Lollapalooza Chile 2018: Excelente inicio

Pearl Jam, David Byrne y Volbeat, lo más destacado del día
Lollapalooza Chile 2018: Excelente inicio

La octava versión de Lollapalooza Chile introdujo un día extra al calendario. La jornada de ayer viernes 16 fue la primera en que el fin de semana se extendió por tres días. La pregunta era si el público respondería desde temprano, y por supuesto, así fue.



Cómo Asesinar a Felipes: Armas afiladas
“Vamos más consolidados”, dijeron los Cómo Asesinar a Felipes a revista Rockaxis sobre su participación en Lollapalooza Chile 2018. La frase es todo menos delirante, pues regresó al evento siete años después, un período en el que ha pasado harta agua bajo el puente -cambios de integrantes, varios discos lanzados, experiencia en el extranjero y festivales locales-, más la premisa continúa siendo la misma: mantener el espíritu propositivo y rompedor de esquemas. Lo que vimos en el Itaú Stage fue un grupo que busca en la incomodidad su mejor expresión. Las letras de Koala Contreras reflejan amargura y rabia, los cambios de ritmo de Felipe Salas en la batería son otro reflejo más de esta necesidad de no conformarse. Interpretar una suite como ‘Interior’ -con más de ocho minutos de duración- al inicio del concierto es sólo un botón de muestra de sus propósitos. Las presencias sobre el escenario del gran Billy Gould -fan confeso del grupo-, Camilo Salinas, Raimundo Santander, Matiah Chinaski -de los excepcionales Mente Sabia Crú- y el regreso especial del tecladista Gabriel Paillao sólo fueron el reflejo del respeto que despierta en sus pares y en seguidores. De seguro convirtieron a varios más.

Fuglar: Debut juvenil
El cuarteto comenzó su show a la 1 de la tarde en el Lotus stage, ubicado esta vez en un área verde del parque, con árboles y sombra. La propuesta del conjunto formado por Jorge, Christian, Mike Nutts y Gringo, que cruza entre el sonido de Imagine Dragons y Coldplay, fue perfecta para dar la bienvenida al público que llegaba a curiosear y al mismo tiempo, cantar cada una de las canciones del conjunto, desde 'Quién eres' hasta 'Nos vemos pronto'. La banda es dulce y juguetona, y apela al renacimiento de la primavera como una de sus inspiraciones. Con bailes y coreos, sus fans los apoyaron a lo largo de los 45 minutos de show, así como lo hizo Laurence Golborne, papá de Christian, quien, como papá chocho, sonreía con cada tema que el grupo interpretaba.

Pedropiedra: Sol mayor
En esta, la tercera incursión de Pedropiedra en Lollapalooza, se le vio mucho más consolidado, seguro y con un show que apela al baile y a un pop de autor con muchos colores, en donde el groove de músicas como el funk y el disco se dejan permear por samplers y teclados, dando luminosos toques electrónicos, sin perder el sonido análogo de estar con una banda completa haciendo cada una de las canciones. A diez años liderando su proyecto solista –aunque hoy se presenta como un colectivo: “somos Pedropiedra”– Pedro Subercaseaux, de brillante chaqueta violeta, parece haber procesado y adaptado todas sus aventuras como músico invitado: tiene la fuerza interpretativa de un MC, cierto descaro y desprejuicio en su performance, y un oído pop como pocos para armar canciones que son de gusto transversal. Y lo más increíble de todo, es que su popularidad ha crecido tan silenciosa como exponencialmente, sólo así se explica que cuando sonaron canciones como ‘Vacaciones en el más allá’, ‘Sol mayor’ (en su versión cumbia pop), ‘Pasajero’ o su primer éxito, ‘Inteligencia Dormida’ (que finaliza con un tributo a ‘Lautaro’ de Zaturno), el coro masivo se escuchó desde el otro lado del escenario. Jorge González, su padrino artístico, puede sentirse orgulloso de uno de sus pupilos.

