PETER GABRIEL

Y los ojos del mundo observan ahora...

Movistar Arena

Martes 24 de marzo de 2009

Después de 16 años de su último concierto en el país, el legendario cantante británico Peter Gabriel se presentó ayer ante un Movistar Arena repleto de 10 mil personas que disfrutaron de las 2 horas y media que duró el magnífico recital, que tuvo el mérito de pasearse equilibradamente por todos los períodos de su extensa trayectoria. Gabriel demostró ser lo contrario del artista cerrado y quisquilloso que sólo interpreta lo que se le antoja, ya que hizo un resumen perfecto de las sensibilidades que lo han convertido en un personaje central de la música contemporánea: su particular enfoque de la música étnica; su lado más experimental y denso; su don superlativo como baladista; su espíritu pop representado por piezas contagiosas y bailables.

En el contexto de su gira Small Place 2009, el ex Genesis probó que a sus 59 años mantiene sus cualidades vocales e histriónicas, aunque no intactas, en excelentes condiciones, con un show lleno de emociones y hermosas sorpresas. Todo comenzó minutos después de las 9 de la noche, cuando la figura casi mítica de Gabriel se subió al escenario junto a su banda integrada por el eterno Tony Levin en el bajo, David Rhodes y Richard Evans en guitarra, Angela Pollock en teclados, Ged Lynch en batería y su hija, Melanie Gabriel en coros y teclados.

La apertura no podría haber sido mejor con la densa y espiritual “The Rhythm Of The Heat” del clásico álbum “Security” de 1982. Una composición de una melodía penetrante y profunda basada en las experiencias con las tribus africanas del psiquiatra suizo -que más ha interesado a místicos y poetas-, Carl Gustav Jung. La densidad del show bajó en buena medida, cuando sin mediar pausa alguna, Gabriel y compañía se despacharon el más animado “On The Air” de su disco “II” de 1978. Una de sus canciones más obtusas, llegó de la mano de la experimental y asfixiante “Intruder”, con un Gabriel más teatral que nunca, moviendo sus brazos, y haciendo gestos, que ayudaban a provocar el clima misterioso y subterráneo que cruza la pieza.

La alegría desatada no se hizo esperar con una canción de goce infinito como “Steam” del álbum “Us” de 1992. En cada pieza, la iluminación y los distintos efectos visuales dispuestos en el escenario, iban cambiando sus colores e imágenes, generando el ambiente propicio para otorgar el sentido preciso para uno u otro tema. Gabriel además iba intercalando entre tema y tema algunas palabras leídas en castellano, en un loable intento de acercar los tópicos de las letras al público, pero que la verdad, poco se entendían. Ese fue el caso de la hermosa balada “Blood Of Eden” que los asistentes disfrutaron al máximo.

El show continuó con la lúdica pieza en contra de la guerra y el afán expansionista de los países –bastante ad hoc en momentos que Perú reclama soberanía en territorio marítimo chileno- “Games Without Frontiers”, para luego pasar a otro tema de su lado más vanguardista, llamado “No Self Control” de su disco “III” de 1980. La sorpresa no se hizo esperar cuando su hija cantó un tema de una belleza inconmensurable como “Mother Of Violence”. Era de esperar que Gabriel le diera un momento especial a su heredera, pero de todos modos, se extrañó la sensibilidad vocal que sólo el protagonista le podría haber entregado a una canción tan potente como esta.

Uno de los puntos más altos del concierto, se produjo con “Darkness” del disco “Up” de 2002. Un tema que recuerda la infancia perdida a través de paisajes musicales que se debaten entre la violencia, la ternura y una profunda nostalgia. La rockera y energética “The Tower That Ate People” de su proyecto “OVO” siguió manteniendo en buen nivel el concierto, para luego, con Gabriel explicando el sentido mágico del tema y unos inmensos ojos de águila en las pantallas, interpretar otro de las grandes canciones de su período temprano como “San Jacinto”. En este punto, llamó la atención que el público general conociera bastante bien un tema del Gabriel más insondable e inaccesible. Como una metáfora de la conciencia vital de los seres humanos, al final de la pieza, el cantante tomó una luz e iluminó al público, creando un momento único de intimidad.

Dejando atrás la espiritualidad más recóndita de “San Jacinto”, Gabriel nuevamente encendió el recinto con energía y felicidad por montones con “Big Time” de “So”, su disco de 1986 y sin duda, el más exitoso de su carrera. Con la tripleta compuesta por “Secret World”, “Solsburry Hill” y “Sledgehammer”, el ex Genesis mantuvo a todos los asistentes arriba de sus sillas, en constante emoción y suspenso. Sin embargo, la densidad de “Signal To Noise”, nuevamente volvía a demostrar lo que decíamos al principio, en relación a que Gabriel mostró sus distintas sensibilidades en un show, que puede ser leído como un verdadero compendio de sus cualidades musicales, estéticas y líricas.

Tras un pequeño lapso, la sorpresa fue mayúscula cuando entró en escena la facción de Inti-Illimani de los hermanos Coulon. Junto a ellos, Gabriel hizo un emotivo recuerdo de las víctimas del gobierno militar y recordó la figura inmensa de Víctor Jara. En su español a medias, el cantante dijo con emoción: “La libertad de Chile se tomó la vida de muchos de los mejores jóvenes valientes. Esto es para Víctor Jara y Joan. Estoy muy feliz de tocar con los músicos que trabajaron junto a él, los fabulosos Inti Illimani”.

Acto seguido, todos los músicos unidos en una sola gran banda interpretaron “Wallflower”, sin duda, uno de los temas más hermosos de toda la carrera de Gabriel, que además contó con los arreglos acústicos y “andinos” de la clásica agrupación chilena. Un momento inolvidable que quedará en la memoria de los asistentes como un ejemplo imborrable de humanidad, compañerismo y amor y respeto de Gabriel por las distintas culturas musicales del mundo. Sin que los integrantes de Inti Illimani bajaran del escenario, fue el turno de la remozada versión de “In Your Eyes”, donde la fiesta nuevamente se tomó el corazón de los músicos y el público.

Tras la primera despedida, Gabriel y su banda regresaron para seguir regalando canciones, esta vez, con la sólida interpretación de “Red Rain”. El asombro no bajó su intensidad, ya que el protagonista en el piano solamente acompañado por Tony Levin en bajo, ejecutaron una balada de proporciones como es “Father Son”. Una imagen atrás que mostraba un hombre viejo complementaba la música y llevaba el alma hacia lugares de sana melancolía por la infancia.

La canción infaltable y una obligada a la hora de hablar de la obra de Gabriel, se hizo presente con la interpretación de un tema tremendo como “Biko”. La inmensa melodía y el coro lograban estremecer hasta las lágrimas al público presente. La letra final “And the eyes of the world are watching now, watching now”, fue un verdadero epílogo de un concierto brillante y lleno de emociones. Los ojos del mundo estaban viendo a Gabriel, los ojos del universo se estremecían con la música de un grande, los ojos del alma de cada uno de los presentes, se rendía ante una leyenda, los ojos de Dios, esa noche, estaban junto a nosotros, todos los que tuvimos la suerte ser parte de la historia.

Héctor Aravena A.-
Fotos: Ignacio Orrego G.

Contenido Relacionado