#LollaCL 2019, día 1: el signo de la diversidad

Nombres del siglo XXI se toman la parte alta del festival

Lollapalooza desde sus inicios fue un desafío. Como un show itinerante, mostrando lo mejor del rock alternativo por Estados Unidos en los 90. Hoy en día, siendo un referente de la cultura de festivales, siendo exportado a diversas latitudes del planetas, ¿cómo seguir siendo novedoso?

Durante el último tiempo, varios eventos han comenzado en cierto recambio, con artistas del siglo XXI escrito con letras grandes de sus carteles. Está el caso de Coachella 2019 (Ariana Grande, Childish Gamino y Tame Impala) o Glastonbury, que apostó por Stormzy, de 25 años. Lollapalooza recogió el guante y apostó en su edición sudamericana por prescindir en la lista de headliners de nombres ligados a los 90 (salvo Lenny Kravitz), y situar a Kendrick Lamar, twenty øne piløts y Arcitc Monkeys. Todos ellos, junto a nombres de más experiencia, como Los Tres, Caetano Veloso (acompañado de sus hijos) y Vicentico, entre otros. Así fue su primera jornada.

Frank’s White Canvas: potencia y elegancia
El dúo Frank’s White Canvas fue el encargado de abrir los fuegos. Con puntualidad salen al escenario Banco de Chile. Fran Torés y Karin Aguilera entran con paso relajado. Ponen teatralidad a su entrada. Porque si hay algo que el dúo ha sabido cultivar es su puesta en escena. Aquella con tintes góticos y pop, y que han ido mejorando con los variados shows que han tenido ido registrando. El público, que a esa hora en ese escenario no era demasiado, prende rápido con el dúo, que se acompaña con otros músicos para potenciar esos ribetes melancólicos de sus canciones. El grupo repasa sus dos EPs, “Intuition” (2015) y “Exist” (2016), en lo que fue su debut en Lollapalooza. Pese a tener cuatro años, el grupo suena con solidez. No por nada se encuentran ad portas de viajar a Inglaterra a grabar su nuevo registro con el productor francés Dimitri Tikovoï, quien, entre otros, ha trabajado con Placebo, uno de los referentes más claros de Frank’s White Canvas. El inicio de Lollapalooza Chile es potente y elegante. (Juan Pablo Andrews)

The Inspector Cluzo: la sorpresa
Fue construyendo expectativa de forma subrepticia. Su actuación en el sideshow de Greta Van Fleet llamó la atención de varios presentes en el Teatro Caupolicán. Entonces, tras lo visto en la inauguración del VTR Stage de #LollaCL 2019 fue la confirmación de que The Inspector Cluzo es una propuesta muy interesante, una bocanada de rock para una parte de los asistentes que piden mayor protagonismo del estilo en el festival. Laurent Lacrouts y Mathieu Jourdain -llamados también Malcolm y Phil, en honor a su fanatismo por AC/DC- es una aceitada máquina de riffs, carisma y contenido. Claro, sus canciones destilan un gusto por el rock de vieja guardia, ese espolvoreado por toques de blues y que huele a Nashville. Que asome la vara de Jack White mientras suena ‘Little Girl and the Whistling Tain’, ‘We the People of the Soil’ -cuyo videoclip fue grabado en Concepción el año pasado- y ‘A Man Outstanding In His Field’ es natural, pues se confiesan seguidores de su música, además de trabajar con su productor. Pero también hay funk,  soul y toques de metal. Toda una ensalada de sabores muy bien mezclada, con la que varios quedaron con un muy buen sabor de boca. (Jean Parraguez)

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El desenfreno bailable de Playa Gótica
Apenas terminaba el show de Frank’s White Canvas y en el Acer Stage empezaba el espectáculo de Playa Gótica, quienes instalaron un lúdico show bailable. La cantante Fanny León, desplegando una notable energía, se apodera del escenario con total soltura. Invita a la gente a bailar, mientras el desfile de guitarras funkys va llenando el espacio. ‘Reptil no gentil’ y ‘Extraños visitantes’ -dos de “Amigurumi”, su único disco a la fecha, obligan al movimiento. La cantante se da espacio para saludar a su madre, quien se encuentra en el público, según dice Fanny. Para el final, invitan a Gepe con quien interpretan ‘Foerte’. Luego, el cantante de ‘Hablar de ti’ se monta en una batería para mostrar su destreza en los tambores y lograr una jam llena de sicodelia con Fanny lanzando alaridos con efectos sonoros que mezclaron la escena entre pop y hippismo. Son las 14.00 horas y se vive un momento completamente rockeado en el Acer Stage. El show termina en lo alto y es una muestra del buen trabajo que ha logrado el pop en nuestro país. (Juan Pablo Andrews)

