#LollaCL 2019, día 2: el futuro es hoy

Sin tiempo para mirar el pasado

El segundo día de Lollapalooza desde muy temprano encendió los ánimos y las ganas de llegar al Parque O'Higgins. A diferencia del día viernes, los asistentes no quisieron perderse ninguno de los espectáculos que ofrecía esta jornada que, en lo climático, a ratos amenazó con gotas de lluvia. Los shows del sábado estuvieron marcados por la potencia de los sorprendentes The Fever 333 y el poderío de Bring Me The Horizont, al igual que el rock alternativo de Portugal. The Man (con demandas sociales de por medio), la intensidad de Interpol –uno de los bastiones de la escena neoyorquina de comienzos del milenio– y los sonidos de la actualidad de Twenty One Pilots. Sin embargo, sería totalmente injusto asignar el protagonismo de la jornada a estas variantes rockeras, cuando claramente los fenómenos musicales pasaron bordeando otras músicas, muchas de ellas fuera de nuestro radar, como la convocatoria de Paloma Mami o el cierre al anochecer del Perry Stage a la espera de lo que tenía que hacer Steve Aoki con su EDM. Sin embargo, estuvimos en Kidzapaloza para ve a los Pulentos, desde temprano nos dejamos empapar por el nuevo jazz de Kamasi Washington, y presenciamos el cierre del Lotus Stage con los ritmos tropicales de Américo. Años más, años menos, todos artistas que representan el espíritu del siglo XXI. Así fue el día dos de Lollapalooza Chile 2019:  

Humboldt: lo que mereces
Qué reconfortante es ver a bandas locales cumplir los objetivos, por muy intrincado que sea el camino. En sus poco más de siete años de carrera, Humboldt ha editado dos trabajos de estudio, se ha presentado en Estados Unidos y Colombia, experimentado cambios de miembros, y todo desde la más absoluta independencia. Por ese motivo su actuación en #LollaCL es vista como un triunfo. Y además se arriesgan, pues gran parte del repertorio se centró en su próximo trabajo de estudio, uno sin duda muy inspirado por Tame Impala y que en vivo brillan con una muy cuidada puesta en escena, detalles bien definidos y una cohesión probada por varias horas de ensayos. Sus sonrisas tras finalizar su presentación eran más que suficientes, y los aplausos totalmente merecidos. (Jean Parraguez)

Kamasi Washington: el saxofonista con conciencia rap
Sabemos que Lollapalooza tiene un público objetivo y cautivo. También sabemos que, en su eclectisismo, ha apostado a diferentes excentricidades, la mayoría de ellas aciertos que le dan el tono distinto, un punto de vanguardia –si se quiere– a un festival que apela a todo lo contrario, a la música pop más masiva y de moda. Este año, se apostó por la MPB de Caetano Veloso, el afrobeat de Seun Kuti, y por quien en esta triada sería el que se encuentra en su punto de ebullición: el saxofonista, compositor y productor californiano Kamasi Washington.
Acompañado por seis excelsos músicos –incluyendo dos bateristas, un contrabajista, un trombonista, un pianista y la cantante Patricie Quinn–, el denominado arquitecto del nuevo jazz contemporáneo echó mano a todos sus trucos para brindar uno de los shows más soberbios de esta edición de Lollapalooza. Kamasi es ambicioso en sus arreglos, a la vez que con su aire le da un groove y amplitud envidiable a cada una de sus intervenciones. La forma en la que reinventa y moderniza el jazz fusion y el free jazz de mentores como John Coltrane, Miles Davis, Ornette Coleman o Chic Corea, lo hace rescatando su esencia y virtuosismo, en las exploraciones de las capacidades de cada instrumento, sumándole el conocimiento que tiene sobre la música pop. Por eso, a pesar que su show es acotado, no se hace problema en extender sus canciones con sofisticadas improvisaciones llenas de ritmo y carisma por parte de sus músicos, dándoles espacio para que cada uno se luzca en solitario.
Temas como ‘Street fighter mas’ –donde su tecladista se luce–, ‘Truth’, ‘The psalmnist’ o la extraordinaria ‘Fists of fury’, sonaron gigantes. Rostros desencajados pasaban por adolescentes que rodeaban el escenario Banco de Chile a esa hora de la tarde –cuando caían tímidas gotas– tratando de comprender la magnitud de la performance de los músicos de Kamasi y cada una de sus destrezas y extravagancias. Pero ahí se quedaban, porque la mixtura sonora de su música, de alguna forma, los interpela, y ellos lo reconocen a pesar de las claras diferencias de gustos. Kamasi –así como Thundercat– es el presente de una generación de música negra que no solo apela al jazz y la academia, sino que a rasgos urbanos y coloridos de músicas como el funk, el soul y el R&B, que expresan artistas que seguro han pasado por sus playlist como Kendric Lamar o Flying Lotus, amigos y colaboradores. Un show que fue una pared de sonido donde pasado y presente fueron filtrados por un saxofón que rapea y suena como si estuviese el mismo Phil Spektor produciendo al inquieto y robusto músico. 45 minutos para uno de los mejores shows de esta versión de Lollapalooza. Con gusto a poco. (César Tudela)

