of Montreal: el seductor encanto de lo bizarro

Kevin Barnes y su abundante fauna susurrante en Chile

Festival Campo Abierto. Parque Fluvial Renato Poblete. Sábado 6 de octubre, 2018

DJ Salamanca Selector continuaba pinchando sus 7 pulgadas –‘Genius of Love’ de Tom Tom Club reventaba en la espera- cuando ya eran las 18:30 y la banda de Athens, Georgia –cuna de otras gemas under como The B-52’s y R.E.M.- hacía su entrada al escenario. El Parque Fluvial Renato Poblete, con sus laderas y canales, al más puro estilo de un parque británico, parecía hacer eco de lo que tendríamos en frente en esta nueva visita de of Montreal: fluidez, una mezcla perfecta de lo orgánico y lo artificial y, sobre todo, amplitud.

Con la banda en posición, y mientras el fulgor neón de los sintes comenzaba a emerger, hizo su entrada en majestad glam absoluta el gran Kevin Barnes: peluca, blusa, chaqueta, minifalda y panties, perfectamente alineado con el look que ostenta en el video de ‘Paranoiac Intervals / Body Dysmorphia’, de su reciente álbum “White Is Relic / Irrealis Mood”. Su voz, una mezcla siempre febril entre el Bowie más cockney, Prince y un afectadísimo Marc Bolan, relucía en perfecto estado, dando el inicio a su segunda presentación en Chile, con ‘Id Engager’ y ‘Gronlandic Edit’, ambas cohesionadas de tal forma que parecían un solo track. Desde ese mismo instante fue evidente la sincronía total entre el baterista Clayton Rychlik y el bajista Davey Pierce. Aunados, sus habilidades –ya notorias en los discos- sobresalían por completo en estado puro. Su pericia combinada fue el músculo de las bizarras composiciones de Barnes, donde las progresiones de acordes inesperadas y las letras colmadas de verborrea y vivencias personales no fueron obstáculo en ningún momento para hacer que el público respondiera físicamente a su efervescencia. He aquí por qué Barnes le debe a Bowie, Prince, Sparks y a XTC: para hacer pop de calidad no necesariamente se debe ser convencional. Es el triunfo de lo bizarro, de lo extraño, y de su encanto seductor.

Tras una salida abrupta del escenario, Barnes vuelve –mientras la banda no deja nunca de tocar- para hacer su segundo cambio de vestuario de la jornada. Así comienza a sonar ‘Paranoiac Intervals / Body Dysmorphia’, una de las cúspides de su nueva placa, con aquella oscura sección final que remite a The Cure y con una métrica coja y contagiosa a la vez. La base rítmica y los sintes de JoJo Glidewell ensamblaban perfecto, dejando claro que para of Montreal los límites entre lo orgánico y lo maquinal no existen. Barnes, bailando extasiado, prosigue con ese estribillo cachondo y obsesivo: “You should be fucking, fucking. Fuck, fuck, fuck. You should be fucking with no one else”. El guitarrista Nicolas Dobbratz, con un sombrero tejano, dejaba las seis cuerdas y se hacía cargo de otro par de sintes, en sincronía con las visuales matemáticas y alucinógenas.

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El repaso por el nuevo registro continua, después de ‘Plastis Wafer’, con el trance y la densidad de ‘Writing The Circles / Orgone Tropics’. Al igual que en la nueva aventura sónica de Barnes, los cortes del repertorio se sucedían sin respiro, como una gran versión extendida de su catálogo de los últimos 11 años. Las placas “Skeletal Lamping”, “Hissing Fauna, Are You The Destroyer?” y ”The Sunlandic Twins” eran protagónicas y el Prince interior de Barnes se contorneaba sugerentemente en ‘Sex Karma’, del funky “False Priest”.

Con un tercer cambio de vestuario -esta vez con peluca rosada y polera amarilla- la continuidad severa entre ‘Sophie Calle Private Game / Every Person Is A Pussy, Every Pussy Is A Star’ e ‘It’s Different For Girls’, del anterior “Innocence Reaches”, es perfecta tanto conceptual como pragmáticamente: el canto de Barnes en este segmento es una apología a la diversidad. En el público, era imposible no dejarse permear por el fulgor de la banda y su propuesta. Los hits ‘The Party’s Crashing Us’ y ‘Heimdalsgate Like A Promethean Curse’ –con su “Come on Chemicals, Come on Chemicals", progresiones imprevisibles, y Barnes tomando la guitarra en ese himno al desbalance interno- hicieron bailar a todos, al igual que el track que cerró la brillante presentación: ‘A Sentence Of Sorts In Kongsvinger’, del ya clásico “Hissing Fauna…”, un tema que ya tiene 11 años pero que, por lo prolífico y lleno de matices del proyecto, parecen el doble.

Sin embargo, no todo es expansión y movimiento en of Montreal. Poco antes de despedirse del escenario, y en un quiebre súbito, se deja caer la hermosa y breve ‘Touched Something’s Hollow’, haciendo una pausa en la avalancha de fricción.  En ese instante sublime, Barnes –acompañado solamente por el piano de Glidwell- mostró su lado más vulnerable. La emoción constante y desbordante, concentrada solo en su propia persona, se hizo más intensa y dramática aún. Con esos acordes a lo Bowie en “Hunky Dory”, el minuto y fracción de aquella composición -perteneciente a "Skeletal Lamping"- fue suficiente para conmover de forma instantánea: “Why am I so damaged, girl? Why am I such poison, girl? I don't know how long I can hold on. If it's gonna be like this forever”. Esa es la naturaleza misma de Barnes: el ímpetu por crear sin importar su propio bienestar, encapsulando de forma desbordante su vida privada en cada nuevo álbum. Dañado o no, en una hora exacta de show -que pareció un segundo- así fue como of Montreal reveló su abundante fauna susurrante.

Nuno Veloso
Fotos: Sergio Mella

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