Zoé: Canción animal
Hace poco más de diez años, Zoé se presentó por primera vez en Chile, como parte de aquel histórico Vive Latino. Su regreso, participando en la primera jornada de Lollapalooza Chile 2018 tenía la atención no sólo de sus incondicionales, pues los mexicanos decidieron iniciar aquí su gira internacional tras un parón de mucho tiempo. Tienen material nuevo en camino y dieron una pequeña muestra a los fanáticos que aguantaban estoicos y entusiasmados el calor que a esa hora ya era bastante, su sonido representa una continuación de lo ofrecido en “Prográmaton” (2013). ‘Azul’ ya era conocida por varios. El grueso del set fue un paseo por las texturas, revelando a los mexicanos como un grupo meticuloso y estudioso. Nada es al azar. Tienen la urgencia rock -’Últimos días’, ‘Vía láctea’- y el gen melancólico de la música de su país -’Nada’, ‘Fin de semana’-, añadiendo elementos electrónicos, detalles que forman el elemento central de su magnetismo. Fue sólo una hora y en un horario nocturno habría funcionado de mejor forma, es cierto, pero lo de Zoé es innegable: tal como Soda Stereo, pueden unir sofisticación y masividad.



Lanza Internacional: Dejando el pasado atrás
Los hermanos Durán cargan con la fama de Los Bunkers, pero la exitosa fórmula del conjunto no entra a jugar en el sonido del trío, conformado además por el baterista mexicano Ricardo Nájera. Su debut, lanzado el año pasado, atraviesa por las influencias del sonido inglés de los 80, el post punk y el new wave, hasta la última etapa de Los Prisioneros. En base a eso, cada uno de sus shows se transforma en una pista de baile, y así fue también en el escenario Acer, en que varios miles siguieron fielmente los 45 minutos de espectáculo de la banda. El grupo interpretó su primer disco además de un cover de 'Corazones rojos', en un show en el que seguramente se abrieron a una nueva camada de fanáticos.

Cordillera: En el valle de las sombras
¿Qué bandas pueden decir que el primer show de su existencia fue en un festival de la envergadura de Lollapalooza? Seguro son contadas con los dedos de una mano. A ese selecto grupo –si es que existe- se unió Cordillera, el proyecto ideado por Angelo Pierattini (Weichafe) y Carlos Cabezas (Electrodomésticos), y que completan Felipe Salas (Como Asesinar A Felipes) en batería y Valentín Trujillo (Electrodomésticos) en samplers y teclados. Era la prueba de fuego, y no porque sus integrantes sean unos novatos, sino porque Cordillera no tiene nada en su sonido que haga eco a cada uno de los proyectos de sus miembros. Sus mentores lo han contado, ellos querían salirse de su zona de confort, querían apostar por una idea musical inspirada en nuestro cordón andino y que fuera sumamente inquietante. Y eso es justamente lo que es esta súper banda, que se sale del canon típico de la canción rock para crear una ambientación tenebrosa, aletargada y de sicodelia pantanosa. Tal vez, por el horario, el calor, y el ambiente festivo del festival, la propuesta no haya encajado y no se haya percibido bien la experiencia que ofrece, pero la idea era mover los cimientos de la música con algo distinto y chocante. Vaya que lo lograron.

Ego Kill Talent: Futuro esplendor
Sin duda alguna, Ego Kill Talent fue la gran sorpresa de este viernes. No son desconocidos en este país, pero este show fue el más masivo por acá. Y el VTR Stage no le quedó grande al quinteto. Tienen el empuje y la fuerza de una banda de primera división. Escuchando los riffs, groove y la energía de piezas como ‘Heroes, Kings and Gods’, ‘Last Ride’ y ‘Sublimated’, se esclarece que los oriundos de Sao Paulo han aprendido del manual “rock de estadios” escrito por Foo Fighters en los últimos años. Son tan contundentes como los dirigidos por Dave Grohl, pero también guardan esa actitud de exponentes como Alter Bridge, en que la técnica se pone al servicio de la multitud. Y Ego Kill Talent no falla: arengan constantemente a los asistentes, requieren su participación y reacción. El cantante Jonathan Correa tiene una voz con autoridad e incansable. El resto de la banda presenta una ejecución impecable, pues el sonido fue bestial y lleno de fidelidad, totalmente internacional. El futuro se ve inmenso para ellos.



