#LollaCL 2019, día 3: con mensajes potentes

Fiskales Ad-Hok, St. Vincent, The 1975 y Rosalía brillaron en la jornada final

La tercera jornada de #LollaCL guardaba algunos de los actos más esperados del festival, como los ingleses Arctic Monkeys y Rosalía, fenómeno venido desde España y que gozó de una convocatoria multitudinaria.

A pesar de que los protagonistas parecían fijos, los chilenos Fiskales Ad-Hok fue sin duda el show más comentado de todo el festival, remeciendo el espectro político social. El mensaje de los chilenos -apelando a la historia y las reivindicaciones del pueblo- por un lado; el de la inmediatez de The 1975, por otro. Espectros disímiles en el papel, pero que encontraron su lugar y convivieron en #LollaCL.

Esos ruidos alegres de Adelaida
Tal como en los dos días anteriores, una banda nacional fue la encargada de abrir la jornada. Los porteños Adelaida remecen el Acer Stage con sus riffs de volumen a tope, que retrotraen momentos nirvaneros aderezados de pop nacional. El debut de Adelaida en Lollapalooza era cosa de tiempo. El trío compuesto por Jurel Sónico, Gabriel “Lele” Holzapfel y Naty Lane ya carga un buen recorrido, con presentaciones en Rusia, España y Estados Unidos. ‘Holograma’ es una de las que desborda potencia en su show, en esa mezcla ruidosa, pero llena de alegría que el trío expone. El baterista Gabriel “Lele” Holzapfel toma la palabra para dedicar ‘Creofalso’ a las AFP y los medidores inteligentes. “Hoy es la marcha contra las AFP y ojalá tenga más convocatoria que Lollapalooza”, dice el baterista, añadiendo un toque social a su presentación. Para el cierre invitan a Chini Ayarza, de Chini & the Technicians, para tocar un par de canciones con las que cierran su entretenido espectáculo. (Juan Pablo Andrews)

Fiskales Ad-Hok: dame algo de verdad
Se podría decir que el show contó con un sonido excelente, demoledor y definido, con un set que recorrió varios puntos de su discografía, incluyendo material del próximo disco "El flagelo", con un público prendido y apañador. Pero se trata de Fiskales Ad-Hok, y no sería justo quedarse solo en dichas referencias. El debut de Álvaro España y sus compañeros en #LollaCL debía permanecer en la retina y ellos, siempre dispuestos a dar la cara y su opinión, más aún en una instancia con tanta pantalla como el festival. Las visuales de Tomás Ives, reemplazando en el conocido logo del grupo a Pedro de Valdivia por figuras como José Antonio Kast, Patricia Maldonado o Sebastián Piñera, saltaron a la palestra, levantando una polvareda cuyas dimensiones estamos lejos de predecir en este momento. Algunos de los aludidos mostraron su desaprobación, sin siquiera mencionar que décadas atrás defendían a brazo partido el asesinato y el pillaje de la sangrienta dictadura de Pinochet. Son adeptos de aquellos años, sin ninguna palabra de arrepentimiento, sólo la soberbia acusadora, apostando al manoseado concepto de la "tolerancia". La actuación de los Fiskales fue para recordarnos que dicha época no terminó, que varios siguen en dictadura, presos de sus políticas -AFP, deuda histórica del profesorado, constitución- y sus deleznables aparatos represivos -hoy en día, son muchos los que aún no saben qué pasó con los Detenidos Desaparecidos- con la gente que sale a exigir sus derechos, como los representantes de los pueblos originarios. La música es un mensaje potente, pero la banda nacional tiene ese "algo más" del que gozan los históricos. Infiltrados absolutos en Lollapalooza, firmaron la actuación más notable y llamativa del festival, llenándola de conciencia y lucha. Lo dijo su vocalista: "cualquier lugar es bueno para hablar estas cosas". Histórico. No esperábamos menos de estos emblemas del punk local. (Jean Parraguez)

