Peter Murphy: Romance gótico

El espíritu de Bauhaus está más vivo que nunca

Sábado 13 de octubre, 2018
Teatro Caupolicán

En su libro “Postpunk: romper todo y empezar de nuevo”, el crítico británico Simon Reynolds lanza una sentencia que muchos pueden tildar de incendiaria: “Me da la sensación de que el largo ‘después’ del punk entre 1978 y 1984 fue mucho más interesante, musicalmente hablando, que todo lo que pasó en 1976 y 1977”. Para el autor, la verdadera revolución está más en el lado del postpunk por su sentido más transgresor que incorporó sintetizadores, texturas y hasta llegó a cruzarse con distintas formas de arte que lo hicieron crecer como propuesta, repercusiones provocativas que el punk tuvo después de su defunción. Una de esas corrientes fue el gótico, estilo que encontró en Bauhaus su exponente más representativo gracias al lúgubre y claustrofóbico sonido que plasmaron en su debut “In The Flat Field” (1980), piedra angular para entender una movida que años más tarde también tendría importantes ramificaciones.

Esa es la historia que los fieles asistentes al teatro Caupolicán buscaban revivir por una noche. Desde los fidelizados en la época de los 80 hasta otros más jóvenes encantados con la estética gótica, todos se dieron cita para venerar al maestro Peter Murphy en una quinta visita que celebró los 40 años de Bauhaus tocando de manera íntegra su primer disco junto al bajista y fundador de la banda, David J Haskins, en un show que fue mucho más que un ejercicio de nostalgia.

Luego de la notable presentación de The Fallacy, combo liderado por Angeline Bernini y Marco Cusato que mostró lo mejor de su catálogo influenciado por el dark y el goth rock, el recinto de calle San Diego quedó en penumbras para recibir a los dos históricos de Bauhaus, quienes acompañados por el baterista Mark Slutsky y el guitarrista Mark Gemini Thwaite arrancaron con  ’Double Dare’, ‘In The Flat Field’, ‘A God in an Alcove’, ‘Dive’ y ‘The Spy in the Cab’ , respetando el orden original del larga duración y sumergiendo a los presentes en un halo de completo oscurantismo. Es probable que algunos pensaran que jamás iban a escuchar estas joyas en vivo, pero se estaban desarrollando en todo su esplendor, acaparando los sentidos mediante el hechizo siniestro creado por la apabullante guitarra de Thwaite. Ciertamente, el bajo de David J también le agregó un toque especial a esta instancia, luciéndose en la distorsión y los coros oníricos de ‘Small Talks Stinks’, las intensas líneas que mostró en la movida ‘St. Vitus Dance’ o en la introducción de una vitoreada ‘Stygmata Martyr’, haciendo gala de su solidez en las cuatro cuerdas y complementándola con una estoica postura en el escenario.

Peter Murphy Live 3.jpg

Tras el cierre de la primera parte con ‘Nerves’, el cuarteto volvió a la carga para presentar un encore basado en lo mejor de Bauhaus, lo que incluyó cortes como ‘Burning From The Inside, ’Silent Hedges’, ‘A Kick in the Eye’ y ’Terror Couple Kill Colonel’, en las que Peter Murphy demostró que su voz sigue intacta, llegando a los agudos psicóticos sin problemas y bajando hacia los graves con total naturalidad, retorciéndose, poniéndose de rodillas o jugando con las luces del escenario para agregar dramatismo a una performance muy dinámica. Sin lugar a dudas, los cortes que se robaron el espectáculo fueron ‘Bela Lugosi’s Dead’, cantada por el público con una pasión desbordante, y ‘She’s in Parties’, en la que Murphy se dividió entre la melódica, el canto y la percusión ubicada al lado de Slutsky, quién además ejecutó la exigente ‘Dark Entries’ con gran técnica. Todo indicaba que el final llegaría con el cover de Dead Can Dance ‘Severance’, pero los insaciables fanáticos lograron que la banda regresara por última vez con ‘Telegram Sam’ y ‘Ziggy Stardust’, inmortales versiones de T-Rex y David Bowie respectivamente que rinden homenaje a sus raíces glam y cerraron la noche con broche de oro ante un conmovido Murphy que se despidió agradeciendo el cariño de los chilenos.

Se sabe que el público local tiene un romance con los sonidos  góticos y oscuros, algo hay en ellos que nos sientan tan bien y que nos hacen responder de forma tan pasional, quizá porque han sabido transformarse una y otra vez para acompañarnos en diferentes etapas gracias a su eclecticismo e hibridez. Tanto “In The Flat Field” como los demás discos de Bauhaus sufrieron el rechazo de la crítica, fueron tachados de pretenciosos e incomprensibles en su tiempo, pero aquí están 40 años después, fueron capaces de trascender y todavía laten en el corazón de muchos que encuentran la belleza en la oscuridad. Es ahí cuando el argumento de Reynolds cobra total sentido: hay que valorar las repercusiones.   

Pablo Cerda
Fotos: Juan Pablo Maralla

Contenido Relacionado