Bronko Yotte: así se hacen las cosas
Hay muchas maneras de iniciar en la música, pero la de Bronko Yotte fue toda una apuesta. Profesor de Historia, el nacido Felipe Berríos demostró que la suya rinde sus frutos. Totalmente dedicado a esta actividad, de igual forma contó entre el público con algunos que en el pasado fueron sus alumnos. La emocionante anécdota no desentona en una actuación que, como casi siempre en el caso de él, alcanza ribetes de excelencia. Siempre acompañado de Maca Campos -un contrapuesta en la voz más que necesaria-, el nacional reunió a una buena cantidad de fans en el ACER Stage, que cantaron y gozaron en ‘Tan solo inspira’, ‘Radiocassette’ y ‘Merced’. Acorde a los tiempos, Bronko también llevó al escenario a invitados ilustres: Franz Mesko, Ceaese (‘Sello’), Gepe (‘Lealtad’) y Jonas Sanche (‘Para olvidar el dolor’). Pese a voces que argumenten lo contrario, el rap chileno es algo en constante evolución y lo de Bronko Yotte es una buena mezcla. Música para bailar y pensar. Como debe ser. (Jean Parraguez)

Amanitas: en su mejor momento
Luego que Drefquila provocara una polvadera gigante en el Lotus Stage –demostrando una vez más el fenómeno del trap en el país–, fue el turno de Amanitas debutar en el festival. Como ellas mismas nos contaron en la previa, este show es la consolidación de un arduo y minucioso trabajo –aunque injustamente silencioso– que comenzaron a desarrollar con fuerza tras la edición del disco “Amor Celeste Imperial” (2017). Abriendo con ‘Tetricancamusa’, que tuvo unos baches de sonido que impidió que sonaran los efectos con los que Lou potencia la canción desde samplers y su tornamesa, el quinteto se afirmó ya en ‘Lluvia frenesí’, una de sus nuevas canciones, y empezaron a mostrar más cómodas su sonido galáctico en una fusión de finas melodías pop con la psicodelia de un rock moderno y de estadio, en donde performance, ejecución y letras están manufacturadas desde lo femenino, haciendo su show con identidad incomparable. Destacan Manu Reyes en sus poderosas líneas de bajo llenas de efectos y Natti Flores –ya radicada en México, al servicio de Mon Laferte– en batería y voz. Gran debut de las chicas y su sonido imperial y en expansión, que las pilla en un momento de envidiable vitalidad, pero una tímida despedida antes de partir rumbo a México, donde se radicarán para seguir con su plan de conquistar el mundo. (César Tudela)

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Los Tres: morir de viejo
Media tarde en el Parque O`Higgins y el escenario Banco de Chile estaba repleto pese al implacable sol. Había expectación para lo que se venía: el esperado show de Los Tres en un gran escenario tras el trasplante de hígado de Álvaro Henríquez hace un año. Fueron meses en donde el estado de salud del autodenominado “Jefe de jefes” mantuvo en vilo a los fanáticos, pero diversas presentaciones que realizó desde septiembre de 2018 dieron esperanzas de verlo nuevamente en toda su gloria. El nuevo aire de Álvaro ha permitido ver en acción al grupo que nació en Concepción a fines de los 80 y tocó la cima en los 90, aunque de esa banda sólo se mantenga él y Titae (a la misma hora, Ángel Parra se presentaba en el Kidzapalooza).

Con la incorporación de Cuti Aste como apoyo ya permanente en diversos instrumentos –y hasta en coreografía–, el show dio inicio con ‘He barrido el sol’, donde un karaoke masivo tomo por asalto el parque, demostrando una vez más que Los Tres son una de las bandas más grandes de nuestro país, transversales y para todas las edades. Sin especular, fueron tirando hit tras hit como ‘Hojas de té’, ‘Tírate’, ‘Amor violento’, ‘La torre de Babel’, y otras menos obvias como ‘Camino’ o ‘La respuesta’. Además, invitaron a Pedropiedra en ‘Olor a gas’ y ‘Bolsa de mareo’, y a la eterna María Esther Zamora en ‘Ando con el cuerpo malo’ y ‘La vida que yo he pasado’. Si bien es cierto Henríquez nunca ha sido un frontman muy cautivador y su registro vocal no es el óptimo, el resto de la banda tiene el gran mérito de escudarlo en todo momento. Cierto, no es un show con la misma magia de esa banda excepcional que conjugaba la técnica de Parra, Titae y Pancho Molina con el talento pop de Henríquez –aunque Boris Ramírez y Sebastián Cabib cumplen con su parte–, pero hay algo en este tercer tiempo de la banda que contiene mucha luz. La mirada y parsimonia de Henríquez lo evidencia. Volvió a enamorarse de la música, y eso siempre será bueno. El abrazo con Ángel tras bambalinas es otra muestra de esta nueva vida que está teniendo. (César Tudela)

