Max & Iggor Cavalera: Hipnosis masiva

El poder de la historia se tomó por asalto el Teatro Cariola

Martes 13 de noviembre 2018 - Teatro Cariola
Santiago Chile

Cualquier persona que se asomara por los puntos de venta el 12 de noviembre en la tarde se encontraba con la noticia: el concierto de Max & Iggor celebrando la era 89/91 de Sepultura estaba totalmente agotado. Y es que la fanaticada local respondió de manera entusiasta al reencuentro con un catálogo que trascendió todas las fronteras y se plantó en un panorama históricamente reservado para nombres provenientes del mundo anglo. Retrocedamos los relojes. Estamos hablando de 1989, época en que el metal no era tan global como hoy en día y su hegemonía dependía del péndulo que oscilaba entre ambos lados del atlántico, con algunas excepciones ilustres por su puesto.

La visibilidad del Sepultura clásico en el mercado internacional es un triunfo que atesoramos con orgullo latinoamericano, los sentimos como embajadores de la música extrema de nuestro continente y por eso siempre van a jugar de local, independientemente de la facción que se haga cargo. Con esto en mente, el 13 de noviembre era una fecha especial para rememorar esos sonidos que muchos de los presentes traspasaron de hermano a hermano, de amigo a amigo, de cassette en cassette; todo en un tono festivo que se vivió desde temprano cuando las tropas del apocalípsis empezaron a inundar la calle San Diego.

La postal que recibía a los asistentes en el teatro era decidora: una bandera brasileña y otra chilena cubrían los amplificadores mientras en el fondo lucía la calavera del “Beneath The Remains” coronada por la abominación  del “Arise” y  la palabra “Cavalera” rememorando la tipografía que se usó en “Morbid Visions” y “Schizophrenia”, símbolos que son parte importante del ritual.

Un par de minutos después de las 21:00 hrs, la introducción de ‘Beneath The Remains’ impregnó cada rincón del teatro. Los brazos no tardaron en alzarse y el mosh pit empezó de inmediato. Vestido con una polera de la selección chilena, Iggor empezó a masacrar la batería sin piedad, mientras Max y el público cantaban juntos al pie de la letra cada frase de ‘Inner Self’, ‘Stronger Than Hate’ y ‘Mass Hypnosis’, regalando al público el lado A completo del clásico de 1989 que los llevó a las grandes ligas. Nota aparte para la gran labor de Mike Leon en el bajo y Marc Rizzo en la guitarra solista, quienes se lucieron en las sendas interpretaciones de ‘Slaves of Pain’ y ‘Primitive Future’, tocando con gran intensidad y cimentando las bases para que Max pudiera manejar al público a su favor pidiendo que las “manos de fuego” aplaudieran para recibir ese combo directo al mentón llamado ‘Arise’.

Cerrar los ojos en ‘Dead Embryonic Cells’ mientras el teatro completo grita “SEPULTURA, SEPULTURA, SEPULTURA” era sentirse por un pequeño momento en el “Under Siege (Live In Barcelona) 1991”, pero es entonces cuando la realidad golpea. Max toma la posta y corrige: “VERDADERO SEPULTURA”, frase lapidaria en la que él mismo se proyecta como el guardián de un cancionero que toma forma en verdaderas joyas como ‘Desperate Cry’, ‘Altered State’ e ‘Infected Voice’.

Tras  ‘Orgasmatron’ y ‘I Believe In Miracles’, sendos covers de Motörhead y The Ramones respectivamente, el concierto entró en tierra derecha con momentos legendarios como la aparición del sempiterno Anton Reisenegger en ‘Troops Of Doom’, obsequiando una postal de antología con el fraternal abrazo que se dieron terminada la canción, la interpretación desenfrenada de ‘Refuse/Resist’ con “wall of death” incluído, la temeraria ‘Roots Bloody Roots’ con Max recibiendo una bandera Mapuche y el final con el medley ‘Beneath The Remains/Arise’ para cerrar el círculo que lleva de vuelta al presente tras una hora y media de puro frenesí en que cada canción cayó sin dar clemencia.

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Al salir del local, la fiesta parecía continuar. La tribu salió del teatro cansada y sudada, pero feliz de haber experimentado un momento crucial en la vida de cuatro chicos provenientes de Brasil que a finales de los ochenta lograron codearse con el quien es quien de la escena metalera. Rostros alegres que comentaban lo vivido y hasta se atrevían a esbozar percusiones brasileñas con los basureros emulando algún pasaje étnico del “Chaos A.D” o “Roots” en tono de sorna. La algarabía es entendible después de que Max e Igor sumieran a los suyos en un estado de alteración irresistible que parecía una hipnosis masiva. Y es que volver atrás a veces tiene su encanto.          

Pablo Cerda
Fotos: Andreas JR

 

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