Paul McCartney: el tiempo le dio la razón

Emocionando en su hábitat natural

Miércoles 20 de marzo, 2019
Estadio Nacional

Para quien esté inmerso en el universo Beatle, existe una cierta corriente de opinión de sus miembros encauzada en los arquetipos: Lennon era el vanguardista y rebelde, Harrison representaba la inquietud espiritual, Ringo destacada por su ironía y humor tan mordaz. En el caso de McCartney, algunos se atreven a catalogarlo como un simple “entertainer”, responsable "sólo" de canciones algo blandas. La historia, sabemos, no es así de ligera y su retorno al Estadio Nacional fue una buena oportunidad, si se quiere, de ajustar cuentas con tan injusta categorización. De la mano de ‘Helter Skelter’ -¿la primera semilla de lo que años después sería el metal?-, ‘Being for the Benefit of Mr. Kite!’ -sin ser de su autoría absoluta, es para recordar que el concepto innovador de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” le pertenece- y ‘Blackbird’ -siendo presentada como “una canción inspirada por los derechos civiles”-, el inglés demostró tácitamente una historia marcada por la creatividad y la consecuencia de sus impulsos. Era él quien deseaba seguir tocando en vivo con The Beatles en la segunda mitad de los 60 -ante la negativa de sus compañeros-, pues considera al escenario como un hábitat natural. Décadas después, y con 76 años, el tiempo le dio la razón.

Desde la previa se nos hizo saber que estaríamos frente a un recorrido generoso por su carrera. El video del inicio lo mostró subiendo una torre por el que desfilaban imágenes de sus distintas etapas. Su niñez en Liverpool, la Beatlemania, la experimentación, su enclaustramiento en 1970 para luego formar Wings, sus discos solistas; todo lo que alguna vez escuchamos de McCartney resumido en un video, finalizando en la cumbre, con su icónico bajo Hofner. Ya antes de subir al escenario tenía al público en el bolsillo, totalmente encandilado y emocionado. El setlist, espectacular. No olvidó rincón alguno, empezando con un clásico total: ‘A Hard Day’s Night’. De ahí, sólo puntos altos: ‘Can’t Buy Me Love’, ‘Let Me Roll It’ -con un saludo a ‘Foxy Lady’ de Hendrix, en que Paul sacó un solo venenoso-, la animada ‘Got to Get You Into My Life’; momentazos en ‘Band on the Run’ y sus cambios de ritmo, el rock ganchero de ‘Birthday’ y el romanticismo de ‘My Valentine’, dedicado a su esposa, con Johnny Depp y Natalie Portman en pantalla.. De su material reciente, destacaron los estrenos ‘Back in Brazil’ y ‘Who Cares’. ‘Letting Go’ contó con el cuerpo de bronce interpretando su parte desde el público, quienes seguían la melodía con las palmas. Su banda figura dispuesta a seguir a su líder según fuera el requerimiento, listos y dispuestos, con un Abe Laboriel Jr. sólido en la batería -además de robarse la película con su baile en ‘Dance Tonight’-; Brian Ray y Rusty Anderson convertidos en guitarristas de excepción, llenos de oficio, y Paul Wickens en teclados. Es cierto, la voz de Macca no es la misma de siempre -se notó el esfuerzo en ‘I’ve Got a Feeling’ y ‘Maybe I’m Amazed’-, pero si dudas, ahí está él para resarcirse en ‘Come On to Me’, ‘Eleanor Rigby’ y ‘Hey Jude’. La tarea de armar un setlist seguro es un buen problema para Sir Paul, pues quedaron muchas afuera. En un simple repaso se pueden nombrar ‘The Long and Winding Road’, ‘Michelle’, ‘Jet’, 'Yesterday', ‘With a Little Luck’ y más. De no creerlo.

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Paul McCartney sabe cómo hacer de cada interpretación algo especial. En la concatenación de piezas acústicas, con ‘From me to You’, ‘Love Me Do’ y ‘Blackbird’, entre otras, la escenografía se transformó en una casa, transmitiendo un sentido de intimidad y cercanía en el Estadio Nacional. Los homenajes a John Lennon -con una hermosa ‘Here Today’, compuesta tiempo después de su triste asesinato- y George Harrison -un ‘Something’ cantada a todo pulmón por la audiencia-; el rol de la gente en ‘Let It Be’, iluminando el recinto con sus teléfonos y la espectacularidad cinematográfica de 'Live and Let Die' gracias al uso de fuego y artificio, son muestras suficientes. Incluso, el presidente de la república fue protagonista sin quererlo. Antes de interpretar ‘Queenie Eye’, aprovechó de saludar a Sebastián Piñera -quien asistió al lugar, acompañado por su gabinete, con entradas supuestamente compradas por él-, recibiendo como respuesta una pifiadera de dimensiones monumentales. Maestro de ceremonia como pocos, el inglés retomó de inmediato la música.

Con una carrera que ya está respirando las seis décadas, ¿qué más se puede decir de Paul McCartney en vivo? Con gran parte de su vida dedicada a recorrer el mundo, las sorpresas pueden ser pocas, pero las emociones provocadas por su catálogo llegan tan hondo que activan la memoria en todos nosotros, dignos de recordar, haciendo colectivo lo personal. En el caso de quien escribe, revive la manera de cómo llegó al catálogo de The Beatles, a través de un programa de radio, en 1999 y 2000. Escuchar durante la niñez en Radio Pudahuel al querido “Pirincho” Cárcamo en un segmento que más de una vez programó ‘Let It Be’; a nuestro Alfredo Lewin, que hace casi 20 años lideró un programa cuya valiosa función fue develar algunos secretos de los grandes nombres del rock, con rarezas de estudio, tomas alternativas, cosas que ni siquiera se encontraban en la colección “Anthology”, o a la banda Beatlemanía con su programa de televisión. Gracias a sus canciones, Paul McCartney dio sentido a muchas cosas a más de una vida alrededor del mundo. Todo porque él no quiso detenerse, continuando su carrera, llegando a lugares tan lejanos como Santiago de Chile, regalando una gran emoción a los miles de asistentes, atravesando fronteras y revelaciones. Es cierto, el tiempo le dio la razón.

Jean Parraguez
Fotos: Peter Haupt

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