El alto vuelo de Ángel Parra y Los Retornados
Son cerca de las 17.40 y el escenario de Kidzapalooza se encuentra vacío, salvo por uno que otro que lo rodea. Minutos más tarde, Ángel Parra y Los Retornados presentarán su show en ese lugar. A esa misma hora, en el escenario del Banco de Chile, Los Tres se encuentran tocando con un buen número de personas. El escenario destinado para Parra, quizás demasiado alejado de los centrales, comienza poco a poco a recibir mayor cantidad de personas. El cuarteto liderado por el talentoso guitarrista despliega su arsenal instrumental, con fuerte inspiración blusera de gran ejecución, lleno de cambios en la intensidad y de acordes de escuela blues-jazzera. Repasan las canciones de su EP “Agua bendita” y el público muestra su respeto y admiración. El ex guitarrista de Los Tres enseña su buen humor y hace permanentes bromas con el público, otorgando un grado de intimidad a un espectáculo, que sin duda mereció un escenario con mayor visibilidad. (Juan Pablo Andrews)

Snow Patrol: el hechizo de la tarde
En sus más de dos décadas de historia, Snow Patrol ha vivido todas las caras de la moneda: ha vivido con la indiferencia total al éxito planetario (es uno de los pocos nombres británicos que ha logrado triunfar en Estados Unidos). También ha sido acusado de que su música es indefensa. Una cosa es decirlo y lo otro es quedar impactado ante el hechizo provocado por el quinteto en vivo. ‘Take Back the City’, ‘Empress’ y ‘Called Out In the Dark’ -todas de sus últimas producciones- generan efecto deseado, con Gary Lightbody solicitando cantar con él, o pidiendo que el público levante las manos. Para rematar, están los hits -’Chasing Cars’, ‘Run’ y ‘Open Your Eyes’-, interpretados en voz alta. Es cierto, la actitud del resto del grupo -salvo la de su frontman- es más bien distante, pero con la música bastó. (Jean Parraguez)

Vicentico: el jefe
Acostumbrado a manejar multitudes, lo de Lollapalooza Chile fue como otro día en la oficina para Vicentico. Que no se malinterprete, pues no estamos hablando de una actitud centrada en la comodidad, pues el argentino ha dado varias muestras de una inquietud que sigue gozando de buena salud. Cuando podría estar de gira eterna con Los Fabulosos Cadillacs, apuesta una vez más por su faceta solista. Y mal no le va, y así lo demostró en su regreso, incluyendo sólo dos canciones de aquel repertorio en su show -’Siguendo la luna’ y ‘Basta de llamarme así’-, centrando el resto en los diversos estilos que maneja. Se viste el traje de crooner (’Ya no te quiero’), saca una pieza con aires de himno (’Solo un momento’), muestra su gran capacidad como baladista (’El otro’) y puede emocionar con una facilidad conmovedora (‘El rey del rock ‘n’ roll’). Sonido increíble, público entregado. Misión cumplida. (Jean Parraguez)

