Jordan Rudess: magia virtuosa e íntima

Música, anécdotas y un piano

Miércoles 4 de diciembre, 2018
Teatro NESCAFÉ de las Artes

Un reciente estudio publicado por la University College de Londres reveló que las personas que escuchan heavy metal -y en general los rockeros- son culturalmente inclusivos, con una audiencia rica y variada, que incluye adultos mayores, una amplia gama de religiones, orientaciones sexuales y tendencias políticas diversas. Efectivamente, esto no sólo se refleja en su compleja fanaticada, sino que también en sus heterogéneos estilos musicales: black, epic, death, power, thrash y progresivo son sólo algunos subgéneros que, a su vez, se amalgaman con vertientes tan lejanas como la electrónica, blues, la música clásica, jazz e incluso pop y hip-hop. Jordan Rudess, uno de los mejores músicos del mundo y miembro activo de Dream Theater, es un fiel representante de lo anteriormente expuesto; un eximio artista que esta vez nos visitó en formato íntimo, solitario, pero sin perder la magia que contienen los dedos del llamado “Mago del Teclado”.

Puntual a las 21 horas, el estadounidense hizo tímido ingreso al escenario que sólo tenía un piano de cola, sillín, retorno, dos micrófonos (uno para el instrumento y otro para el músico) y una mesa con el GeoShred instalado en un iPad. Nada más, así de íntima es la “From Bach to Rock”, gira mundial en la que Rudess presenta un viaje por su vida musical, desde sus inicios hasta su presente en Dream Theater. Fue así como, sin preámbulo y en medio de la ovación de un Teatro Nescafé de las Artes lleno, comenzó a tocar un saludo musical que dejó boquiabiertos a varios -y a otros derechamente emocionados- al escuchar a Jordan en su primer show solitario (oficial) en Chile. Tras el silencio, tomó el micrófono para comenzar a relatar su historia desde pequeño, cuando apenas tomaba lecciones de piano, trayendo al presente el recuerdo de uno de los desafíos de aquel tiempo: ‘Partita N°5 In G Major’ de Johann Sebastian Bach.

Las luces eran lo único que acompañaban a Jordan en escena, un cuadro que era mejor visto desde la parte alta del teatro, donde los asistentes podían ver con mayor facilidad las manos del músico haciendo piruetas en canciones que lo influenciaron desde pequeño. ‘Hey You’ de Pink Floyd, ‘Entangled’ de Genesis y ‘I Talk To The Wind / The Court of the Crimson King’ de King Crimson sonaron fuerte y claro en el relato musical que presentó el neoyorkino. Como si fuera poco, Jordan anunció una canción de su próximo álbum solista, melancólico tema que continuó con una inmejorable interpretación de ‘Ballade N°1 In G Minor, Op. 23’ de Fryderyk Chopin. El aplauso fue intenso, sólo silenciado por la palabras de Rudess relatando los tiempos cuando conoció una banda tributo a Kiss e ingresó a ella para terminar tocando en fiestas escolares, hoteles y restaurantes.

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Si bien era conocida la historia, algunos se sorprendieron cuando Jordan confesó que rechazó una propuesta para ingresar a Dream Theater luego del disco “Awake“, tiempo en que más tarde si aceptó tocar en otro proyecto de Mike Portnoy. Nada menos que ‘Hourglass’ de Liquid Tension Experiment fue interpretado de manera extraordinaria por el tecladista norteamericano. No obstante, pasaron sólo algunos años para que Portnoy volviera a insistir en su ofrecimiento, esta vez obteniendo el sí que necesitaba del tecladista. ¿Alguna vez se preguntaron cuáles eran las canciones de Dream Theater favoritas de Jordan? Esa noche se supo la respuesta: ‘The Silent Man’, ’Hollow Years’ y ’The Spirit Carries On’.

‘Space Oddity’ de David Bowie e ‘Interstices’ -de propiedad de Rudess- continuaron con el repertorio donde incluso se animó a cantar (claramente su talento no es el vocal…) y tocar incluso con la nariz su GeoShred. Todo un espectáculo. Ya en la parte final vino el turno de un regalo musical al pueblo nipón, compuesto para entregar apoyo tras el terremoto y tsunami de 2011: ‘For Japan’, la que fue muy bien conectada con nada menos que ‘The Dance of Eternity’, uno de los puntos más altos de la noche. No por nada la ovación se hizo inmensa, momento en que el tecladista salió de escena, para volver a maravillar en dos ocasiones al público chileno. El cierre definitivo vino de la mano de ‘Bohemian Rhapsody’ de Queen, en un set de historias y sorprendentes ejecuciones que Jordan Rudess presentó en 1 hora y 50 minutos de show.

¿Hubo detalles en contra? En verdad muy pocos. En cierta medida el atril del micrófono de Jordan causó algunos problemas, pero lo cierto es que el tecladista sorteó de muy buena manera el desperfecto, diciendo que ese tipo de cosas suceden en shows íntimos, eventos muy distintos a los de la gira con Dream Theater o cualquier banda de renombre. En efecto, eso fue lo más rescatable de esta presentación. Lo vivido esa noche de Diciembre quedará en el recuerdo como una “visita al living de la casa de Rudess”, porque en verdad eso pareció: una charla donde el tecladista nos contó anécdotas de su vida musical, mientras nos maravillaba con la magia de su piano. Era como estar en su hogar. Un verdadero genio contemporáneo que con sus manos hechizó a los fanáticos que pudieron disfrutar de un show ecléctico, donde todos -por muy diferentes que sean- pudieron unirse al son de la mágica música de Jordan Charles Rudess.

Rodrigo Bravo Bustos
Fotos: Juan Pablo Maralla

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