Cigarbox Man: sonidos indómitos
Con su EP “Solomon” (2019) recién editado, Cigarbox Man abrió la jornada en el Acer stage mostrando su mezcla de blues y psicodelia con guiños claros a referentes del rock clásico y de la música del alma. Solo les bastaron 30 minutos para demostrar porque son una banda tan especial dentro del catálogo nacional, no solo porque entre sus integrantes se encuentran el ex bajista de Los Bunkers Gonzalo López y el baterista que trabaja con Pedropiedra y Pillanes Eduardo Quiroz, sino porque la total protagonista de sus presentaciones es la propia Cigarbox confeccionada por el vocalista Felipe Ubeda. “A veces se pone un poco tímida en público”, comentó el músico antes de empezar ‘Cool Times’, momento en que el instrumento no sonaba, pero luego se sumó al poderoso cierre con aroma a delta blues que propiciaron tras pasar por cortes como la melancólica ‘PNG’ o la desfachatada ‘Solomon’, que toma su nombre de una pequeña isla según cuenta el vocalista, pero que en vivo suena como un gigante territorio sónico que espera por ser descubierto. Si lo de Cigarbox Man ya es interesante en esta primera etapa, sólo podemos tener altas expectativas para los nuevos territorios indómitos que nos harán explorar en el futuro. (Pablo Cerda)

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La Vela Puerca: defensores de su raigambre musical
En sus siete presentaciones en Chile, la Vela Puerca ha ido generando un vínculo con nuestro país. En esta ocasión los uruguayos, buenos defensores de la raigambre musical de su país, hicieron su debut en Lollapalooza Chile, luego de ya tener experiencia en los festivales Frontera y la versión criolla de Cosquín. La banda sigue en la promoción de su última obra, titulada “Destilar” (2018), del cual extraen las tres primeras (‘Velamen’, ‘Atala’ y ‘La Nube’) para abrir su show en Lollapalooza. El conjunto, de nueve integrantes, arranca a las 14.00 horas, momento en que aún no es mucha la gente que llega al Parque O’Higgins. Pero los que están, valoran la propuesta de los uruguayos, que cuenta con una buena mezcla de ska y rock. Todo con ese aroma a estilos musicales desarrollados tanto en Argentina como en Uruguay. “Es un orgullo para nosotros venir desde Uruguay hasta acá”, lanza la banda en una parte del show, que entretuvo y entregó otra variedad al evento. (Juan Pablo Andrews)

Caramelos de cianuro: haciendo patria
El abultado número de banderas venezolanas en las cercanías del Acer stage auguraba un hito importante. No solo era el debút de Caramelos de cianuro en Lollapalooza, también era la primera vez que una banda de esa nacionalidad pisaba un escenario del certamen. El caluroso recibimiento del público que se reunió para verlos le hizo justicia a una trayectoria que comenzó en los 90, y además tiñó a esta emocionante e irrepetible actuación con un sentimiento de pertenencia que no tiene comparación. Su Rock and Roll de corte ganchero y atrevido atrapó de inmediato gracias a una buena cantidad de historias que reflejan su espíritu callejero. Una muestra de ello fue la canción ‘El flaco’, simpática narración de una noche delirante que, a pesar del cliché eterno del mantra fiesta, mujeres y rock, en lo musical estaba acompañada por un riff endemoniado que le dio mucho sabor a tan sórdido relato. A pesar de la ausencia de un referente importante dentro del grupo como Miguel Ángel González, apodado el Enano, la banda supo conformarse como quinteto para dar un show que sus compatriotas no olvidarán. Los sólidos guitarristas Frank Monasterio y el recién llegado Rafael Antolínez, quien en esta oportunidad cumplió su cuarto show con los de Caracas, secundaron al sempiterno Asier Cazalis en ‘Estrógeno’, ‘Las estrellas’ o ‘Verónica’, quien goza de una puesta en escena envidiable repartiendo carisma a destajo.  A pesar de que esta no es la primera vez que tocan en Chile, sí fue una oportunidad de oro para que este verdadero clásico del rock venezolano se expusiera ante un público mucho más numeroso. Definitivamente, la música es otra buena manera de seguir abrazando a nuestros hermanos latinoamericanos y, en esa labor, Caramelos de cianuro saca la tarea adelante. (Pablo Cerda)