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Ases Falsos: trato hecho
La noticia de que Ases Falsos hibernara tras los shows agendados en tierras nacionales y aztecas, hizo de su presentación en Lollapalooza un evento aún más imperdible. Briceño y los suyos ya juegan de local en cualquier lugar, independientemente de que el escenario esté emplazado en el Teatro Coliseo, el Club Chocolate o el Acer Stage del Parque O’ Higgins. El fenómeno que causan en su feligresía es potente, ya que sus canciones tienen una capacidad innata para entrar en la memoria de su gente y programarla para que repitan cada palabra al pie de la letra. Bastó con que Cristóbal Briceño ejecutará los primeros acordes de ‘Mala fama’ para que el coro fuera masivo. Y aunque otros cortes de su cuarto disco como ‘Que hará de mí’, ‘Así es como termina’ o ‘Nace un contragolpe’ se recibieron con cariño, fueron sus clásicos los que sacaron chispas en el ambiente. Su formación de sexteto también les permitió fabricar detalles de relojería que no hicieron otra cosa que darle altura a la propuesta, ya sea acrecentando la intimidad en ‘Simetría’ o ‘Mucho más mío’, reafirmando la efectividad del gancho pop en ‘Subyugado’, o detonando verdaderas bombas sónicas en ‘Chakras’, ‘Gehena’, o ese himno moderno que es ‘Pacífico’, incitador inmediato para levantar la polvareda. Su concisa actuación, finalizada cinco minutos antes de lo estipulado, hizo pensar en una vuelta de mano por la vez en que les cortaron los micrófonos por excederse del tiempo. Aún así, la conexión innata que tienen con su público volvió a demostrar que el trato entre ellos y su fieles ya está hecho. Todos contentos bajo el yugo. (Pablo Cerda)

Ziggy Marley: el valor de la herencia
La fiesta de estilo jamaiquino se apoderó de la tarde con Ziggy Marley recogiendo el legado de su padre, Bob. Un montón de gente se reúne en el VTR Stage a disfrutar de la bocanada de reggae que alberga todos los artilugios propios del género: una buena cantidad de personas arriba del escenario, discursos sobre el amor, y esas guitarras limpias entrecortadas que dan vida a ese estilo popularizado en Jamaica. Por supuesto, el aire se vuelve algo ahumado a ratos, con los distintos aromas de la planta que da vigor a la filosofía rastafari. Ziggy Marley, quien encuentra reiteradas similitudes con su padre, despacha sus temas con buenas ejecuciones y con el bajo liderando a ratos. Pero es en ‘One Love’, el clásico incombustible de The Wailers, donde arroja la mejor recepción, en un estilo que podría caer parado en cualquier festival del mundo. Porque si hay algo notable del reggae es que puede no gustarte, pero difícilmente va a incomodar a alguien. (Juan Pablo Andrews)

