RADIOHEAD

Ahora sí

Pista Atlética del Estadio Nacional
27 de marzo de 2009

Quedarse con la impresión de que un show de Radiohead era un encuentro de los muertos vivientes, como había sido la atmósfera de la noche del jueves 26, era un crimen para tamaña agrupación. Personalmente, sabía que aquella jornada fue algo fuera de lo normal: que estos ingleses no acostumbra a cometer errores en la interpretación, y que su música sí puede emocionar y electrizar el ambiente, contrario a lo que muchos dijeron en estas horas.

El caricaturesco oportunismo de quienes acusan su obra de carecer de alma y energía, es tan patético como las mediocres justificaciones de que un show como este se tiene que observar en silencio. Patrañas. Los fans más auténticos estaban citados para el viernes 27, no para el día anterior. El aire recuperó su humedad, y aunque alguien pueda señalar que artistas de su categoría no necesitan feedback, sí fue perceptible que Radiohead sintió el cambio de temperatura, y exigió sus capacidades al máximo. El del viernes, la última noche de Radiohead en Chile, sí fue inolvidable. Sí fue un hito. Y sí será un concierto que marcará generaciones.

Hacemos un paréntesis, para sintetizar en un par de líneas lo que fue Kraftwerk en sus dos actuaciones. Padres de la electrónica, alemanes hasta la médula, robotizados hasta el agotamiento. Lo suyo podrá tener todos los méritos artísticos que quieran, pero su show “en vivo” tiene muy poca vida, muy poco para compartir, aparte de remezclas de su propia obra. Sí sacaron lo mejor de su repertorio, con clásicos como ‘The Man Machine’, ‘Tour de France’, ‘Model’, ‘Radioactivity’, ‘Robots’, ‘Boing Boom Tschak’ y la más notable de sus entregas, ‘Autobahn’.

Kraftwerk es capaz de usar la repetición como arma principal sin caer en la monotonía. El intercambio de roles entre ritmo y melodía todavía sorprende. Y en su sonido encontramos semillas para la música industrial y el post-punk. Pero eso es en lo netamente musical. En directo, repito, su música carece de humanidad, y por eso cuesta contagiar a los que no son fanáticos del estilo. Aún así, su inclusión no fue casual ni errada: no es difícil imaginar a Thom Yorke pasando una mala noche con pesadillas musicalizadas constantemente por estos germanos. Desde ese prisma, valía la pena llegar un rato antes a escucharlos.

Ahora sí. Segundo y último encuentro en la Pista Atlética, y no quedaba margen de error. Radiohead estaba culminando su gira sudamericana, por lo que esperábamos también un gesto, algo que diferenciara a este concierto de todos los que hicieron en su paso por el continente. 21 horas en punto, los 5 músicos a escena, y Yorke que no se sienta ni al piano ni se cuelga su guitarra. Brazos en alto, una sonrisa en el rostro, y sin más preámbulo, desembarcan en ‘Creep’. Listo. “¿Eso es lo que querían? Ahora pueden irse” parecía ser la primera interpretación de tamaña sorpresa. Pero abrir con el tema que cerró la primera noche, a la larga terminó siendo una manera de comunicar que esta presentación sería completamente opuesta a su debut en nuestras tierras.

‘The National Anthem’ y ‘15 Step’ fueron tremendamente coreadas, contagiando el entusiasmo desde abajo hacia arriba del escenario. ‘There There’, sublime segundo a segundo. ‘All I Need’, con la llegada que el primer día no tuvo, y un coro que se retumbaba hasta en las estrellas. Y ‘Nude’, bellísima.

Por los nombres, podrá suponerse que con casi las mismas canciones, un show no dista mucho del otro. Error. En la recepción hay una clave (los temas de “In Rainbows”, cantados verso por verso), y en la interpretación está la otra (la delicadeza y hermosura de ‘Nude’ esta segunda pasada me dejó completamente manso).

‘Weird Fishes/Arpeggi’ pasó rondando la perfección, y aterrizamos en uno de los peaks del primer día, ‘The Gloaming’. Y otra vez. No falla. Sus latidos parecieran los propios de Thom, y esta vez el baile del líder del grupo pareció contagiar a más de alguno. Brillante. Y el sonido, cuánta fidelidad, en perfecto equilibrio, corregidos los problemas de volumen de la segunda voz de Ed el primer día.

Era hora de que las sorpresas llegaran de manera más continua. Ahí apareció quizás la gran joya de toda esta visita a Chile, ‘Climbing Up the Walls’. Ahí sí, pudimos ver la mejor cara de Radiohead. Jonny Greenwood es un auténtico genio, y hombre orquesta de verdad, y pareciera que no hay nada que él no pueda hacer. Los aplausos también recaen constantemente en la incomparable base rítmica formada por Colin y Phil, que ahora sí que funcionaron como un reloj. Pero con ese regalo que fue ‘Climbing Up the Walls’, es imperativo hacer un alto para aplaudir a Ed O’Brien. Las armonías vocales que hace son exquisitas, y la guitarra que aportó a esta joyita me pusieron de rodillas. Que banda más increíble.