Gepe: Un señor del pop
La evolución de Gepe no ha sido menor: De baterista en el proyecto “Taller dejao”, a su exploración pop y su interés en rescatar el folclore. No solo eso. Ha desarrollado un show sólido, que debería ser de constante exportación. El domingo reunió a un gran número de asistentes en el VTR Stage, a eso de las 15.00 horas, en una escena similar a la que vivió Mon Laferte en 2018. Ni el fuerte sol que a esa hora se hacía notar impidió que el músico se llenara de asistentes, para realizar un espectáculo que reunió pop, folclore, un toque de actualidad representada en el trap y algún problema de sonido. ‘Hambre’ da la partida, para seguir con ‘Hablar de ti’, donde el saxofonista Franz Mesko regala un delicado solo en su instrumento. El cantante no pierde su interés en los tambores, lo que refleja cada vez que se sienta en la batería para rescatar ese pasado que lo unió a ese instrumento. El espectáculo goza de buena calidad en sus interpretaciones a cada momento. En una parte del show, y como una muestra de respeto, hace mención a la destacada folclorista Margot Loyola, quien inspiró su disco “Folclor Imaginario”, lanzado el año pasado. Pero, cuando todo iba bien, el cantante sufrió un desperfecto, que llevó a que el sonido de salida se apagara en su totalidad. Ello no fue advertido por el músico, quien siguió cantando. Al parecer, la falla estaba en el sonido exterior y no en lo que el músico oía. El problema se mantuvo por algunos instantes, recordando algo similar que ocurrió con The Strokes en 2017. El público agitaba las manos y hacía silbatinas para intentar que el músico notará el hecho. Tras un rato, todo volvió a la normalidad con la canción que estaba ya andando, la cual siguió desde la mitad. Se trataba de ‘Amor Violento’, cover de Los Tres. La conmovedora ‘Ser amigos’ sigue la tónica romántica de la anterior para luego dar paso a ‘Fiesta maestra’. ‘Amoríos pasajeros’, tal como en el disco “Folclor imaginario”, contó con el cantante de trap Gianluca, dando un toque de actualidad, lo que siguió con la popular ‘Fruta y té’. ‘Bomba chaya’ es la que pone el broche dorado para terminar el buen show. El problema técnico -que se suma al ocurrido con Lenny Kravitz el viernes- no fue suficiente para empañar el show de Gepe, hoy instalado como todo un señor del pop. (Juan Pablo Andrews)

Sinergia Kids Game: volviendo a la infancia
Sinergia siempre ha sido transversal. Sorprendidos por la gran cantidad de padres e hijos que los siguen, el grupo respondió a la inquietud creando un espectáculo pensado exclusivamente para los más pequeños, volcándose de lleno al mundo gamer que tanto identifica a Don Rorro. Con la conducción de la popular Lorena Miki, llevaron a cabo el primer torneo en el que banda y público compitieron para ganar la Copa Gamer, una experiencia interactiva que mezcló música y juegos. En ella, los participantes debían superar distintos desafíos como seguir pasos de baile, mover los brazos para formar las figuras de triangulo, circulo, cuadrado y flecha de los joysticks según lo que aparecía en la pantalla, abrazarse o cantar en idioma gatuno cuando aparecía la figura de un gato, reemplazando la letra de la canción en cuestión por la palabra “miau”. Tanto la música como las letras se adaptaron especialmente para esta ocasión, así que ‘Lo vamos a pasar bacán’ pasó de ser la preparación fallida de un carrete a un cumpleaños de niño que no resulta y el ‘Día del sexo’ se transformó en el ‘Día del queso’, además de los arreglos en modo 8 bit que rondaron a clásicos como ‘Mi señora’. Repartieron sopaipillas al público en ‘Sopaipillas con mostaza’, e incluso modificaron el clásico axe ‘Tapinha’ para caracterizarlo como ‘Sopaipillas pasadas’, con un gracioso baile de los Djs Panoramix y Humitas, también se bajaron del escenario para compartir con el público y tocaron ‘Adiós Chimuelo’, causando las risas de un público que disfrutó y participó a concho en la dinámica. La copa quedó en manos de una pequeña niña que lo dio todo jugando y la fiesta cerró con ‘Te enojai por todo’ junto a la ganadora y sus padres en el escenario. Con la celebración del cumpleaños de Pedrales se produjo el cierre del Kidzapalooza stage, un entorno que siempre tiene algo interesante para ofrecer. En esta oportunidad, Sinergia arrasó con un show visualmente increíble que demuestra una vez más su versatilidad como un acto para toda la familia e hizo volver a muchos a la infancia. (Pablo Cerda)