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Portugal. The Man: las cosas claras
“Nos encanta venir a Chile”, nos dijo Zack Carothers un par de horas antes de subir al escenario con Portugal. The Man. Formado en la fría Alaska, la verdad es que el grupo muestra una calidez absoluta en escena. Les gusta el humor –la presentación de Beavis & Butthead no requiere mayor explicación–, derrochan simpatía y carisma, y además tienen buenas canciones. En vivo, el sexteto enfrenta un repertorio más crudo si se quiere, apelando a la musculatura (el inicio con el saludo a ‘For whom the bell tolls’ de Metallica, además de versionar a T. Rex, Rolling Stones, Pink Floyd, The Beatles y Ghostface Killah), como se sintió en ‘Live in the moment’ –con todo el peso de la canción en manos de la batería de Jason Schrist–, o en ‘All your light (Times like these)’, en que se puede oler un regusto por el hard rock, el Prince más sucio y el falsete suplicante de John Baldwin Goourley. También hay impacto: a muchos les sorprendió una serie de mensajes aparecidos en pantalla durante su actuación, testimoniando el hecho de que Chile es el único país del mundo en que el agua es privatizada, entre otros mensajes relacionados con el feminismo y demandas sociopolíticas ("No todos somos Chadwicks", salió en grande en pantalla, emplazando al nepotismo del actual gobierno). Las cosas claras. (Jean Parraguez)

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The Fever 333: directo a la yugular
Una pesada base de rap sonó por los parlantes del Acer Stage mientras Jason Aalon Butler lucía con la cara tapada y las manos adelante, como si fuera un secuestrado a punto de la ejecución. En ese momento, el guitarrista Stephen Harrison y el baterista Aric Improta aparecieron en escena para desatar la locura en una actuación que atacó directo a la yugular, con trallazos como ‘Burn it’, ‘We’re coming In’ y ‘Made an America’. Al poco andar, quedó claro porque The Fever 333 ocupa el concepto de “demostraciones” para describir sus shows. Vocalista y guitarrista se bajaron del escenario y se subieron al techo del lugar en donde está la mesa de sonido. Ahí, Jason agradeció la instancia sin micrófono de por medio: “gracias por darnos su tiempo, lo apreciamos mucho. Al menos por un día, recuperaremos el poder que otros nos han quitado”, lanzó de manera mordaz el músico. Muy acorde con los tiempos que corren, también entregó un mensaje a las mujeres: “En este espacio, ustedes deberían sentirse libres y seguras, quiero agradecer a las mujeres por enfrentar toda la mierda que tienen que pasar”. Combinando lo mejor del urbano, el hardcore y los beats de la electrónica se suceden ‘One of us’, ‘The innocent’, ‘Coup D’Étalk’, ‘Out of control/3’ y ‘Hunting season’, mientras tiran micrófonos por los aires, arman mosh pits y se pasean sin polera por todo el escenario. La puesta en escena de los estadounidenses es letal. Sin embargo, se apreció una sobrecarga de refuerzos en las voces y la guitarra de Harrison no gozaba del poderío que requerían canciones tan aplastantes. Sumando y restando, la visita de Fever 333 fue una experiencia al límite que tuvo algunos ripios en la parte sonora, pero que de todas maneras merece volver por las suyas. (Pablo Cerda)

Rubio: oscuridad en medio de la luz
El año pasado, cuando a Rubio le tocó presentar su show en el Perry Stage, el lugar no pudo ser mejor elegido. La propuesta de Fran Straube, que navega en una electrónica análoga, se enriqueció visual y sensitivamente en el ambiente oscuro del Movistar Arena, dando paso, también, a un complemento en la visualidad con los juegos de luces. Esta vez, el trance hipnótico e íntimo al que invitan sus canciones fue coartado, en ese sentido, al situar su presentación a media tarde en el escenario Aldea Verde. Si bien la chilena y sus músicos desarrollaron una impecable presentación cargada de la pulsión de beats, una imaginaria percutiva muy interesante y un juego magnético en los recursos sonoros de los sintetizadores, su propuesta llena de misticismo en torno a la oscuridad (idea con la que se trabajaron esas canciones que son parte del disco “Pez”, a excepción de ‘Fuego’), desencajaba en medio de la luminosidad de la tarde sabatina. Las oníricas ‘Coral’, ‘Árboles’ y ‘Seres invisibles’ se conjugaron a las canciones más festivas y cargadas de un electropop del nuevo siglo como ‘Hacia el fondo’ y ‘Fábula’. Un show que sumergió la Aldea Verde, por unos minutos, a las misteriosas y lúgubres profundidades del mar bajo el influjo tribal y lleno de beats de la música de Rubio. (César Tudela)