Shoot the Radio: Sonidos del pasado y el futuro
Una de las grandes novedades de este Lollapalooza 2018 era el primer concierto en suelos chilenos de Shoot the Radio, el dúo integrado por el ex Soda Stereo, Zeta Bosio, y Fernando Montemurro. Su sonido es anacrónico y futurista al mismo tiempo, como Blade Runner. La comparación no es al azar: el mismo grupo ha mencionado a artistas de los 70 y 80 como algunas de sus referencias y es casi ineludible traer a la mente la banda sonora de aquella cinta, compuesta por Vangelis. Pero al mismo tiempo, cuentan con la impronta de Daft Punk y The Chemical Brothers, y la espectacularidad que merece un dúo electrónico en cuanto a su puesta en escena. Repasaron su disco "Opera Galaxy", en Perry's stage, frente a rostros sorprendidos.

The Ganjas: Precaución, alto voltaje
El sonido dub sicodélico y de garage se tomaron el Lotus Stage cuando The Ganjas salió al escenario cuando el sol aún pegaba fuerte. Como era de esperarse, el cuarteto no especuló, y salió con todo para mostrar parte de su catálogo. Jugaron con la subida y bajada de intensidad, decibeles y loops, con efectos y la creación casi onírica de un ambiente humeante, aún a plena luz de la tarde. El cuarteto ya tiene un fiato ganado por las numerosas tocatas en el cuerpo y su ya larga trayectoria, rockanrolean a gusto y mantienen un pulso constante, sin perder su brújula cargada por los punzantes riffs eléctricos que guían todo su viaje sonoro y sensorial, porque siempre hay que ir preparado para ver y sentir sus largos pasajes instrumentales. Aunque tampoco para ellos funcionó la hora de su show, que le quita la vibra trasnochada característica que poseen. Aún así, lograron conectar, a ratos, en sus estados perpetuos y perplejos que propone su sonoridad, guiada por las improvisaciones lisérgicas de Sam Maquieira con su guitarra y las insobornables líneas de bajo de Pepe Astaburuaga.

Los Jaivas: Emotivo
A las cuatro de la tarde, y con un gran marco de público, los Jaivas se subieron al escenario para interpretar en forma íntegra "Alturas de Macchu Picchu", uno de los discos más relevantes en la historia de la música chilena. El público siguió el show como si fuese una ceremonia, y así se entendió desde el inicio del show, en que Juanita Parra se encontraba sentada junto a su batería, con los ojos cerrados, entrando al rito. Escuchar "La poderosa muerte" es intenso, así como "Sube a nacer conmigo hermano" eleva. El final, con "Mambo de Machaguay" y "Todos juntos", fue toda una celebración. Los Jaivas sabiendo hacer lo que hacen: conmover masivamente.

31 Minutos: Tulio, ¡estamos en el Lolla!
Pocas veces se ven los escenarios tan llenos como para los shows de 31 Minutos. Alojados en el Kidzapalooza, el espectáculo preparado por los títeres de Aplaplac fue un éxito absoluto. El “Tremendo Tulio Tour” –que a estas alturas son como los espectáculos del Cirque du Soleil en miniatura– apela a un guión pensado tanto para niños como para adultos, y en su oferta musical con canciones que se han transformado en parte de la genética de nuestra música. El cariño por los personajes, la identificación con ciertos relatos y la genialidad de todo el equipo para siempre entregarnos algún detalle extra vinculado a la cultura pop (como en el final de ‘Diente Blanco’ haciendo un mash-up con ‘Querida’ de Juan Gabriel), elementos por los cuales 31 Minutos es uno de los proyectos multiplataforma más populares de nuestro tiempo. Porque todos saben quién es Juanín Juan Harry, Juan Carlos Bodoque, Tulio Triviño y Patana, y porque todos cantamos ipso facto cuando escuchamos las melodías del ‘Doggy Style’, ‘Son Pololos’ o ‘Mi Equilibrio Espiritual’.



