Kamasi Washington: el saxofonista con conciencia rap

Arquitecto del nuevo jazz contemporáneo

Sabemos que Lollapalooza tiene un público objetivo y cautivo. También sabemos que, en su eclectisismo, ha apostado a diferentes excentricidades, la mayoría de ellas aciertos que le dan el tono distinto, un punto de vanguardia –si se quiere– a un festival que apela a todo lo contrario, a la música pop más masiva y de moda. Este año, se apostó por la MPB de Caetano Veloso, el afrobeat de Seun Kuti, y por quien en esta triada sería el que se encuentra en su punto de ebullición: el saxofonista, compositor y productor californiano Kamasi Washington.

Acompañado por seis excelsos músicos –incluyendo dos bateristas, un contrabajista, un trombonista, un pianista y la cantante Patricie Quinn–, el denominado arquitecto del nuevo jazz contemporáneo echó mano a todos sus trucos para brindar uno de los shows más soberbios de esta edición de Lollapalooza. Kamasi es ambicioso en sus arreglos, a la vez que con su aire le da un groove y amplitud envidiable a cada una de sus intervenciones. La forma en la que reinventa y moderniza el jazz fusion y el free jazz de mentores como John Coltrane, Miles Davis, Ornette Coleman o Chic Corea, lo hace rescatando su esencia y virtuosismo, en las exploraciones de las capacidades de cada instrumento, sumándole el conocimiento que tiene sobre la música pop. Por eso, a pesar que su show es acotado, no se hace problema en extender sus canciones con sofisticadas improvisaciones llenas de ritmo y carisma por parte de sus músicos, dándoles espacio para que cada uno muestre sus credenciales como solistas.   

Temas como ‘Street fighter mas’ –donde su tecladista se luce–, ‘Truth’, ‘The psalmnist’ o la extraordinaria ‘Fists of fury’, sonaron gigantes. Rostros desencajados pasaban por adolescentes que rodeaban el escenario Banco de Chile a esa hora de la tarde –cuando caían tímidas gotas– tratando de comprender la magnitud de la performance de los músicos de Kamasi y cada una de sus destrezas y extravagancias. Pero ahí se quedaban, porque la mixtura sonora de su música, de alguna forma, los interpela, y ellos lo reconocen a pesar de las claras diferencias de gustos. Kamasi –así como Thundercat– es el presente de una generación de música negra que no solo apela al jazz y la academia, sino que a rasgos urbanos y coloridos de músicas como el funk, el soul y el R&B, que expresan artistas que seguro han pasado por sus playlist como Kendric Lamar o Flying Lotus, amigos y colaboradores. Un show que fue una pared de sonido donde pasado y presente fueron filtrados por un saxofón que rapea y suena como si estuviese el mismo Phil Spector produciendo al inquieto y robusto músico. 45 minutos para uno de los mejores shows de esta versión de Lollapalooza. Gusto a poco.

César Tudela
Fotos: Peter Haupt H.

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