Greta Van Fleet: Qué mal agradecido somos
Así como el año pasado Royal Blood fue el encargado de poner rock y actualidad, en esta ocasión esa misión fue puesta en hombros de Greta Van Fleet. Tal como fue en su show del día jueves en el Teatro Caupolicán, gran expectación había en los asistentes, que minutos antes ya copaban el VTR Stage a la espera de ver al cuarteto de Michigan. El grupo hace arribo al escenario y realiza un inicio algo extraño con el guitarrista Jake Kiszka haciendo unos solos de escuela Jimmy Page y con Josh Kiszka mostrando la potencia de su garganta. Algo así como una especie de muestra de músculo que luego desembocó en ‘The cold wind’. Josh, siempre esbozando una sonrisa, dispara líneas vocales altas que buscan similitud con las de Robert Plant en su mejor época. Es justamente esta búsqueda de similitudes lo que ha detonado la -muchas veces destemplada- crítica de algunos “expertos”. Lo que pocos se atreverían a contradecir es que el cantante goza de una voz privilegiada, encontrando melodías explosivas a cada momento. Como una especie de broma, en medio del espectáculo un globo estilo zeppelin sobrevuela el lugar, mientras el grupo arremete con canciones como ‘Flower power’ o ‘Black flag exposition’. El show a ratos se vuelve lánguido, pero vuelve a tomar vigor con el hitazo ‘Highway tune’, que en esta ocasión goza de algún logrado retoque intermedio. Los GVF derrochan talento y lucen como si estuvieran pasándola de maravillas. ¿Cómo no agradecer aquello? (Juan Pablo Andrews)

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Caetano, Moreno, Zeca & Tom Veloso: la sangre tira
A eso de las 19 horas, el VTR Stage vibraba con el rock de corte nostálgico de Greta Van Fleet, acaparando una gran cantidad de público. Muchos metros más allá, en el lejano escenario LOTUS teníamos la presencia del -a estas alturas- legendario Caetano Veloso. Con 5 décadas de carrera, el brasileño no se detiene en sus desafíos y su actual proyecto es una muestra de amor profundo, al compartir escenario con sus tres hijos. Generoso, es el más conocido de los cuatro pero no asume protagonismo absoluto, aquí todos tienen su momento sobre el escenario. ‘Baby’, aquella joya del tropicalismo, fue el puntapié inicial de un recital en que la consigna fue “menos es más”. Moreno Veloso elaboraba sonidos usando un plato y lijas de madera, pero también desempolvaba el catálogo del padre con ‘O Leãozinho’ . Zeca impactaba con las alturas de su voz, enmarcadas en la gigantesca ‘Todo Homem’. Los arpegios de Tom en la guitarra era el sostén de todo, pero igual se levantaba para protagonizar un baile que pronto contagió a los presentes. Lo sanguíneo se pronunciaba con ‘Ofertório’, compuesta por Caetano a su madre, cuando ésta cumplió 90 años. También cantó ‘Boas Vindas’, escrita para celebrar el nacimiento de Zeca. Un juego de voces rico en texturas y colores. Cuando se trata del clan Veloso, la música es suficiente. Si no lo creen, debieron estar ahí en el momento de ‘How Beautiful Could a Being Be’, con Caetano y Moreno bailando llenos de entusiasmo, sentimiento que no tardé en ser traspasado a los felices asistentes. Es cierto, se pasaron del tiempo establecido, pero valió totalmente la pena. (Jean Parraguez)

Lenny Kravitz: soy rock
Pudo ser un desastre. Lenny Kravitz llevaba dos canciones cuando abandonó el escenario. El fantasma de lo ocurrido el año pasado con Liam Gallagher de inmediato llegó a la memoria, pero en este caso era por fallas técnicas. Veinte minutos que para varios fue una eternidad, hasta que regresó a escena. El desplante del estadounidense en vivo se condice con sus canciones. Los riffs mandan, y también su voz tan reconocible. Un armazón preparado para sacudir, más aún si tenemos a un artista lleno de hits. ‘Fly Away’, ‘It Ain’t Over ‘Til It’s Over’ y ‘Are You Gonna Go My Way’ sonaron grandiosas. Pese al impasse -que impidió seguramente la inclusión del material perteneciente a su reciente disco, “Raise Vibration”-, el ánimo de Kravitz siempre fue el de un showman dispuesto a dar lo mejor de sí. Voz totalmente en forma y una corte de músicos que lo acompañaban que no falló en ningún momento (destacando la presencia de Gail Ann Dorsey, la bajista que estuvo por años con David Bowie), Kravitz demostró cómo salir adelante en situaciones adversas en un show que cuenta con varios de los prospectos del rock: presencia, virtuosismo, carisma y calidad interpretativa. ¿Alguna queja? Probablemente la excesiva -a ratos- extensión de varias canciones. Opinó sobre la interrupción, pero muy en su estilo: “Volveré lo más pronto que pueda y tocaremos tres horas”, dijo, antes de botar el atril y salir del escenario. Rock. (Jean Parraguez)