Volbeat: Sin miedo
Ver a Volbeat en vivo es toda una experiencia. Su dirección es el rock duro, cercano al metal. Pero etiquetarlos así sería una forma casi irrespetuosa de etiquetarlos, pues los daneses ofrecen rock de estadio en su máxima expresión. En Lollapalooza Chile 2018 fuimos testigos de cómo Poulsen y sus compañeros tienen la pasta de número estelar, aunque tocaron recién cerca de las 18 horas. Nada importó. A partir de ‘The Devil’s Bleeding Crown’ y hasta ‘Still Counting’, los ánimos estuvieron siempre al tope desde y hacia el escenario. La música fue una invitación a pasarlo bien, a disfrutar y Volbeat lo consiguió, gracias a la ejecución impecable de los músicos -se notaba que todos lo pasaban de maravillas tocando- y el carisma inagotable de Poulsen, totalmente feliz y solicitando la atención permanente del público. Qué importa interpretar el cover ‘I Only Want to Be With You’ -conocido de su catálogo- si la sorpresa y el disfrute se siente de inmediato en las caras de los fanáticos. ¿Mencionar y tocar algo de Johnny Cash? Suena a un pequeño disparate pero el cantante piensa que no hay problema alguno y ofrece algo de ‘Ring of Fire’ antes de arremeter con ‘Sad Man’s Tongue’. Aplauso total. De lo mejor del día viernes.

David Byrne: No necesitas una aplicación para mover los pies
El show de David Byrne quedará marcado como uno de los mejores que se han visto en la historia de Lollapalooza. El ex Talking Heads, pone especial cuidado a cada una de sus giras, y se ha destacado por crear un concepto totalmente distinto en cada una de ellas. Ahora, en promoción de su disco solista "American Utopia", cuenta en el escenario con una banda unida por sus trajes grises, multirracial, multigénero y multipropósito: aparte de tocar sus instrumentos y de bailar, también eran gestuales, actuando como si todo el espectáculo fuese una gran montaje teatral.

Dio esa idea desde que David Byrne se sentó solo en una mesa, con un modelo de un cerebro, usando sus dotes de orador como de entertainer, cuando interpretó 'Here', la primera canción de su nuevo álbum. "Aquí hay una zona que con abundantes detalles, aquí hay una zona que apenas usamos", narraba mientras miraba a la audiencia, que ocasionalmente miraba con desconcierto. Desde ese momento en adelante, cada canción contó con una coreografía distinta, con la desintegración de la batería en al menos tres partes que tres músicos interpretaban por separado y con pasos que eran fáciles de seguir para un hombre de 66 años y para cualquiera que considere que mover los pies no es lo suyo. De una forma extraordinaria, Byrne fue lúdico con la limitación de su edad así como con su apertura musical, totalmente libre de prejuicios.

Su visita a las canciones de Talking Heads fueron celebradas, ('I Zimbra', 'Slippery People', 'This Must be the Place', 'Once in a Lifetime', 'Blind' y 'Burning Down the House'), formando casi la mitad del repertorio que interpretó en Chile. También volvió a su disco "American Utopia" con 'Everybody's Coming to My House', y cerró con 'Dancing Together', un tema coescrito con Fatboy Slim, una conclusión precisa para un artista que derriba límites mentales y artísticos.

Sinergia: Profetas en su tierra
“Nosotros estábamos con la duda si iba a llegar gente o no”, decía Don Rorro luego de tocar las primeras canciones con Sinergia en el Lotus Stage, todo porque a la misma hora eran las presentaciones de Volbeat y David Byrne. Sin embargo, “se cosecha lo que se siembra”, como reza el dicho popular. Lleno total para ver a los nacionales, uno de los últimos bastiones del rock chileno de masas, categoría no les queda para nada grande. Desde las primeras canciones, ‘Hágalo bien’ y ese hit imperecedero que es ‘Mujer robusta’, el polvo que se levantó debido a los saltos creó una especie de niebla desértica. Histriónicos, provocativos, contestatarios, y uniformados con overoles rojos, lo de Sinergia solo habla de consolidación y de lo mucho que al público rockero local le gusta esta forma de hacer música pesada, con un ideario geek y un gran sentido del humor, capaz de reírse de ellos mismos. Sinergia, en sus 25 años, han trabajado duro para lograr la euforia colectiva que logran en cada uno de sus shows, y para ir siempre generando hits y coloridas performances en vivo, con bailes o con la inclusión de un trío de bronces, haciendo que sus canciones crezcan con esos arreglos. Momento alto fue cuando se la jugaron por un medley de cumbias clásicas (que incluía ‘Pícara’, ‘Si te vas de mi’, ‘Cariñito’ y ‘Loco, loco’) pasadas por el filtro metal-pájaro, y creando una nueva mística en ese corrido en 8-bits llamado ‘Amores de gamers’, donde hacen participar a sus seguidores con una entretenida kiss-cam. “Amor eterno, amor pájaro, amor alternativo para todos ustedes”, se despedía un emocionado Don Rorro.

