Peter Brötzmann Full Blast en Santiago: Desgarro y desmesura

Las fuerzas activas del free-jazz
Peter Brötzmann Full Blast en Santiago: Desgarro y desmesura

Martes 12 de julio de 2016, Sala Master, Providencia

Las personas que pudieron asistir ayer al concierto que el mítico vientista Peter Brötzmann dio junto a su trío Full Blast, fueron testigos privilegiados de una sección muy importante de la historia de la música instrumental más visceral y violenta que se tenga memoria. Así es, el saxofonista alemán, junto al bajista Marino Pliakas y al baterista Michael Wertmüller, dieron  una clase magistral de un free-jazz contemporáneo y actualizado al mundo de hoy. 

Recordemos que Brötzmann entró de manera impactante al mundo del jazz más radical, con la edición de un disco obligado del estilo: “Machine Gun” de 1968. Sin embargo, el vientista nunca se durmió en los laurales. Todo lo contrario, de ahí en adelante, no ha parado de dejar su impronta musical en generaciones de músicos que lo han tomado como un modelo y referente de perseverancia y pasión irrefrenable por el jazz de avanzada.

Minutos antes de las 20:40 horas, la figura inconfundible y trascedente de Brötzmann se subió al escenario: algo encorvado y con sus clásicos bigotes abundantes, parecía un verdadero Nietzsche del jazz, no solo por su aspecto físico, sino que también porque su música, que afirma la vida y se aleja de la voluntad de la nada, se relaciona con el pensamiento vitalista y rupturista de su compatriota filósofo. 

Secundado con Pliakas y Wertmüller, el trío comenzó la primera improvisación de la noche: se trató de una pieza salvaje en la que Brötzmann ocupó sus tres armas sonoras: saxo tenor, clarinete y el instrumento húngaro Tarogato, una marca registrada de su estética musical. Por su parte, Pliakas complementaba con un galope de bajo endemoniado y lejos del canon tradicional y Wertmüller, con una línea de batería, al mismo tiempo contundente y certera.   

 

Las partes de Brötzmann en el viento, por lo general agresivas y llenas de poderío, pero también con momentos más líricos, se iban complementando con el bajo eléctrico, que por largos pasajes, era utilizado por Pliakas con una potente distorsión, mientras que Wertmüller matizaba con baquetas tradicionales, plumillas y mazas para timbales.

También hubo momentos más abstractos, en los que Brötzmann improvisaba como solista, con momentos de mayor sutileza y abstracción, que servían de contaste para la agresión sónica que dominó gran parte del concierto. Del otro lado, también Pliakas y Wertmüller tuvieron sus secciones a dúo, en las que demostraron que el sentido común, la mesura y el estatus quo no pueden ser parte de una banda liderada por el saxofonista alemán.

Fue una hora de alaridos que salían de las mismas entrañas de Brötzmann y que, de pronto, con un movimiento de cuello inexpresable, que parecía dislocarse, iba sacando los sonidos de viento que, en último término, provienen de sus vísceras, del soplo vital de un personaje clave del free-jazz, pero también de toda la rica tradición del jazz europeo sin apellidos. Historia en vivo y en directo. Simplemente, un privilegio. 

Héctor Aravena A.
Fotos: Jorge López C.

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