Bring Me The Horizon: apostar al show en vivo
Los problemas vocales de Oliver Sykes pusieron alguna duda en las semanas previas a la presentación de Bring Me The Horizon en Lollapalooza. Sin embargo, luego de recibir la aprobación médica, aquello fue superado y ayer BMTH despachó un espectáculo potente, correcto, donde hizo gala de su mezcla de estilos que hoy los tienen combinando su pesada propuesta inicial con el pop de "Amo", su último álbum. ‘Mantra’, del nuevo álbum, da la partida, con unas guitarras que estaban a tope o quizás demasiado fuertes. ‘The house of the wolves’ busca más pesadez, quizás apostando a ese inicio que emparentó al grupo con terrenos derechamente metaleros. No cabe duda que hay fanáticos dispuestos a iniciar un mosh en medio de la escena, con la expectativa de que las canciones revienten. Sin embargo, el show pasa por reiterados cambios de ánimo. Luego, corazones de colores se apoderan de las pantallas. Con todo, la mezcla en directo funciona y el público responde con entusiasmo ante una banda que pareciera haber puesto sus fichas al espectáculo en vivo. (Juan Pablo Andrews)

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Nova Materia: el lenguaje de los objetos
Caroline Chaspoul y Eduardo Henríquez transformaron las cenizas de Pánico en una nueva materia dispuesta a amoldarse para tomar las formas más singulares. Sobre el escenario habían latas, tubos, sintetizadores, un bombo, tablas, rocas, huesos mandibulares y muchas otras cosas más. Todo era un elemento que podía aportar algo a ‘Nov power’, ‘Kora Kora’ o ‘Speaking In tongues’. Las guitarras yacían acostadas y eran un elemento más de percusión, ya que la vibración de las cuerdas provocada por una baqueta logró que una onda especial alimentado por pedales produciendo un efecto hipnótico. Las palabras son pocas, la clave está en la música, en la experimentación. Caroline sacó sonidos extravagantes cuando golpeaba los tubos armónicamente o pasaba una piedra por una madera, mientras Eduardo seguía ocupado en el sintetizador agregando beats a una tormenta eléctrica voraz que se vistió de música dance o incluso synthpop. El ritmo invitaba al baile, a dejarse llevar por un trance en el que los objetos hablaban un lenguaje que solo el cuerpo podía entender, pero había tanto pasando en el escenario que era difícil no quedarse pegado mirando como el dúo llevaba a cabo su experimental performance. Tomados de la mano para finalizar la actuación, Nova Materia se despidió de Lollapalooza ante un puñado de personas que acudieron a la Aldea Verde solo para adentrarse en un verdadero viaje sensorial que demuestra que cualquier cosa puede ser transformada en música. Quizá a esto se refería Roger Waters en su proyecto "Household Objects". Tuvieron que pasar décadas para entenderlo tan bien como lo entiende el tándem chileno-francés. (Pablo Cerda)

Pulentos: las joyas del block
Una de las sorpresas del Kidzapalooza de este año fue el regreso del proyecto musical asociado a la serie infantil de mediados de los 2000. Esta vez, los Pulentos volvieron recargados y con un show que apela a la nostalgia, al reconocimiento de grandes músicos nacionales, y hasta con el estreno de una canción nueva. Los emcís Vitami y Sonido Ácido, que personifican a los personajes de Nea y Barry, respectivamente, prendieron al público al ritmo de las canciones que acompañaron a la serie, como las ya clásicas ‘Piante’, ‘Pulentos’ o ‘La queremos llevar’, que fueron coreadas no tanto por niños, sino por adolescentes y adultos que hace más de una década se quedaban pegados a la TV en las mañanas viendo a los monos en 3D. “La leche nos deja terrible hardcore”, se escuchó fuerte, a la misma hora que Paloma Mami hacía historia en el cercano Lotus Stage. Con la voz original de Benzo también siendo parte del espectáculo, fue presentado Pedropiedra para acompañar en ‘Levántate ya’ y ‘Vivir sano es pulento’, canción donde el músico fue productor. Antes, Francisco Durán (Lanza Internacional, Pillanes) también se subió al escenario para hacer un lúdico mix entre ‘Llueve sobre la ciudad’ –el hit de Los Bunkers– y la adaptación del clásico infantil ‘Que llueva’. Versiones raperas para ‘Somos tontos no pesados’ y ‘We are sudamerican rappers’ fue el tributo de los Pulentos a Los Tres y Jorge González –“que a lo mejor no sabía que estaba haciendo rap, pero es súper rapero”, decía Sonido Ácido– en una fiesta desatada que continuó con niños sobre el escenario y otra sorpresa: Pedro Foncea de De Kiruza para cantar ‘Bakán’. Nostalgia y cultura pop a raudales en el show de los Pulentos, que según contaron, se cambiarán el nombre a Somos Cabros Chicos para hacer carrera bajo el alero de estos himnos infantiles. (César Tudela)