‘No Surprises’ hizo otro saludo a los nostálgicos de los noventas. ‘Videotape’ mantuvo la calidez como marco para este segmento. Oír ‘Morning Bell’ era impensado, y mantuvo los espíritus bien arriba. Aprovechando la luminosidad del momento, ‘Reckoner’ fue como una sala de espejos, en que las emociones de unos se confundían con la alegría de otros, y fue un buen minuto para bailar.

‘Just’ tenía una deuda que pagar, y lo hizo casi por completo. Un cable traicionero volvió a hacer tambalear el ataque guitarrero de Radiohead, pero esta vez salieron mucho mejor del paso. Con la velocidad que avanzaba la presentación, la llegada a ‘Idioteque’ fue casi de golpe. En mi libreta leo que al lado del nombre del tema, aparece dos veces la palabra “increíble” anotada. No creo que tenga que explayarme otra vez. El bailecillo de Yorke ya estaba aprendido, los saltos del público, las voces en alto, y las luces… todos factores fundamentales para hacer de este corte los mejores minutos de Radiohead en vivo. No sólo hoy, sino en toda esta gira 2008-2009. A esta altura, no había duda que el público estaba en otra, sí respondía como uno lo imaginaba, y esa energía llenaba el escenario y empujaba a Radiohead a ir siempre un paso más allá.

Cuando nos cruzamos con ‘Exit Music (For a Film)’, quedamos todos con un nudo en la garganta. Ésta sí que era una canción para seguir en silencio. Pero una cosa es estar pasivo (jueves) y la otra es quedarse anonadado. Otra gema invaluable en esta mágica noche. Y para no terminar tan abajo, ‘Bodysnatchers’ concluyó la primera fracción del espectáculo con potencia.

Regresaron de inmediato, a pagar otro saldo impago. ‘Jigsaw Falling Into Place’, pulida, brillante, y con una cuota de adrenalina que sólo una notable performance en vivo podía darle. ‘Dollars and Cents’ también sorprendió, no así ‘House of Cards’, que es quizás la única de “In Rainbows” que genera cierta indiferencia.

Todos querían algo más de “The Bends”, y difícilmente otra canción encajaba tan bien como ‘Street Spirit (Fade Out)’. Abrumadora. Me quedé sin adjetivos, con todo el mundo coreándola con desgarrador compromiso, y una magnífica agrupación en escena. Jonny Greenwood superó el umbral de lo humanamente alcanzable, tocando el piano con el mástil de su guitarra. Sin palabras. Y como si eso no hubiese sido suficiente, Thom se sentó en el teclado y comenzó a entonar ‘The One I Love’ de R.E.M., a modo de intro para ‘Everything in its Right Place’, la justa clausura del primer bis. Pero habría otro.

El último tranco de la estadía de Radiohead en Chile fue de primera. ‘Go Slowly’ sólo puede ser considerada como un regalo. De aquella incolora paz, saltamos a ‘2+2=5’, brutal. Cuando Ed, Thom y Jonny se cuelgan sus eléctricas al mismo tiempo, el quinteto ratifica que si, como dicen varios, dejaron de ser “una banda de guitarras”, es por propia elección, y no por falta de recursos. La algarabía era generalizada, Yorke invitó a los asistentes a la fiesta after-show, y Colin no dejaba de saltar a un costado de la batería.

Para cerrar, la perla. ‘Paranoid Android’, en una versión difícil de igualar, e imposible de seguir. Ed también quiso contagiarse del espíritu fiestero, y se sacó el retorno para moverse con mayor soltura y cantar junto al público. Por muchas canciones que les hayan faltado (partiendo por ‘Fake Plastic Trees’, ‘My Iron Lung’ y ‘Lucky’), no podían continuar después de eso. Había sido un cierre redondo.

El respetable pudo haberse quedado aplaudiendo dos horas más, y no terminarían de hacer justicia a lo que habíamos presenciado. Tan así, que quedé con la impresión que después de eso, el primer recital quedó reducido a una simple anécdota. El show que todos esperaban, el que merecía los títulos y la expectación de la prensa era éste. Más de 25 mil personas tuvimos la fortuna de estar ahí. Del frío al calor en 24 horas. De la tierra al cielo. De un recital a un hito. Ahora sí, Radiohead histórico.

Juan Ignacio Cornejo K.
Fotos: Ignacio Orrego

tags