The National: Oficio y épica
Antes de salir al escenario, todos sabíamos que The National la tenía difícil. La presentación de David Byrne fue de antología, pero los de Cincinnati conocen su oficio y en su regreso a Lollapalooza Chile lo mostraron como es su estilo, sin aspavientos desmesurados y con un aliado impensado: el atardecer, un ingrediente que dotó de color a las lúgubres melodías del quinteto. La gran parte del set se basó en “Sleep Well Beast”, obra reciente -que se llevó un Grammy como Mejor Álbum Alternativo-, pero incluyó algunas glorias del resto de su catálogo: ‘Bloodhuzz Ohio’, ‘Squalor Victoria’. La voz de Matt Berninger es el centro de toda la elaboración sónica de The National. Su voz de ultratumba guía las espirales trazadas por los hermanos Dessner (‘Fake Empire’), que llega a un clímax emocionante (‘Day I Die’) con aroma a himno (‘Terrible Love’) y desgarrador (‘Mr. November’). Su show dejó la sensación de que es necesario un regreso de los de Ohio en solitario.



LCD Soundsystem: Manipulando intensidades
Esta era la primera vez que el grupo liderado por James Murphy se presentaba en Chile tras su publicitada disolución y regreso en el año 2016. Las ganas del público por verlos estaban ahí, como si se hubiesen convertido en un mito y el mito fuese realidad. En su sonido pasa desde la guitarra más pesada al trance insoslayable, e influencias que pasan por Talking Heads hasta David Bowie.

Pero mucho recae en el carisma de Murphy. Con su eterna cara de trasnoche, contempla al público muchas veces sin gesto alguno. Pero es el personaje, el que se hace parte del show tanto como quienes lo observan. Su set inició con los hits 'Daft Punk is Playing at My House' y 'I Can Change', como también pasó por algunos tracks de su nuevo "American Dream", 'Oh Baby', y 'Tonite'. La triada de 'You Wanted a Hit', 'Tribulations' y 'Movement', sin embargo, fue la que llevó el show a su cima de intensidad, donde hubo poco de sutileza y mucho de desato completo. El cierre llegó con la épica 'All My Friends', cuando el público ya estaba rendido a los pies de Murphy y tras haber convertido la explanada del Itau stage en una enorme pista de baile.

De Kiruza: Música pal’ mundo
La inclusión de De Kiruza en el line-up del Lollapalooza fue sorpresiva. Desde hace un tiempo que no se sabía nada de esta mítica banda parida en los últimos años de los 80, pero que desde su aparición, fueron catalogados de innovadores y precursores de ritmos que muy pocos se habían atrevido a realizar. Cerrando el Lotus Stage el día viernes, y con un leve atraso, la banda del mayor de los hermanos Foncea, Pedro, sorprendió desde la primera canción, ese clásico del under llamado ‘Que me quiten las sombras’. Acompañados de una bailarina afrodescendiente –con un ritmo impresionante–, De Kiruza presentó su música rebosante de matices, con percusiones, teclados y un montónde finos detalles instrumentales. Esa raíz afrolatina con la que siempre han experimentado, hoy suena fresca y moderna, gracias a los colores  que entrega Felo desde los sintetizadores y piano digital, aunque toda la banda se luce. La inconfundible voz de Pedro ya se la quieran algunas bandas que hacen soul. Impecable y pasmoso show, que seguro será recordado, para quienes estaban ahí, como una de esas joyas escondidas que propuso Lollapalooza.

Pearl Jam cerró la jornada con su segunda presentación en una semana, con un set totalmente elaborado para las grandes multitudes, que vibraron con una presentación que sobrepasó las dos horas, coronándolas con fuegos artificiales.

La fiesta de Lollapalooza Chile experimentó una ampliación y no ha perdido un ápice de calidad en su propuesta, mezclando nombres clásicos, actuales, nacionales y extranjeros. Un árbol de estilos que continúa creciendo. El fin de semana comenzó con un buen pie.

María de los Ángeles Cerda
Jean Parraguez
César Tudela
Fotos: Juan Pablo Maralla - Peter Haupt

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