Foals: fiebre de baile
Hace solo unas semanas, los ingleses Foals publicaron la primera parte de su ambicioso nuevo material “Everything Not Saved Will Be Lost - Part 1”, disco que sorprendió a la crítica por su marcado pulso electrónico. Más encasillados en la vereda estética del indie rock, la verdad es que los de Oxford siempre han sido propositivos, con un espíritu innovador, pero guiados por un rock alternativo directo, cargado de melodías gancheras y ritmos bailables, acrecentados, por cierto, en este último tiempo. Esa mezcla es la que fueron mostrando, progresivamente, en el show que plantearon en el escenario Banco de Chile, desde la partida con ‘Mountain at my gates’, aunque la descarga de energía se inició propiamente tal con la pegada de ‘On the luna’ con ‘In degrees’, ésta, cargada de beats electrónicos y en donde Yannis Philippakis queda en solitario con su guitarra en primera línea, mientras el resto de la banda se desenvuelve entre teclados, sintetizadores y percusiones. De acá en más todo deriva en el baile y en texturas electrónicas, incluso en aquellas canciones cargadas de guitarras como ‘My number’, ‘White onions’, el clímax de la balada indie ‘Spanish sahara’ o en la épica de ‘Inhaler’. La sensación festiva es contagiosa, y su propuesta es acorazada por dos músicos más, haciendo de la banda una verdadera y efectiva artillería pop rock. Un show de alta intensidad y en total sintonía con el espíritu de nuestro tiempo. (César Tudela)

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Rosalía: la joya de la corona
Los comentarios encontrados después de un rápido vistazo en redes sociales sobre el inicio del show de la española Rosalía parecen ser decidores. Si el sábado se habló del poder convocante de Paloma Mami –con solo cuatro canciones en su repertorio–, lo que provocó la estrella hispana fue apabullante. No es misterio que el año pasado se llevó todos los halagos tras la publicación del disco “El Mal Querer”, por lo que llegaba en un momento envidiable a presentar esas canciones con millones de reproducciones en las plataformas de streaming. El mejor indicador fue el karaoke masivo e inquietantemente demoledor de ‘Pienso en tu mirá’, como si se tratara de un clásico con años de rotación. Era tanto el griterío que la fina voz de la joven catalana se perdía en el predio del parque, repleto hasta decir basta. Su show, pensado milimétricamente, cuenta con detalles a la altura de una súper estrella pop. Sus coreografías arriba de una tarima –donde es acompañada por un cuerpo de baile– no son al azar, y al igual que su música, se deja permear por sus raíces flamencas, las que parece potenciar mucho más en vivo. Mientras baila, a un costado la acompaña un coro conformado por hombres y mujeres, que eran soporte para su canto que se filtra por los beat de El Guincho, su productor. Todo era sutileza y emoción, cantando a ratos a capela o con las sinuosas bases mixtas entre modernidad y folclore gitano. Ya hacia el final, los beats infectados de música urbana activaron al público y levantaron el polvo. ‘Di mi nombre’, ‘Brillo’, ‘Con altura’ –estas últimas grabadas junto al astro del reggaetón colombiano J Balvin–, ‘Aute Culture‘ y ‘Malamente’ cerraron el show de la nueva vedette del pop y una de las artistas más importantes del último tiempo, con todo el púbico conquistado por una mujer que a sus 24 años, demostró autoridad y clase. (César Tudela)

The 1975: paraíso pop
Alrededor de las 19 horas, las mayores multitudes de la tercera jornada de #LollaCL se repartían entre Rosalía (ACER Stage) y los que esperaban a The 1975, en el VTR. Con visitas al país bien seguidas, el público ha sido testigo del crecimiento exponencial del cuarteto inglés. Ahora, en un horario estelar, con un disco alabado por la crítica y fanáticos. Un montaje minimalista en artículos pero rico en detalles y estimulaciones, gracias a sus visuales, que no servirían de nada sin el sostén musical, que afortunadamente tienen los nacidos en Manchester. Que los tilden de "banda millenial" no es una caricatura, pues los liderados por Matt Healy saben que se deben a estos tiempos. En las pantallas pasaban efectos que simulaban filtros de Instagram, y el espectáculo siempre se basó en la interacción. Un cantante siendo el constante centro de atención, te invita a bailar, a cantar, caracterizando la inmediatez de estos tiempos. 'Somebody Else', 'Robbers', 'Chocolate' y 'Sex' podrían ser los puntos altos de un show que no dio respiro a su fanaticada, entregando detalles que ponían a prueba su capacidad de asombro una y otra vez. El mensaje era claro: hay que estar en constante actualización. (Jean Parraguez)

