GREEN DAY

Rock de estadios en su máxima expresión

Domingo 24 de octubre
Estadio Bicentenario de La Florida

Por mucha información que hubiese en la red respecto a la estructura y contenido de sus shows, vivirlo en directo era otra cosa. Grandilocuencia. Interacción con el público. Set extenso y balanceado. Pirotecnia. Todos estábamos al tanto de eso y pese a toda la previa disponible en internet, el golpe recibido por miles de personas ayer en La Florida igual fue de alto impacto. Incontables son los méritos que han iluminado la carrera de Green Day y los tienen en un envidiable sitial: a la cabeza de los shows más completos y participativos a nivel audiencia-banda en la escena actual de números fuertes del género.

Contra todas esas acepciones, clichés a más no poder, de distanciar la propuesta obtusamente macro de la banda con los ideales del punk (si es que aún pueden ser practicados, a estas alturas del partido), la actitud de Green Day gira por una línea clara: hacer lo que les plazca y no ponerse trabas para hacer de sus shows una experiencia única. Los resultados son contundentes. ¿Qué bandas pueden acusar una renovación tan palpable de su audiencia como ellos, sin perder un ápice de devoción por el segmento que se identificó con su energético recorrido noventero? Ayer por la noche, dos generaciones de fans pudieron satisfacer sus respectivos anhelos sonoros con un repertorio, que, en 2 horas 55 minutos, no dejo ningún espacio a pasajes discretos.

Integrados a última hora al cartel, BBS Paranoicos como ya se comienza a hacer costumbre, salieron bien parados en este tipo de instancias. Con el apoyo de un segmento no menor de sus seguidores que hicieron ingreso al estadio para verlos temprano (18:30 horas), los nacionales abrieron fuegos con ‘Cristales’. Omar Acosta y sus partners de años hicieron uso de todo el oficio que hasta estos días los mantiene encaminados dentro de los actos más candentes de nuestra liga subterránea. El cierre, como uno podía esperar, fue con ‘La Rabia’ y sólo queda esperar que el sucesor del aclamado “Antídoto” (uno de los mejores discos de la década pasada en rock chileno) vea la luz dentro de poco.

El retorno de Attaque 77 estaba atestado de expectativas tanto de ellos como de su público. Siendo el primer show que rendían los trasandinos por estas tierras sin Ciro Pertusi, el ahora power trío integró parte de los principales hitos de su carrera ante un público que recibía de buena forma la adrenalina y vibra de la reencarnación de estos estandartes del punk latinoamericano. A través de Mariano Martínez (guitarrista, vocalista), reconocieron el temple del pueblo chileno para salir delante de temas como el terremoto del 27 de febrero y los mineros atrapados en la mina San José e hicieron saber, en reiteradas oportunidades, el gusto de estar de vuelta por acá. Acerca del repertorio, ‘El cielo puede esperar’, ‘Beatle’ y ‘San Fermín’ fueron algunos de los cortes abarcados. La siempre efectiva versión de ‘No me arrepiento de este amor’ culminó el show, dejando abierta la posibilidad de un retorno que incluya más fechas en Santiago y regiones. Bien Attaque 77, aprobados con honores.

21 horas y llegaba el turno del plato de fondo. Pantallas a los lados, diseños inspirados en todos los pasos dados por la banda en más de dos décadas de carrera y el segmento sub-20 del público histérico a más no poder acompañaron la partida de la maratónica performance de 34 canciones. La combinación inicial de “21st Century Breakdown”, ‘Song of the Century’ y ‘21st Century Breakdown’, posicionaba una cobertura tirada al lado contemporáneo de sus placas y ya para ‘Know Your Enemy’ este ánimo constante de hacer partícipe a la audiencia en todo momento comenzó a revelarse con el ingreso de un joven que irrumpió al escenario para luego tirarse un aperradísimo stage diving.

Armstrong, demostrando que su carisma destaca por sobre todas las cosas, jugaba a cada rato con el cariño que sentía hacia Santiago, además de repetir el anhelo de convertirse en Presidente. Halagos y más halagos entre canción y una respuesta que se incrementaba mientras avanzaba el minutaje. ‘East Jesus Nowhere’ tuvo la participación de un infante que realizó una divertida actuación, haciéndose el muerto. El show no paraba de subir.

