Mondo Cane: El ciudadano Patton

Nostalgia y vanguardia de etiqueta

Domingo 9 de septiembre, 2018
Coliseo Santiago

La previa. La triada de shows que logró convocar Mike Patton junto a su proyecto Mondo Cane iba a comenzar la noche del sábado. Un Teatro Coliseo repleto, además contó con la impecable presentación en solitario de Alain Johannes, quien recibió el cariño inconmensurable de un público ya cautivo, que esperaba una última canción –anunciada por el mismo ex Eleven– pero que fue cortado inesperadamente. ¿Por qué había tanto apuro? Todo indicaba que el show comenzaría, entonces, a la hora. Pero tras varios minutos de espera, sucedió lo impensado: una persona del staff de la producción comunica la suspensión del concierto por una infección estomacal de Patton. El extranjero más chileno de todos con una dolencia arraigada en la idiosincrasia chilena. El show se reprograma rápidamente para la tarde del domingo, dejando una doble jornada para Mike y su orquesta.

Domingo. Seis de la tarde y el público empieza a impacientarse por los minutos de atraso. El querido Patton anunciaba por sus redes sociales que ya se siente mejor, y que hoy los conciertos van. Sin embargo, la primera sesión de Mondo Cane acusó el golpe del cambio de horario. El Coliseo que la noche anterior estaba repleto, se encontraba con menos asistentes. Las butacas vacías de la platea y el acceso más expedito a cancha eran el indicador. ¿Cómo estará Mike?, era una pregunta que varios nos hacíamos. Pero fue el mismo Patton quien la respondió, no directamente, pero si una vez que salió al escenario ante un público que lo recibió con aplausos y ovación cerrada.

El show. Vestido de la misma forma en que dio el primer recital de Mondo Cane en 2007 en Italia –de impecable traje blanco y camisa negra–, y con el mismo setlist que se ha negado a variar (en lo medular), la orquesta de reversiones de clásicos de la música popular tana de los años 50 y 60 inició con la hermosa y elegante ‘Il Cielo in Una Stanza’. Patton, desde esta primera canción, se mostró a piacere. Cómodo y desplegando su registro vocal más dulce. ‘Che Notte’, el swing con filtro John Zorn, encendió al público que ya llevaba horas con energía acumulada. Por su parte, la orquesta de más de 20 músicos –incluida la docena de violinistas de la Sinfónica de Chile– y comandada por el argentino Cheche Alara se soltaba y botaba los nervios. Ya en esa balada en blanco y negro como ‘Ore D’Amore’, la jocosa ‘20 Km. al giorno’, o la desgarradora ‘Quello che Conta’, Mondo Cane tenía domado a los asistentes.

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La versatilidad de las cuerdas vocales de Patton no deja de impresionar, sin importar lo que intente hacer con ellas. No hay imposibles a la hora de llevarlas hacia terrenos donde hasta los más avezados cantantes profesionales no llegarían o no se atreverían. Patton susurra, eleva unos altos dramáticos, vuelve a tonos más graves, hace scratch, beat box, y hasta se lanza gritos y guturales. Todo, sin perder aire ni afinación. Es por eso que cuando se desgarra y se inclina para interpretar ‘L'urlo Negro’ –donde también se pone el traje performático de ese frontman ezquizofrénico como cuando está al frente de Faith No More, Fantômas o Tomahawk–, las reacciones son, o de querer romperlo todo, o quedar momificado ante tanto estímulo. Luego, sin más que unos segundos de transición, pasa a cantar una de las más clásicas de su repertorio, ‘Legata a un Granello di Sabbia’ (original del gran Nico Fidenco, homenajeado también con ‘L´uomo che non sapeva amare’), que lo sitúa en su faceta más crooner. Roza lo increíble esa transmutación.

Vale destacar acá a algunos de los músicos que lo vienen acompañando en este proyecto desde hace un buen tiempo, como el baterista Scott Amendola, el multiinstrumentista Vicenzo Vasi (theremista de primer nivel), o el tecladista Enri Zavalloni, que acorazan a Patton para que pueda hacer sus trucos vocales. Todas sus intervenciones se hacían notar y marcan la personalidad de Mondo Cane, no como una orquesta que se conforma con la interpretación literal de todas estas canciones, sino que tiñéndolas de cada una de las facetas por las que Patton ha coqueteado en su carrera (rock, jazz, música incidental, avant garde, metal, etc.).

Con el público siendo cómplice en todo momento, el show avanzó raudo y seguro. Con momentos íntimos y emocionantes como ‘Scalinatella’, donde la mayor parte es interpretada casi a capela (solo con arpegios de guitarra de fondo) o la apacible ‘Senza fine’; hasta momentos más prendidos y eufóricos como en ‘Storia D'Amore’ o ‘Yeeeeeh’. Por supuesto, también hubo espacios para la interacción con los fanáticos, porque Chile es el feudo de Patton, qué duda cabe. Si bien no hubo sorpresas ni pausas en el setlist, y el sonido no logró alcanzar la monumentalidad de los arreglos, lo de Mondo Cane fue una clase magistral de cómo hacer música popular usando toda la artillería posible. Porque este proyecto, al final encarna la gran posibilidad de reimaginar un catálogo clásico pop y volver hacerlo fresco y novedoso, con fusiones impensadas (baterías trepidantes de la escuela de Frank Zappa en medio de arreglos sinfónicos, por ejemplo). Porque, ni el fan más acérrimo de Patton se imaginaba estar cantando, a corazón abierto, un tema como ‘Dio, come ti amo’, del inmortal Domenico Modugno (el mismo que encantó a la generación de nuestros padres con canciones como ‘La distancia es como el viento’  o ‘Cómo has hecho’). Notable gesto a la memoria musical de la canción popular italiana.

El General Patton conquistó suelo nacional, nuevamente.

César Tudela
Fotos: Peter Haupt

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