La arquitectura progresiva de Haken

Un debut al rojo vivo

Ciclo Santiago Fusión/ Sábado 26 de enero de 2018, Teatro Teletón

En rigor, no era la primera vez que algunos de los miembros de Haken visitaban nuestro país. A pesar de que parte de la agrupación había oficiado como apoyo de Mike Portnoy en la gira Shattered Fortress del 2017, sí era la primera vez que la banda se presentaba como tal en Chile, lo que obviamente atrajo la atención de un público que esperaba ansiosamente por verlos desplegar toda su fuerza interpretativa. Con un poco más de dos horas de show, los ingleses presentaron su álbum “Vector” ante un Teatro Teletón que no escatimó en ovaciones para un repertorio sólido, extenso y riguroso que impresionó por su evidente tecnicismo, pero también por lo alucinante de un concierto que tuvo a varios en un trance, signo inequívoco de que el metal progresivo que Haken ejecuta de manera precisa es más que solo un placer visual y sonoro para el que gusta de un rock más intrincado, es también un espectáculo que hace aflorar las emociones más cálidas.

La noche comenzó con la presentación de Claudio Cordero en compañía de una formación de lujo completada por Felipe Leyton en bajo, Atilio Sánchez en la batería y Elías Martínez en teclados bautizada como Plasma. Según el músico, este nombre hace referencia al elemento que le da cuerpo a la electricidad que recorre sus instrumentos y funciona como una metáfora de cómo este lote le da una identidad especial a su trabajo en la actualidad. El cuarteto desarrolló una actuación pulcra en que el virtuosismo fue el motor esencial de cortes como ‘Outatime’, ‘Zenith’ o ‘Letting Go’, la cual forma parte del Ibanez Army y él mismo definió como una canción dificil para interpretar en vivo. Amparado en una ejecución instrumental prodigiosa, el avezado guitarrista nacional ofreció un recorrido acotado por sus discos “Enlace” y “Quasar” que fue apreciado con atención por una audiencia sentada ordenadamente en el teatro y que sirvió de aperitivo para la gran cena de metal progresivo que se venía.

A las 22 horas, las ‘William Tell Overture’ del compositor italiano Gioachino Rossini dio paso a la instrumental ‘Clear’, que estableció de plano una atmósfera tétrica y opresiva mientras los músicos tomaban posiciones en un escenario de tonos rojos y arrancaban con ‘The Good Doctor’, desatando el fervor de los asistentes al punto de pararse de sus asientos para entregarse en cuerpo y alma desde el principio. Varias publicaciones concuerdan en que “Vector” (2018) es el registro más pesado de Haken hasta la fecha y esto quedó demostrado en las afiladas ‘Puzzle Box’ y ‘Nil by Mouth’,  que no solo desataron el headbanging masivo con sus bestiales riffs, sino que también probaron que los ingleses pueden crear canciones con gancho que además hacen cantar a todos sus parroquianos dejando los ánimos encendidos a cada minuto. A pesar de que cada uno se apodera de su puesto de batalla desarrollando complejas estructuras musicales, su funcionamiento como unidad es sencillamente demoledor. La cohesión de las voces en el principio de ‘Veil’ rebozaron sensibilidad y belleza, transportaron al oyente a los terrenos más tenues del rock progresivo clásico para luego transformarse en un camino de ida hacia una pieza épica que osciló entre una instrumentación dislocante, pasajes etéreos y armonías cautivantes.

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Y si el sexteto ya es imponente como unidad, las individualidades destacan como su activos más llamativo. El apoyo de las voces de Conner Green y Diego Tejeida en la parte más volátil de ‘Falling Back To Earth’ fue corpulento, ya que permitieron que Ross Jennings marcara el suspenso con su canto. Otro momento en que el juego vocal cobró vital importancia fue ‘Cockroach King’, con armonías que iban y venían para producir un efecto hipnotizante de locura total. En lo instrumental, la dupla Green y Tejeida tuvo momentos de protagonismo absoluto en las mastodónicas ‘Crystallised’ y ‘Celestial Elixir’, con el tecladista apoderándose de la vitrina gracias su keytar y tomando protagonismo con su carisma despampanante, mientras el bajista también hacía gala de toda su técnica para brillar en gloria y majestad con exquisitas líneas que rozaban la libertad del free jazz.

Por su parte, Charles Griffiths y Richard Henshall destellaron en ‘The Architect’, con riffs imposibles y secciones que funcionaban de manera tan matemática que los dedos de ambos se movían con una rapidez inusitada por el diapasón. A destacar también el gutural de Jennings en este apoteósico ejercicio de habilidad extrema que se extendió por más de 15 minutos y fue una de las favoritas del público. Sumado a lo impresionante de apreciar canciones extensas en que la meticulosidad no dejaba espacio a errores, ya que el público estaba pendiente a cada detalle siguiéndolos con instrumentos de aire, uno de los puntos altos de la noche fue ‘1985’, con todo su glamour retro futurista en que el total amo y señor fue el frontman. Armado con lentes que brillaban en la oscuridad, Ross se paseaba por la tarima, tomaba el atril, luego lo dejaba para entregarse a su público y hasta hizo uso del sintetizador, entregando una performance dinámica que era tan atractiva como lo que ocurría a sus espaldas, mientras Ray Hearne hacía temblar las murallas con cada golpe de la batería.

Con un recital de alto vuelo en decibeles, tanto que el sonido se escuchó un poco reventado al principio, pero mejoró considerablemente después, Haken demostró por qué es una de las joyas actuales de un estilo que se regenera una y otra vez. Durante años, los detractores del metal progresivo han acusado a esta música por ser demasiado cerebral, sin embargo, los rostros de cada una de las personas que estaba en el Teatro Teletón lucían emoción, había una vibra especial en las distintas generaciones que se dieron cita en este magno evento. La técnica y el sentimiento no tienen porque ir en carriles distintos, acá iban de la mano. Cada nota que encajaba perfectamente con la anterior y la siguiente tocaba una fibra distinta en un público extasiado que dejó que estos arquitectos del progresivo edificaran una experiencia sin igual que será la primera de muchas, de eso no cabe ninguna duda.  
 
 
Pablo Cerda
Fotos: Cristian Dunivicher 

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