Como señalaba en el párrafo anterior, lo increíble de Green Day, a diferencia de varios pares, es que luego de despacharse un disco que firmó su ingreso a la historia del rock como “Dookie” (1994), diez años después pudo reeditar su éxito a nivel global con “American Idiot” (2004), reinventándose no sólo artísticamente con su concepto opera punk, también por azotar los sentidos de una generación completamente distinta a la cautivada en los noventas.

Y la recompensa fue sumamente ecuánime y satisfactoria. Ya antes de la media hora, ‘Nice Guys Finish Last’ conformaba el primer episodio nostálgico para aquellos fieles escuchas que ya se acercan a las tres o cuatro décadas de vida. Pero vendrían muchas más. “¿Qué tal algo de la vieja escuela?”, consulta Armstrong. El cambio en las primeras filas era notorio y muchos seguidores, probables asistentes del debut en 1998 en el entonces Teatro Monumental, vibraban hasta el cansancio con gemas como ‘Geek Stink Breath’, ‘Stuck With me’ ‘Burnout’, ‘Going To Pasalacqua’, ‘2000 Light Years Away’ y la grata sorpresa, ‘Paper Lanters’.

La vitoreada sección vintage tenía a ‘When I Come Around’ añadida en segundos a la piel de las 23 mil personas en el Estadio Bicentenario. Fuegos artificiales, una pistola que lanzaba poleras, mangueras para refrescar a los agolpados en las primeras posiciones y constantes invitaciones al público para seguir siendo cómplices de la fiesta. Hasta los reticentes y más puritanos tuvieron su momento, cuando el grupo efectúa un medley de clásicos rockeros (‘Iron Man’ ‘Rock n Roll’, Sweet Child O Mine’, ‘Highway To Hell’), sección donde, otra vez, Billie Joe se roba los aplausos por su gran registro vocal.

Luego de pasar ‘Brain Stew’ y ‘Jaded’, se da pie a un momento cúlmine de la noche, ‘Longview’. Para el primer single de ‘Dookie’, el ahora sexteto invita a alguien que se anime a tocar la guitarra y una chica deja a todos marcando ocupado con una impecable interpretación. La banda le obsequia el instrumento y la algarabía se apodera del recinto en cosa de segundos.

Los nostálgicos de los noventa volvían a tener un regocijo con el infartante tándem ‘Basket Case-She’. El señalado balance volvía a acentuarse con una muy divertida oda a Elvis pactada para ‘King For A Day’, instancia en que Green Day nuevamente gradúa su show bajo los márgenes de un espectáculo de elite en todo sentido, con todos los músicos actuando con un desplante digno de avezados en las tablas.

Más pinceladas de dinosaurios de la música popular enuncian la parte final del concierto con otro divertido dossier impuesto con ‘Shout’, ‘Break On Through’, ‘Satisfaction’ y ‘Blitzkrieg Pop’. Las dos últimas producciones, que convirtieron a la banda en referentes para millones de novicios en el universo del rock, volvían a ser representadas con ‘21 Guns’, ‘American Idiot’ y ‘Jesus of Suburbia’. Entremedio,  ‘Minority’ recordaba los días del subvalorado “Warning” del año 2000. Ese fue un Bis pero faltaba el segundo y más emotivo.

La meta de las tres horas parecía estar más cerca y el grupo no lucía ninguna señal de agotamiento.’Whatsername’, culminación de “American Idiot”, tenía nuevamente a miles de fans hipnotizados. ¿Quedaba algo más? Sí, ‘Wake Me Up When September Ends’, iniciada con Armstrong en guitarra acústica, preludio para uno de los puntos de inflexión que cambió para siempre las percepciones de esos agoreros de la media que veían a Green Day como un grupo de rock desechable a finales de los noventas, ‘Good Riddance (Time of Your Life)’. Como pocas veces, con 34 canciones obsequiadas y 2 horas 55 minutos, el público lucía expresiones de total satisfacción. No había ni siquiera necesidad de pedir más.

No hay tiempo para aprehensiones. Green Day proyectó en Santiago todos los condimentos que hacen de su show la más fidedigna reinvención de las nociones existentes para definir la oferta de las bandas de estadios. Hacen lo que quieren, regalan canciones hasta quedar aturdido, además de invitar a sus seguidores a participar de sus conciertos como nadie en la escena rockera. Entretención, integridad y logros abundantes. Más creíble, imposible. De lo mejor del año.

Francisco Reinoso Baltar
Fotos: Ignacio Orrego G.
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