Morrissey: La voz de los sin voz

Otra noche de culto al idolatrado solista
Morrissey: La voz de los sin voz

Miércoles 11 de noviembre de 2015
Movistar Arena

Lo primero que hace Morrissey, antes de ponerse a cantar, es tirar un beso, soplar la extendida palma de su mano y dirigirlo hacia la audiencia. El gesto basta para acabar con las pifias de impaciencia del público, sometido por al menos media hora a una recopilación de videos en la peor calidad de imagen y sonido, reveladores de los gustos personales del absoluto protagonista de la velada: 'Nutbush City Limits' de Tina con Ike Turner, 'Looking for a Kiss' de los New York Dolls, 'Young, Gifted and Black' de Bob and Marcia, 'The Show Must Go On' de Leo Sayer; también Ramones, Link Wray, Jackie Wilson, Charles Aznavour, Barbara Lynn; incluso un poema suicida de Anne Sexton ("Wanting to die") leído por ella misma y una entrevista con otra autora, Edith Sitwell.

Factores en común entre los elegidos: extravagancia desatada y comprensión del poder de una performance; inadaptación al medio en algunos casos, historias sufridas en otros. Aparte de la posibilidad de dejarse agasajar por Moz en calidad de VJ, como quien se sienta con un amigo a ver videos en YouTube, los que eligieron abuchear en vez de prestar atención se perdieron un mensaje realmente acogedor: no importa qué tan raro seas ante los ojos del mundo, acá hay un lugar para ti.

De eso se trata Morrissey en vivo (y en todos lados, en realidad). De acariciar a los que son o se sienten minoría, a los desamparados. Tiene sentido, entonces, que el teclista de ascendencia latina Gustavo Manzur asuma el micrófono, hacia el final de 'Speedway', para cantar la letra en nuestra lengua: "en mi manera rara siempre he sido fiel a ti, en mi manera enferma siempre seré fiel a ti". Es un guiño a la inmensa popularidad de The Smiths y Morrissey entre la audiencia de habla hispana, objeto del documental "Is It Really So Strange?", asociada justamente a la capacidad del inglés para congregar a los parias, y al sentimentalismo en común entre él y la música en español.

Pasa algo similar en 'Ganglord' (llamada originalmente 'Get Back to the Ghetto', es decir, 'Devuélvanse al gueto'), apoyada en la pantalla gigante por imágenes de brutalidad policial contra minorías raciales y mujeres, que se vuelven todavía más poderosas cuando Moz empieza a implorar salvación: "save me!", entona con dramatismo. 'Ganglord' transcurre en el mismo universo, que ojalá fuera ficticio pero es Los Angeles, de esa historia sobre un pandillero latino llamada 'First of the Gang to Die', un desacierto sin embargo: fue interpretada en una versión anémica, desprovista del guitarreo que la caracteriza; un cambio, tal vez, para evitar el aburrimiento. Es, después de todo, uno de los temas que más ha cantado Moz arriba de un escenario a lo largo de su carrera. La situación inversa se vivió en 'This Charming Man'. Quedó tan eléctrica que, instrumentalmente, se parecía más a 'Are You Gonna Be My Girl' de Jet que al clásico de The Smiths.



Bloques de contenido se van formando durante el concierto. Por ejemplo, 'Kiss Me a Lot' pegada a 'I'm Throwing My Arms Around Paris': ambas abordan el anhelo de contacto físico. O el inicio con 'Suedehead' seguida por 'Alma Matters': una hace preguntas y la otra ofrece respuestas. La mencionada 'Ganglord' va de la mano de 'World Peace Is None of Your Business' ("paz mundial es asunto que no te concierne", en otra traducción de Manzur), dos letras que hablan sobre nuestra pequeñez e insignificancia frente al poder opresivo de las autoridades.

"No tenemos contrato disquero en UK, no encontramos contrato disquero en USA, así que nos mudaremos a Chile", aseguró Morrissey (también una eterna víctima del entorno según su narrativa personal) ante el delirio de miles que, sin embargo, no alcanzaron a llenar el Movistar Arena como se esperaría para ver a un músico tan idolatrado y en condiciones óptimas. Suena y luce mucho mejor que en su última visita, de hace tres años, y se dejó apoyar más en los miembros de su afiatada banda de acompañantes, que incluye a Matt Walker, batero alguna vez reemplazante de Jimmy Chamberlin en Smashing Pumpkins. En 'How Soon Is Now?', se lució dándole duro a un bombo enorme ¡y a un gong!. "I'm very pleased to have muchachos with cojones", diría luego Moz.

Por supuesto, hubo espacio para el proselitismo y la superioridad moral. "Quiero cantar sobre la vergüenza de España", dijo anunciando el himno anti corridas de todos (y algo misántropo) 'The Bullfighter Dies', perfectamente graficado por la imagen de un toro a punto de acabar con el matador. Fue seguida, en otro bloque de contenido, por la turbadora 'Meat Is Murder' de los Smiths, reforzada por videos de faenas agrícolas y similares, con animales muriendo en manos del hombre. "KFC es asesinato", cambió la letra en un momento, antes de que la pantalla proyectara el mensaje "¿Cuál es tu excusa ahora? La carne es asesinato". Si Morrissey tuviese Facebook, sería uno de esos contactos que te llena la página de inicio con fotos de vacas sangrantes y aves degolladas.

Ser tan idolatrado lo convirtió en beneficiario del efecto halo, aquel sesgo cognitivo que lleva a la gente a pensar que, porque alguien es bueno en algo específico, todo el resto de lo que hace o dice es valioso. A estas alturas, ya no se puede combatir contra eso: es parte del show tanto como sus afectados movimientos, que despiertan pasiones homoeróticas en hombres heterosexuales, o los escalofríos que provoca cuando desempuña un clásico como 'Everyday Is Like Sunday', que incluyó en el coro una alusión a la archi famosa 'Quando quando quando'. Una entre varias curiosidades de un concierto en el que hizo por primera vez en esta década 'Jack the Ripper', un lado B de la época de "Your Arsenal" recreado para el deleite de fans acérrimos, y un cover de 'You'll Be Gone', una de las dos canciones que Elvis Presley escribió en su vida. Al final, después de 'What She Said' de los Smiths, Moz se sacó la camisa y dejó ver su torso desnudo. Como diciendo "acá estoy, ya les mostré todo de mí", pero sabemos que no es cierto. El misterio nunca deja de envolverlo.

Andrés Panes
Fotos: Gary Go

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