Pillanes: trabajo en equipo
Es increíble hablar de un debut considerando la enorme trayectoria del contingente que compone Pillanes. Pero es verdad, era la primera vez que el proyecto como tal pisaba Lollapalooza. Armados con una escenografía soberbia y casi tan colorida como sus canciones, el super grupo dio un recorrido por lo más destacado de su primer largo entre las que figuraron ‘Barrabás’, ‘Somos lo peor’ y ‘Loro’, single que lanzaron tan solo unos días antes de su presentación. Lo mejor de Pillanes, es que no es una mera suma de sus personalidades, es un trabajo en equipo. Viniendo de bandas tan distintas, Pablo Ilabaca y Mauricio Durán unificaban su sonido en una simbiosis que no les hacía perder un ápice de su estampa, hasta se dieron el tiempo para hacer un llamativo cruce de guitarras estilo Blue Öyster Club en ‘Valparaíso y Concepción’. Francisco Durán tomó la batuta en la frontal ‘Facho pobre’ y la exquisita ‘Carmesí’, además de sumar el charango a ‘Pillanes’ y ceder el puesto principal a los fraseos rapeados de Mauricio Durán y Pedropiedra. Pero la mejor demostración de sus cualidades estuvo en la dupleta ‘Convénceme’ y ‘El mundo es un lugar tan triste’, con meteóricos coros que encontraron en Javiera Vinot su aliada perfecta para que llegar al siguiente nivel. Una presentación fresca y contundente la de Pillanes en el Lotus stage, da gusto ver que cómo esta conjunción de fuerzas tiene vida propia y no depende del pasado para subsistir. (Pablo Cerda)

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Interpol: apelando al oficio
Una cosa rara pasa con Interpol. El grupo es dueño de una discografía con varios títulos notables, pero que en vivo tienen una constante incertidumbre: nunca se sabe cómo resultará. El público chileno ha visto a los músicos en cuatro ocasiones. La primera, en el 2008: de antología. La última, ayer en #LollaCL, podría ser la más floja de todas. No es por falta de material, pues “Marauder” –el álbum que Banks y los suyos defienden hoy por hoy– fue aplaudido en todas partes, sino que por el desempeño sobre el escenario. La garganta del vocalista nunca se sintió cómoda –en ’If you really love nothing’ se notó lo mucho que le costaba llegar a tono, y ‘Say hello to the angels’ lució apagado–, y los problemas de sonido opacaron un inicio prometedor con ‘C’Mere’. ¿Motivos? Seguramente el desgaste de tocar tres días seguidos en la partida de la gira. Sin embargo, hablamos de artistas experimentados. En la medianía del set la performance fue en ascenso. ‘All the rage back home’ fue una delicia en la oscuridad, las guitarras de ‘Rest my chemistry’ fueron implacables. El momento de entregar un hit fue el adecuado –impresionante ver al público en ‘Slow hands’–, y el final dejó los ánimos por las nubes con ‘Roland’, dejando un sabor agridulce, pues un grupo como el neoyorquino merecía mucho más tiempo. Habrá que esperar un regreso, ojalá en un recinto cerrado, pues sus canciones alcanzan un mejor efecto ahí. (Jean Parraguez)

