una presentación donde el rock n’ roll sería el protagonista y la fiesta la consigna. Así vendrían altísimos momentos, como el primer mosh en ‘Animal boy’, las inmortales ‘Blitzkrieg bop’, ‘Judy is a punk’ y ‘Sheena is a punk rocker’, las curiosas (y agradecidas) versiones de ‘Enjoy the silence’ de Depeche Mode y ‘Have you ever seen the rain’ de Creedence Clearwater Revival, y la excelente ejecución de ‘I’m not Jesus’, donde Richie demuestra porque fue el más propositivo baterista de los Ramones en sus décadas de existencia.

Si de algo saben los Ramones es de pulso, y Richie lo asume en sus presentaciones. Pero es injusto reducir la presentación a una cuestión exclusivamente musical (que, por cierto, es de mucha calidad). Lo de Richie Ramone es una celebración basado en un repertorio de canciones de su época con los Ramones, clásicos de la formación icónica del cuarteto, repertorio en solitario y entretenidas versiones de referentes mundiales del rock y el pop, que sirven como pretexto para aunar a jóvenes de las más diversas edades a reivindicar que el punk no ha muerto, para restregarlo en la cara a quienes han querido profesarlo sin éxito.

Cristofer Rodríguez
Fotos: Juan Pablo Maralla

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