Leprous: flama iluminada

Inicio perfecto para un debut por partida doble

5 de marzo - Club Chocolate
Santiago - Chile

A pesar de que las noches en la capital están bajando gradualmente su temperatura, la del martes 5 de marzo en Club Chocolate ardió de sobremanera. Las paredes de lo que alguna vez fue el Café del Cerro sucumbieron ante la ráfaga colérica de Leprous, flamante agrupación que llegó con todo su arsenal para deleitar a la fanaticada local en dos encuentros que se perfilan como experiencias distintas presentando el aclamado “Malina” (2017), registro que cosechó halagos de manera transversal entre auditores y prensa especializada. Tras una exitosa gira compartiendo cartel con Haken, a quienes vimos en enero este año, era momento de palpar con nuestras propios manos el período de madurez que los noruegos reflejaron en su último disco. Sin lugar a dudas, lo vivido en la primera jornada rayó en la perfección, desde la contundente presentación del acto de apertura, hasta el despliegue técnico de un quinteto voraz que demostró por qué es uno de los actos más sugerentes del rock actual.

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Los parajes fríos, la densidad y una emotividad a flor de piel marcaron la pauta de la presentación de Mourning Sun. Con invitados de primer nivel como Camila Milla y Rodrigo Morris en guitarras, Ramón Pasternak en bajo y Vincent Zbinden en batería, los nacionales llevaron a los presentes por terrenos sombríos inundados de melancolía. Los riffs desolados de canciones como ‘Vena Cava’ y ‘Cabo de Hornos’ no hicieron otra cosa que propiciar una bestial descarga de doom que, a pesar de su ambientación sombría, hizo brillar una vez más a la vocalista Ana Carolina, quien lucía su cara maquillada de negro y mostraba una estoica postura en el escenario mientras su dulce e intensa voz calaba hondo entre las gélidas atmósferas proporcionadas por sus compañeros. Presentación maciza la de Mourning Sun, sobre todo destacando el hecho de que Leprous estará acompañado por dos front-women que son puntales en su estilo durante esta suerte de debut binominal.  

Continuando con el tono puntual de la velada, Leprous salió al escenario a las 21:00 no solo para cumplir con las altas expectativas que el público depositó en ellos, sino que también para entregar un espectáculo prolijo que capturó la atención desde que tocaron el primer acorde. A pesar de que la minuciosidad es el ethos de su propuesta, tienen la pericia de no caer en esas verborreas instrumentales que aburren al espectador, por el contrario, cada integrante se mimetiza con su instrumento y lo moldea a su gusto para entregar una vistosa puesta en escena. El exquisito ritmo serpenteante de ‘Bonneville’ y los acelerados rasgueos de ‘Stuck’ destacaron al dúo de guitarristas compuesto por Tor Oddmund Suhrke y Robin Ognedal, quienes se movían de un lado a otro mientras creaban capas etéreas y figuras hipnotizantes. Por su parte, Simen Børven se lució en la intrigante introducción de ‘Echo’, muy lenta y seductora al principio, pero increíblemente dinámica hacia el final, lo que evidenció su poder para recorrer las cuatro cuerdas en búsqueda de la nota correcta. A su vez, el matemático Baard Kolstad dominó con su pulso soberbio en la intrincada ‘The Valley’ y supo darle un sabor único a ‘MB. Indifferentia’ gracias a ese swing delicado que iba aumentando hasta explotar, lo que agregó detalles que refuerzan lo llamativo del directo. Sumado a lo anterior, Einar Solberg figuró como piedra angular con sus falsetes que llegaron al infinito en ‘Golden Prayers’, ‘Restless’ y ‘Slave’, moviéndose con gracia o sumando sintetizadores que van desde lo delicado hasta lo agresivo, haciendo estallar al mismo tiempo las armonías de su voz sin fallar en ninguna nota.

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Apoyados con visuales cinematográficas de gran factura, cada canción era como entrar en un mundo aparte, a veces perturbador, tenso y claustrofóbico, como la rendición a Massive Attack titulada ‘Angel’, amén de una conjunción entre batería electrónica y sintetizadores que desembocó en un juego de percusiones entre Baard y Robin. Otros pasajes del show resultaron muy orgánicos, especialmente ‘The Price’ y ‘Mirage’, tanto así que la corporalidad de los cinco miembros entró en una desenfrenada comunión con el público. Los ánimos siempre estuvieron al cien por ciento, sumando palmas en ‘The Cloak’, cantando a coro en ‘Iluminate’ y entregándose al máximo en ‘From the Flame’, sabiendo que para muchos esto no era una despedida, sino que una mera carta de presentación para lo que vendrá días después.

Prometiendo un setlist totalmente distinto para el jueves, Leprous cerró su primera noche en Club Chocolate por todo lo alto, recibiendo encantados la energía encandilante de una audiencia que viajó entre lo oscuro, lo íntimo y lo apasionado para quemarse a lo bonzo en la flama iluminada de una banda que hace rato es parte de la élite de la escena progresiva mundial. Y es que los europeos llamaron la atención desde que ejercían como soporte de Ihsahn, pero han sabido pavimentar su propio camino hasta alcanzar un estatus de renombre que en vivo llega a su cénit. A prepararse para la segunda vuelta que todavía hay combustible para incendiarlo todo.   

Pablo Cerda
Fotos: Peter Haupt    

 

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