Philip H. Anselmo: revolución es su nombre

Vulgar demostración de poder en el Teatro Cariola

Jueves 24 de enero, 2019
Teatro Cariola

Día difícil para los amantes del sonido noventero. Si bien, las audiencias no tienen que ser exactamente las mismas, era al menos curioso que dos estandartes rockeros de la generación X pasaran por Santiago en las mismas fechas, síndrome de una abultada cartelera que no quiere dar tregua. Y mientras el combo liderado por Les Claypool impartía clases de virtuosismo en el Teatro Coliseo, Phil Anselmo desataba el infierno en el Cariola solo a unas cuantas calles de distancia, dando el puntapié inicial a dos recitales totalmente vendidos que, según las palabras del propio cantante, serían distintos entre sí e iniciarán el periplo en Sudamérica luego de algunos cambios de agenda en el tramo nacional.
 
Bastaba con bucear un poco en la web para notar que el concierto se dividiría en dos partes, la primera dedicada a las creaciones que el de Nueva Orleans comparte con The Illegals y una segunda volcada de lleno a recorrer la magistral historia de Pantera. Frente a estos hechos y conociendo el fervor criollo por el catálogo de los vaqueros del infierno, había preguntas que caían de cajón: ¿cuál sería la reacción del público ante el primer tramo? ¿La ansiedad por lo acuñado con Brown y los hermanos Abbott tendría algún efecto? ¿Cómo reaccionaría Anselmo si los fanáticos se volvían muy insistentes?
 
El ambiente estuvo cargado de energía desde el principio. El sector de platea en el segundo piso del recinto se llenó rápidamente, y, en paralelo, la cancha se repletaba al son de hitazos de Black Sabbath, The Ramones, Misfits, Judas Priest y King Diamond, entre otros. La cerveza y otras sustancias eran parte de una previa animada que cada vez se tornaba más inquietante, especialmente cuando el reloj avanzaba por sobre la hora pactada y el escenario aún lucía vacío. A las 21:20 se apagaron las luces y los músicos pasaron a tomar sus instrumentos, a la vez que Phil Anselmo se empapaba de la devoción local. “Santiago, quiero que se vuelvan locos. ¡Manos arriba! ”, espetó antes de lanzarse con el grito desgarrador de ‘Bedridden’. La locura de la extrema propuesta tomó por asalto a los asistentes, quienes respondieron positivamente ante la brutalidad de ‘Little Fucking Heroes’ y  ‘Choosing Mental Illness’, que pasan sin escalas por el death metal, el black metal, el hardcore, el thrash y el sludge, a veces todo junto en una sola canción, lo que asegura una estadía en lugar más desquiciado que el metal puede ofrecer. Tras casi 20 minutos de actuación, la impaciencia se hacía sentir y la hinchada demandaba escuchar algo de Pantera. Anselmo, mostrándose comprensivo y sabiendo que este sería el panorama más probable, esbozó una sonrisa, llamó a la calma y anunció lo último de su faceta con The Illegals: ‘Photographic Taunts’ y ‘Walk Through Exits Only’. Durante todo este primer acto, demostró el poderío de su voz tomando distancia del uso más estandarizado que aflora cuando invoca a su banda madre y se lució tanto en los guturales profundos como en los chillidos agudos, mientras los demás integrantes del equipo se encargaban de aniquilar todo con esa bola de sonido que conjugaba blast beats, riffs demenciales y secciones lentas aprendidas del manual de estilo de Eyehategod.

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Tras estas cinco canciones, llegó el momento que muchos esperaban. Anselmo agradeció por la convocatoria y dedicó la segunda parte del set a Vinnie Paul y Dimebag Darrell, con lo que estalló la algarabía. ‘Mouth For War’ transformó la cancha del Cariola en un campo de batalla en el que los mosh pits estuvieron a la orden del día. Los puños siguieron en alto mientras sonaba ‘Becoming’, en la que el vocalista cedió total poder a una masa de fieles enfervorizados que sabía todos los detalles del clásico de “Far Beyond Driven” (1994).  ‘This Love’ fue el único momento en que el pie de la presentación se salió del acelerador, porque la seguidilla de ‘Fucking Hostile’ y ‘Hellbound’, no hizo otra cosa que encender la mecha para que todo se prendiera fuego otra vez. Con el respetable en el bolsillo, el frontman pretendía cerrar con la combinación entre el riff final de ‘Domination’ y la parte más pesada de ‘Hollow’, muy a la usanza de lo que Pantera mostró en el registro en vivo “Official Live: 101 Proof” (1997), pero el público aún estaba hambriento y no se cansó hasta hacerlos volver para interpretar ‘I’m Broken’, todo un cañón de potencia y agresividad que bajó la cortina de una jornada que nadie quería terminar. A destacar también la performance de Mike DeLeon y Steve Taylor en las guitarras, Derek Engemann en el bajo y José M. González en la batería, una agrupación que sorprende con el material original y protege de manera integra una colección de himnos que debe manejar con cuidado.
 
Disipando todas las interrogantes y con un setlist bien planteado que hace un paralelo entre lo actual y lo clásico, la primera de las dos citas de Anselmo & The Illegals dejó la vara muy alta para la que viene. ¿Se extrañaron aún más cortes de Pantera o alguna parada en el “The Great Southern Trendkill” (1996)? Indudablemente, pero sería injusto exigir de sobremanera un repertorio que de por sí ya es balanceado y que se hace corto por el amor incondicional que le tenemos a una de las bandas más queridas y respetadas del mundo. Los que eligieron asistir a la liturgia metalera del Cariola se llevaron en sus cuerpos y sus mentes los recuerdos de una noche intensa que dejó un buen sabor de boca gracias a la excelente forma en la que se vio al ícono, quizá la mejor que hemos presenciado hasta ahora. Solo queda la expectación por lo que pasará en el próximo encuentro, cuando el pasado ya importe una mierda y la revolución vuelva a tener el nombre de Phillip H. Anselmo.
 
Pablo Cerda
Fotos: Cristian Dunivicher

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