La Renga: Rocanrol y sentimiento

Pasión desbordante, intensa y barrial en la Quinta Vergara

Sábado 20 de octubre, 2018
Quinta Vergara, Viña del Mar

Con un set list de 28 canciones y casi tres horas de show, La Renga hizo un recorrido por toda su carrera, la cual ya está a punto de celebrar 30 años. La fraternidad entre chilenos, argentinos y algunos uruguayos, los lienzos con frases de canciones, algunos alusivos con clubes de fútbol como Colo-Colo y la Universidad de Chile, convivían y alentaban a un mismo equipo y es que el grupo argentino es una pasión que engloba a todos. Es calle, es pueblo, es un sentimiento puro y real. Lo vivido anoche fue una fiesta de fanaticada, de hermandad, un banquete de catarsis colectiva y fue sin duda la primera vez en que la popular Quinta Vergara cobija una pasión tan desbordante, intensa y barrial.

Los encargados de abrir los fuegos de la jornada fueron los porteños de Molo, quienes hicieron un una presentación completamente sólida y potente. Con canciones como 'Grito en el cielo', 'Humo', 'Vida y época en ninguna parte', '1, 2, 3 por mí' y 'Huracán', entre otras, mostraron todos sus atributos de rock directo e intenso, con impecables ejecuciones por parte de Pedro Pavez en la voz y guitarra, Pepe Benavides en batería e Ignacio Ibarra en el bajo. Calidad y entrega que fue premiada por el público quien los recibió calurosamente.

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Pasada las 21:30 se encienden las luces y el escenario se llena de colores, La Renga entra en escena dando inicio a 'Corazón fugitivo', seguido de 'Tripa y corazón'. La Quinta en pocos minutos se prendió por completo, su público -"los mismos de siempre"- convirtió el recinto, como es costumbre, en un verdadero estadio. Los cánticos, las banderas, lienzos, los típicos quitasoles en el palco, la gente coreando a todo pulmón, hacen que los primeros minutos sean totalmente intensos. Luego, una dupleta del himnario "Despedazado por mil partes", trae a Manu al escenario acompañado con el saxo para dar paso 'A la carga mi rocanrol', seguida por 'Cuando vendrán'.

Los clásicos continuaban con 'El twist del pibe', 'Motor, alma y sangre' ésta dedicada a una amiga motoquera de Buenos Aires que acababa de cumplir 90 años. En 'Nómades' Chizzo la regala a todos los argentinos que cruzaron la cordillera para estar en el banquete. A esas alturas el show está más que prendido, no ha bajado, ni pretende hacerlo, Tete inquieto como siempre se pasea y corre por todo el escenario alentando al público, le sigue 'Al que he sangrado', 'Bien alto', 'Canibalismo galáctico' y 'Almohada de piedra'.

La entrada del bloque de vientos (trombón, trompeta, saxos tenor y barítono), traen consigo el 'Blues cardiaco' momento en que Tanque se luce con un pequeño solo de batería. Minutos más tarde la armónica da la señal para 'La balada del diablo y la muerte', con un solo de Chizzo totalmente sentido e intenso y el público declamando la historia a todo pulmón y al pie de la letra. Las revoluciones vuelven a subir con 'Ser yo' y 'En el baldío', siguiendo con el clásico del grupo mexicano el Tri 'Triste canción de amor' y luego 'El rito de los corazones sangrando'. Un pulpo inflable tras la batería, ocupa el escenario y da paso a 'Hielasangre', 'El rey de la triste felicidad', en este momento Chizzo sentencia "vamos a seguir con una seguidilla de rocanroles" continuando con 'Arte infernal', 'El reVelde', 'Oportunidad oportuna' y 'El viento que todo empuja'. En 'Oscuro diamante' presentan en otra guitarra a un invitado que llega desde Mendoza, finalizando con 'La razón que te demora', tiempo en que la banda luego de dos horas y 25 canciones, se baja del escenario para tomar un receso.

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Después de 15 minutos el trío vuelve a escena para cerrar la intensa noche con 'Panic Show', ' El final es donde partí' y la sentida 'Hablando de la libertad', canción en que se muestran imágenes del público esperando por entrar, familias completas, alegría, lienzos y todo el ambiente previo al concierto, entregando así un final completamente delirante, que cierra un presentación potente, cargada como es habitual, de mucha energía y sentimiento. Cabe destacar el impecable y potente sonido del recinto, la alta convocatoria que además trajo a la ciudad una gran cantidad de argentinos, que en momentos hacía parecer la temporada estival. El punto bajo, estuvo en el palco, lugar que quedó con gran parte con sus sillas metálicas destrozadas con el peso y saltos de la fanaticada. A pesar de esto, el show estuvo a la altura de los conciertos anteriores y del reconocido recinto. La noche  sin duda fue perfecta, cargada de rocanrol callejero, de tripa y corazón y de los mismos de siempre.

Ilse Farías
Fotos: Rose Fatij

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