Américo: ¡sácate un hit!
Mucho antes de que sonara el primer acorde, ya se podía sentir la atmósfera festiva en el Lotus Stage. El público estaba ansioso por asistir al histórico momento en que un personaje como Américo hiciera su aparición en el Lollapalooza y vaya que resultó bien. El oriundo de Arica erradicó de plano todos los miedos que pudo haber sentido, ya que los asistentes le demostraron su devoción inmediatamente. El show se dividió en cuatro partes. Primero tocó los grandes éxitos que facturó con el grupo Alegría (como ‘Por qué te quiero’, ‘Super ladrón’, ‘Me embriago por tí’ y ‘Mujeres y cervezas’, todas recibidas a lo grande), en una inteligente forma de estructurar el setlist, haciéndose cargo de una primera etapa que hoy genera aprobación, así como sus canciones más clásicas, las que cayeron una tras otra sin dar tregua. ‘Que levante la mano’, ‘A llorar a otra parte’, ‘Con la misma moneda’, ‘Me enamoré de ti’, ‘El embrujo’ y ‘¿Cómo te voy a olvidar?’ (de Los Ángeles Azules) protagonizaron una segunda etapa de infarto en el que el ritmo y el sabor seguían reinando en las profundidades del Parque O’Higgins. Para empezar la tercera entrega, Américo decidió mostrar toda su técnica vocal en ‘Tu hipocresía’, ganándose una ovación cerrada que se extendió a su increíble orquesta en ‘Traicionera’, ‘Adiós amor’, ‘Ten pena por ti’ y ‘Me olvidé de tu amor’, todas ejecutadas de manera pletórica y con detalles que le agregaron un toque extra para regocijar el paladar. ‘Entre el amor y el odio’, ‘Te vas’ y el cover de Jorge González, ‘Esta es para hacerte feliz’, cerraron el cuarto acto con un Américo que no podía creer lo que estaba pasando. El público pidió otra más y la escogida fue ‘Tu deseo’, el dueto con el compositor colombiano Silvestre Dangond, que bajó la cortina de un acto que quedó automáticamente inscrito en la historia de Lollapalooza. Honestamente, ¿alguien pensó que Américo no iba a ser un golazo de proporciones en el contexto del festival? Si Damas Gratis abrió el camino para que este estilo entrara por la puerta ancha, y Américo ya lo consolidó con otro show memorable, ¿quién viene después de él? Quizá en el futuro lo hemos de comparar, pero sabemos que esto fue diferente nada más. (Pablo Cerda)

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twenty øne piløts: la banda sonora de la actualidad
Dos veces se ha presentado Twenty One Pilots en Chile. Ambas en el marco del mismo festival, pero en momentos distintos. En 2016 fue la primera vez en Lollapalooza, como un número intermedio, buscando su espacio. Pero ahora, el dúo se presentó como un número de cierre de jornada con mayores pergaminos. La dupla hoy cuenta con cinco discos, que no han dejado indiferentes a los fanáticos en nuestro país: varios llegaron temprano con atuendos que tenían alguna franja amarilla en su ropa, tomando la similitud con la vestimenta que los estadounidenses han instalado como un símbolo. El show, que albergó a un considerable número de asistentes, partió con fuerza, con una especie de auto totalmente encendido, como gran muestra de rebeldía. El dúo es derechamente camaleónico: pasa de ser un grupo lleno de rabia, cantando con un vehículo quemado de fondo, a momentos rapeados con Tyler Joseph que se asemeja a una especie de Eminem apoderándose del escenario. Asimismo, luego se mete en momentos derechamente pop. Todo en uno solo. Porque su apuesta mueve distintos hilos: va por el pop, la electrónica, el rap, y encuentra algo de rock. Quizás también el reggae. ‘Heathens’, una de las conocidas por haber sido parte de la banda sonora de Suicide Squad, encuentra el reconocimiento de la gente. Pero los más fanáticos conocen varias más. Todo encuentra la sintonía del público que obedece cada mandato de Joseph. El espectáculo carga mucho del aspecto visual. Fuego, videos, a Joseph subiendo un pilar y a Josh Dun buscando deslumbrar con la batería y con el torso desnudo. Quizás es en el plano netamente musical donde el dúo no tiene tanto para ofrecer, con recursos vocales limitados, lo mismo que en el bajo y en el piano. Pero los temas funcionan. Ofrecen baile y onda, que hacen mover a todo el mundo. Y eso deja contentos a los asistentes. El show de Twenty One Pilots, que pasa por varias situaciones en una hora y media, demuestra que está totalmente a la altura de cerrar un Lollapalooza Chile y que funciona perfecto como un resumen de lo que es la banda sonora de la actualidad. (Juan Pablo Andrews)
 

Textos: Juan Pablo Andrews - Pablo Cerda - Jean Parraguez - César Tudela
Fotos: Peter Haupt - Juan Pablo Maralla

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