Tokyo Ska Paradise Orchestra: es hora de bailar
Difícil la tenían los nipones. A pesar que ya son unos verdaderos veteranos en la escena ska, los oriundo del imperio del sol naciente tenían el desafío de cerrar el lejano Lotus Stage a la misma hora que Lenny Kravitz, y luego Kendric Lamar –cabezas de cartel– hacían lo suyo en los escenarios principales. Pero tres décadas de trayectoria no son en vano. A pesar de los pronósticos, Skapara –como le dicen sus fans– repletó aquel rincón del parque y propusieron una fiesta digna de un cierre festivalero. Desde el inicio, dejaron en evidencia la alta calidad de su oficio y el profesionalismo con el que se toman todo. La orquesta estalla en virtuosismo cada vez que alguno de sus integrantes le toca mostrar lo suyo, sea en las cuerdas, bronces, percusiones o el infaltable teclado. Además, son únicos en demostrar tal nivel de técnica mezclándola con una performance entretenida, y que apela al constante y fluido dialogo con el público. Bailes, saltos, coreografías, muecas. Todo sirve para mantener la fiebre de un show que nunca baja en fuerza e intensidad, manteniendo a la gente prendida, con canciones que por supuesto tienen el cálido ritmo del ska jamaiquino, el que fusionan con otras músicas como el rock y el jazz. “¿La vamos a pasar bien?”, dicen en un raro español ya entrado el setlist. Pero qué importa. La fiesta tiene un solo lenguaje: la música de la Tokyo Ska Paradise Orchestra. Fascinante locura oriental en los pastos del Lolla. (César Tudela)

Kendrick Lamar: La danza del fuego
Si bien, el impasse técnico que vivió Lenny Kravitz retrasó irremediablemente la presentación de Kendrick Lamar hasta las 22:00, esto no evitó que el oriundo de Compton desarrollara un potente show que mantuvo la energía a tope. La introducción con la parodia a las películas clásicas de Kung-Fu en la pantalla estableció de inmediato el estado de ánimo de lo que venía y sirvió para entrar en calor antes de que el concierto arrancara con ‘DNA.’, ‘ELEMENT.’ y ‘King Kunta’, haciendo gala de un aparataje técnico que incluyó un estruendoso estallido de fuegos artificiales en la empezada y llamaradas de fuego que salían desde el fondo del escenario mientras Lamar disparaba sus rimas sin cesar. Los cuerpos en la explanada del parque se movían al fragor de un setlist formidable que principalmente sobrevoló los cortes de ‘DAMN.’, disco que lo catapultó como uno de los nombres más importantes del sonido urbano actual. ‘LOYALTY.’, ‘LUST.’, ‘XXX.’, ‘PRIDE.’ y una de las más vitoreadas por los presentes, ‘LOVE.’, se mezclaron perfectamente con otras favoritas como ‘Swimming Pools (Drank)’, ‘Money Trees’, ‘Bitch, Don’t Kill My Vibe’ y ‘Alright’. A destacar también los elementos instrumentales que reforzaban las letras del rapero, con momentos en que los solos de guitarra y el impacto de la batería hicieron que la actuación fuera mucho más orgánica. Por su parte, Lamar demostró un macizo dominio escénico, sobretodo en el punto alto de la noche que fue ‘HUMBLE.’, un verdadero himno de rap infeccioso en el que dejó que el público fuera el protagonista cantando a capella el mantra “sit down, be humble”. Finalmente, ‘All Stars’ cerró la velada con un interesante jam en la sección final mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo, dejando extasiados a los miles que no pararon de bailar al ritmo de Kung Fu Kenny.

El valor más importante que distingue a Lollapalooza desde sus inicios es la diversidad y esto quedó demostrado una vez más. El festival sigue evolucionando en lo musical, sin embargo, preocupa que lo que pasó con Kravitz no se vuelva a repetir durante los próximos días, ya que producen una incomodidad que no se ve bien en una instancia creada para disfrutar a concho de un entorno musical que siempre ha regalado momentos inolvidables a la historia de los eventos masivos de nuestro país. Con todo, el día 1 del certamen cerró de buena manera y deja ya los ánimos calientes para el intenso fin de semana que se toma por asalto el Parque O’ Higgins para llenarlo de colores y música en todos sus rincones. (Pablo Cerda)

El día inaugural de #LollaCL 2019 dejó un saldo positivo. La asistencia nuevamente fue generosa y así parecer ser la tónica de las tres jornadas. Un público en su gran mayoría juvenil es la evidencia de que la renovación es un hecho.

Juan Pablo Andrews
Pablo Cerda
Jean Parraguez
César Tudela

Fotos: Peter Haupt - Juan Pablo Maralla

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