MOTORHEAD

Dueños del mundo

Teatro Caupolicán
9 de abril de 2011

Estos tiempos en que en el rock pesado se ha re-valorizado lo clásico, uno de los grandes y por lejos el más justo ganador fue Motörhead. El viejo Lemmy Kilmister está de moda, y eso sólo arrastra cosas buenas para uno de los números más imperdible en toda la escena rocanrolera del planeta.

El Motörhead que recibimos en el Caupolicán está en su mejor momento desde los ochenta, y pudimos comprobarlo con la presencia de muchísimos adolescentes y más de algún primerizo que no quisieron quedar fuera de la cita con esta leyenda viva que simplemente llamamos Lemmy.

Sorpresivamente, Chile fue la plaza escogida también para el registro del próximo DVD en vivo del trío, una circunstancia inimaginable hace algunos años, incluso tras su poderosísima pero no tan concurrida visita en 2007 en el Estadio Víctor Jara. El público respondió en masa, y repletó el teatro, que sumado al nuevo público y el fervor de los de siempre por volver a sacudirse con los ingleses resultó la fórmula perfecta para un cuadro de locos. Pocas veces se vio tanta entrega en el tradicional recinto de la calle San Diego.

El Big Metal Fest contaba además con la participación de dos pesos pesados de la escena nacional. El primer turno había sido de Hielo Negro, que con su nuevo “Altas Mareas” en manos no pudo encontrar mejor circunstancia para hacer algo de ruido. Un set breve, con muy buen sonido, suficiente para mantener en alto al orgullo del rock patagón. ‘Locomotora’, la fornida ‘Lobo Estepario’ (eterno highlight) y ‘Purgatorio Bar’ levantaron a los muchos que ya estaban al interior del teatro. La programación oficial (aún disponible en Bigmetal.cl) indicaba la aparición de Hielo Negro para las 20 horas; lamentablemente, aquello se adelantó bastante, e impidió que todos quienes querían ver a las tres bandas del día se hayan perdido a Hielo.

Luego vino el turno de Devil Presley. Y si ya habían mostrado su consolidación en un escenario tan especial como Lollapalooza la semana pasada, esta vez constatamos que los cuatro de Lo Errázuriz están en otra. El sonido no fue todo lo perfecto que se hubiese deseado (la voz a ratos se perdía detrás de las guitarras), pero aquello un fue impedimento para sacar la tarea adelante. Es interesante ver a una banda en un momento de sus carreras que se percibe como determinante: lo tienen todo para convertirse en el gran número de hard rock nacional, si es que ya no lo son. ‘Gran Juicio de Fuego’ y ‘Perro Rabioso’ se anotan como grandes momentos, aunque la convicción detrás de ‘Bramador’ se robó la película sobre el final de su show.

Y llegamos a los verdaderos protagonistas de la noche, Motörhead. “Only way to feel the noise is when it’s good and loud” dice el primer verso de una de las más grandes canciones en la historia del metal, ‘Overkill’. Y vaya que lo siguen aplicando una y otra vez. Podemos estar tranquilos a futuro, porque si con el volumen de estos piratas no se vino abajo el Caupolicán, entonces nunca lo hará.

El arranque de ‘Iron Fist’, pegadito con ‘Stay Clean’, impuso la euforia como un rasgo fundamental de toda la noche. Eso es lo que se llama empezar muy arriba, y de paso significó un apoyo anímico fundamental a temas no tan clásicos que se fueron apareciendo poco a poco.

Lemmy es un viejo zorro, y armó un set que ofrece novedades de “The World Is Yours” (‘Get Back in Line’) luego ofrece otro par de clásicos (‘Metropolis’ y ‘Over the Top’), para jugarse después con cortes de “Kiss of Death” y “Motörizer”. Qué fortuna haber podido escuchar ‘Rock Out’ (con una reacción impresionante) y ‘The Thousand Names of God’.

‘I Got Mine’ fue largamente vitoreada, y con ‘I Know How to Die’ cerramos la inclusión de novedades. De ahí en más, sólo temas probados, incluso la incontrarrestable ‘In the Name of Tragedy’, que incluyó el solo de quizás el único músico que alguna vez se haya atrevido a tomar prestado algo del protagonismo de Lemmy en un escenario, el magnético Mikkey Dee.

‘The Chase is Better Than the Catch’ mantuvo la fiesta andando, y ‘Just ‘Cos You Got the Power’ marcó una disminución (necesaria) en la velocidad, pero fue lo más pesado que nos topamos la noche del sábado. Nota aparte para la performance de Phil Campbell en estos dos temas, en especial el último, que le da todo el espacio para mostrar su enorme talla.

Estábamos todos aturdidos por el grotesco sonido de la banda, pero por otro lado, a eso fuimos: esto es Motörhead, y así nos gusta. Los más de cinco mil asistentes estaban ya fuera de control, y la arremetida de ‘Killed By Death’ dio el aire épico que le faltaba a la noche. ‘Ace of Spades’, y la locura asegurada, dijeron fin a la primera parte, pero aún quedaba lo mejor del día.

Esta parte de la rutina está aprendida, pero no por eso causa menos expectación. El cierre de ‘Overkill’ sigue siendo el mejor momento que el rocanrol tiene para ofrecer, y así precisamente se vivió. El histórico punto de final en los sets del conjunto, clausuró también un show que en poco menos de una hora y media dictó una auténtica cátedra de potencia y actitud. Vaya broche de oro.

No queda mucho más que decir. Motörhead pasó años construyendo su mundo propio, y repentinamente ahora todos quieren sentirse parte de esto que Lemmy ha construido sólo con cojones y el volumen a tope. El dominio y la influencia que tienen sobre una escena completa son innegables, y qué mejor que lo vengan a celebrar acá. La noticia del DVD desató al público, que produjo un show aparte, y se entregó por completo a la causa. El trío más power de todos no falló, y la suma de factores redondeó una de esas noches que no se olvidan fácilmente. El auténtico Rey del Rock and Roll pasó por Santiago, e hizo honor a sus credenciales. De la sordera, nos preocuparemos más adelante.

Juan Ignacio Cornejo K.
Fotos: Sebastián Jiménez

Contenido Relacionado