Gustavo Santaolalla: historias de cultura e identidad

El “paraíso sideral” del músico argentino

“Desandando el camino”
Teatro Nescafé de las Artes, jueves 12 de septiembre de 2018

Uno de los creadores fundamentales de la música latinoamericana, llegó a nuestro país para desplegar el espectáculo retrospectivo de su extensa y variada obra, bautizado “Desandando el camino”. El rótulo de “retrospectivo” no podría ser más exacto en esta ocasión, pues Santaolalla junto a su sexteto, se pasearon en dos horas de concierto, por las distintas épocas y facetas de la obra del fundamental compositor, productor, cantante y multi-instrumentista: desde canciones de su primera agrupación Arco Iris, pasando por su carrera solista, en Bajofondo, sus premiadas composiciones para películas y videojuegos y hasta un tributo a Jorge González, quien estaba entre los asistentes, con un cover de Los Prisioneros.

Fue un show lleno de profundas emociones, con una banda de excelencia, que, de inmediato, llamo la atención por la amplitud de su sonoridad, con instrumentos de cuerdas clásicos, múltiples teclados, flautas sudamericanas, guitarras por montones, percusiones y hasta campanas tubulares. Todos aquellos instrumentos y sus ejecutantes, dispuestos en un escenario adornado con lámparas, le entregaron al show una cercanía e intimidad inigualable: como si Santaolalla y compañía hubiesen estado compartiendo con sus amigos en el living de su casa. Esa fue la sensación de todo el recital: que estábamos frente a un amigo que relataba sus experiencias, contaba anécdotas de las canciones y que, como decíamos, demostró porqué es considerado uno de los músicos claves de muestra tradición musical.

Cerca de las 9:25 de la noche, la experimentaba banda de Santaolalla subió al escenario con Javier Casalla en viola, violín, guitarra eléctrica y una flauta de sonido muy expresivo llamada pincullo; Barbarita Palacios en voces, guitalele, ukebass, guitarra, campanas tubulares y percusión; Nicolás Raiomone en contrabajo, chelo y bajo eléctrico; Andrés Beeuwsaert en vibráfono, piano, órgano Hammond, clavecín y melódica; Pablo González en batería y el titular en voz principal, varias guitarras acústicas, guitarra eléctrica y charango. Tras la introducción atmosférica de ‘Inti Raymi’, la primera parte del show se basó en la potente obra de Santaolalla como líder de una banda no tan conocida, pero de inmensa importancia para la música de nuestro continente, como es Arco Iris. 

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Fue el mismo artista quien explicó que en aquellos años en los que funcionó la agrupación entre fines de los 60 y mediados de los 70, para ellos era muy importante, no solo reflejar la identidad latinoamericana en las letras, sino que también en la misma música, tal como lo hicieron Los Jaivas en Chile y El Polen en Perú. Con un marcado sonido acústico, la banda interpretó hermosas versiones de clásicos como ‘Abre tu mente’, ‘Quién es esa chica’, la pieza basada en música medieval ‘Y una flor’, ‘Camino’, ‘Zamba’, ‘Quiero llegar’ y una muestra del Aroc Iris más progresivo y espacial, con la maravillosa ‘Canción de cuna para el niño astronauta’, entre varias otras. Antes de hacer un intermedio de unos 15 minutos y de ejecutar ‘Río de las penas’, Santaolalla recordó que era un tema que solía cantar junto a la gran Mercedes Sosa. Toda esta parte del concierto se hizo muy ágil y dinámico, pues, en la mayoría de los casos, eran piezas de corta duración que, en pocos minutos, eran capaces de expresar la sensibilidad musical única de Santaolalla.

La segunda sección del espectáculo fue más variada, pues viajó por las muy distintas facetas en las que se ha movido Santaolalla, como por ejemplo, la hermosa música instrumental de “El Secreto en la Montaña” y la no menos emotiva y enigmática pieza del juego de video ‘The Last of Us’. Sin embargo, una de las composiciones instrumentales más potentes de la noche, con Santaolalla en charango, fue ‘De Ushuaia a La Quiaca’, usada en la película “Diarios de Motocicleta”, pero compuesta antes, según narró el mismo autor, inspirada en un viaje que hizo por toda Argentina junto a su gran amigo Leon Gieco, investigando las tradiciones musicales de los verdaderos músicos “que no salen en la tele ni les interesa grabar sino que lo hacen por una necesidad vital”. Otro momento muy conmovedor del show, llegó cuando Santaolalla tuvo hermosas palabras de amistad y admiración para Jorge González, quien se encontraba entre el público. El músico chileno fue ovacionado de pie y Santaolalla –quien produjo un disco tan importante como “Corazones” de Los Prisioneros-, lo tributo con una gran versión de ‘Por amarte’.

Todas estas interpretaciones, eran matizadas con otras canciones de diversas épocas. Entre ellas, la impactante ‘Paraíso sideral’ de Arco Iris, otra exhibición del Santaolalla más cósmico y progresivo, pero también, con cosas más livianas, pero de gran emotividad y mensaje ético, como ‘Mañana Campestre’, la encantadora ‘Vecinos’ y la exitosa ‘Pena en mi corazón’ de Bajofondo. Tras la despedida, a los pocos minutos Santaolalla salió solitario al escenario, para interpretar una versión sin micrófono y solo acompañado de un instrumento de percusión de ‘No sé qué tienen mis penas’. Hubiese sido un final perfecto, pero, por suerte, aún quedaba más música con temas como ‘Sudamérica’ y el entusiasta final, con ‘Pa’bailar’ de Bajofondo, con toda la gente de pie y consciente de que estaban presenciando parte importante de la historia de la música de nuestro continente, cultura e identidad. A sus 67 años, Santaolalla se vio con una vitalidad magnífica, con una banda de una altura impresionante y un show, que, no me cabe duda, quedará en la memoria emotiva de todos quienes tuvieron la suerte de asistir.

Héctor Aravena A.
Fotos: Peter Haupt H.

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