MARILYN MANSON

Un mero trámite

 

Si hubo un show que no alcanzó a superar las expectativas fue el de Marilyn Manson. Hasta ese minuto, todo anduvo perfecto, pero el alter ego de Brian Warner vino solamente a cumplir con un concierto y una estricta lista de canciones. De aquella figura que solía sorprender y hasta molestar a los más sensibles aparentemente queda muy poco. Incluso, si no hubiese sido por aquellas fans que se quitaron sus sostenes y los arrojaron al escenario, Manson ni siquiera habría tenido de qué hablar entre tema y tema.

 

Lo de Manson, en cuanto a lo visual, no tuvo nada de shock como en sus mejores tiempos. Sí hubo numerosos cambios de vestuario, telones y maquillaje incluso, pero nada sustancial como para ser un real aporte al espectáculo. Su fanaticada, en todo caso, no claudicó y de hecho alimentó las fuerzas del plano set que siguió al pie de la letra temas como ‘The Dope Show’, ‘No Reflection’ o ‘Mobscene’.

 

Sin embargo, la cualidad corrosiva de Twiggy Ramirez en la guitarra alcanzó puntos altos, como en ‘Disposable Teens’ o la clásica ‘The Beautiful People’, que lograron entusiasmas en cierto nivel al público menos entusiasta por el show de Manson, tal como lo hicieron los covers de 'Personal Jesus' y 'Sweet Dreams', uno de sus más reconocidos. Ya entrada la noche, coincidentemente, el espectáculo logró un alza cualitativa, en especial durante ‘King Kill 33’, donde realizó el esfuerzo de presentar una performance como tal, como una especie de dictador decadente en un gobierno fascista tal como muestra “The Wall” de Pink Floyd.

 

Marilyn Manson no fue el de sus mejores días. Quizás perdió las ganas, quizás el impacto que causó en otra época no logra equipararse con los realities o, peor aún, con lo que muestran las noticias a diario. Incluso hubo amabilidad y simpatía de una figura que hoy despierta menos horror que un disfraz de Halloween. En lo musical y visual, fue correcto, pero su propuesta artística global se pudo haber visto autoinflingida.

 

Por María de los Ángeles Cerda

Fotos: Sebastián Jiménez