Nothing But Thieves: Un show oscilante

Algo que pudo ser mejor

Martes 4 de septiembre, 2018
Teatro Cariola

Una fila de jóvenes adolescentes eran los que esperaban pacientemente a la apertura del Teatro Cariola. Un espacio que nunca dejó de tener buenos ánimos, pues entre algunos globos de colores, gritos, declaraciones de amor, uno que otro sostén al escenario, y la bandera del país, recibieron a Nothing but Thieves. Fue una noche de altas expectativas y entrega, pero que en ocasiones no llegó a lo que se esperaba.

Las nacionales Frank's White Canvas calentaron motores, tocando temas como ‘Wake Up’, ‘Let It Go’ y ‘Secret Garden’, donde destaca la gran fuerza de Francisca Torés en la batería –que la hace dueña de un sonido enérgico– y una  guitarra pop rock a la vena muy prolija en manos de Karin Aguilera. No obstante, pese a la entrega y fuerza de la presentación,  el público y el sonido no terminaban de convencer. En ocasiones, la segunda guitarra que era la encargada de realzar detalles, no se apreciaba a cabalidad.

Trás la presentación, el ambiente cambió. El público se siente ansioso. Al ingresar Nothing But Thieves con ‘I Was Just a Kid’, las guitarras de un pop agresivo a cargo de Joe Langridge-Brown y Dominic Craik, dieron una gran impresión, al igual que las líneas de bajo, que se hacía notar muy claro. Luego, en ‘Ban All The Music’ y ‘Wake up Call’ –este último uno de los temas del primer disco homónimo–, encontramos  a los dueños de un rock entusiasta, moderno y poco tradicional, que encanta pero que por varios momentos de la presentación en vivo no se vio reflejado en su totalidad. No por los artistas, sino por la calidad del audio. Un gusto agrio dejó ‘Soda’, tema donde las guitarras eléctricas tienen una sensibilidad indie muy especial, y que acompañan a la guitarra acústica del vocalista Conor Mason para transportarnos a un aura de Radiohead en ‘Creep’, pero que al momento de tocar sufrió problemas técnicos ya que su instrumento no se escuchó.  Mason, ya incómodo, decidió no tocar más con ella. Por otra parte, en ‘Broken Machine’ se destaca en todo momento la actitud y presencia de un bajo y la batería llenos de claridad y empuje que no desencantaron nunca.

‘Sorry’, ‘Forever & Ever More’, y ‘Ámsterdam’ fueron canciones donde el sonido repuntó y se pudo apreciar el coraje de una banda que busca salir de los paradigmas del rock. Así, los problemas como la saturación constante de las guitarras, el audio bajo de los micrófonos para Mason y el bajista Philip Blake, opacaron el show y elementos destacables de la banda, como la prodigiosa voz de Mason, que ni siquiera se pudo escuchar a plenitud. No obstante, a pesar de todo lo anterior, los artistas se mostraron realmente agradecidos y cercanos ante el público, que esa noche vibró ante todo.

María José Benítez Carmona
Fotos: Juan Pablo Maralla

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