Joe Vasconcellos: más vivo que nunca
Al igual que De Kiruza el año pasado, Joe Vasconcellos la tenía difícil en el Lotus Stage. Los shows de Rosalía y The 1975 programados a la misma hora pusieron nerviosos a su staff, como él mismo confesara luego de tocar ese temazo que es ‘Blusa transparente’. Pero Joe es un súper clase. No solo llenó el lejano escenario, sino que se propuso un show a la altura de la celebración que está preparando para noviembre, en torno a las dos décadas del disco “Vivo”. Tal como en ese registro, los hits cayeron como maná del cielo: ‘Mágico’, ‘Las seis’, ‘La joya del Pacífico’, ‘Solo por esta noche’, ‘Ciudad traicionera’, ‘Sed de gol’, ‘Premergencia’, ‘La funa’, ‘Huellas’ y el clásico de Congreso de su autoría, ‘Hijo del sol luminoso’ (con final homenajeando a la música nortina), todas interpretadas por una banda de once músicos –vestidos de impecable blanco– que incluía un trío de bronces y un par de coristas, quienes perfilaron cada nuevo arreglo al servicio de Joe. Si hay algo que reconocerle, es que, pese a no tener ya esa fuerza vocal de antaño, es un músico que irradia un carisma carnavalero como ningún otro, y disfruta a concho cada minuto arriba del escenario. El público sintió esa vibra y cantó y bailó cada una de esas canciones que ya pertenecen a nuestro cancionero popular. (César Tudela)

St. Vincent: diosa cyber punk
Cuesta definir lo que hizo St. Vincent cerrando el Acer Stage. Pero la sensación es clara: su espectáculo fue soberbio. A otro nivel. Vestida con malla, botas sobre la rodilla y traje de látex negro, se sube en solitario al escenario, envuelta sónicamente por una base electrónica en la que están sampleadas sus instrumentaciones. Lo suyo es un pop digital, provocador, futurista (hasta cyper punk, si se quiere), pero que surfea con desgarrados riffs casi industriales y licks de garaje en las seis cuerdas. Ese es su instrumento, en el cual se maneja a piacere, haciendo prevalecer esos años de estudio en Berklee. Es virtuosa a su manera, no se rige bajo ningún canon del siglo XX (llámese jazz o rock), y tampoco le tiembla la mano a la hora de poner efectos, distorsión o hasta golpear alguna de sus poligonales y coloridas guitarras, construyendo su propia épica en las posibilidades del instrumento. El mar de secuencias experimentales, si bien eran fundamentales para la propuesta, parecían mero maquillaje ante el desplante de la solista. Aquella propuesta, a pesar de ser rítmico y bailable, deconstruye el método efectista de canción pop.  Acompañada a su vez por visuales con la estética de su último disco “Masseduction”, lo de St. Vincent también es un relato de empoderamiento femenino, a través del sexo y la seducción. Exudando creatividad y talento, Annie Clarke fue la femme fatale de este Lollapalooza. Encantadora, peligrosa, cercana, sensual, virtuosa. Si venía con banda, rompíamos todo. (César Tudela)

Con Arctic Monkeys en su mejor momento finalizó la novena edición de Lollapalooza. Aunque ya es una costumbre, no podemos evitar maravillarnos ante lo logrado por el festival en nuestro país. El balance entre los nombres participantes sigue sorprendiendo, pues bien podría ser la traducción de lo que está pasando hoy por hoy en la música mundial. Más allá de los gustos, la oferta sigue siendo tentadora. La masiva asistencia habló por sí sola, dejando las expectativas para el 2020 en un lugar muy alto, pues será el momento de conmemorar su primera década.

Fotos: Peter Haupt - Juan Pablo Maralla

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