Gary Numan: Tormenta eléctrica

El devastador paso del animal mecánico

Sábado 1 de septiembre, 2018
Gran Arena Monticello

Cuando Gary Numan apareció por primera vez en Top Of The Pops, el mundo de la música se detuvo por un momento, nadie estaba preparado para esa imagen magnética, estática y robótica, de piel extremadamente blanca, como si fuera un alien que bajó de una nave espacial para invadir los estudios de la BBC. El futuro había llegado para quedarse. A casi 40 años de ese suceso, Gary Numan llegaba a Chile para presentarse por partida doble, primero en un íntimo show sorpresa para celebrar los 25 años de la Blondie, y otro en el Gran Arena Monticello que sí incluyó la escenografía preparada para arenas que no se vio en la mítica discoteque capitalina, una postal intensa que la noche del jueves tuvo a cerca de 900 afortunados que vieron al británico en un formato distinto al que se vivió en el recinto de Mostazal.

El escenario estaba cubierto por una bruma de hielo seco que establecía una atmósfera tétrica desde antes de que se escuchara la primera nota, Rob Zombie sonaba acertadamente por los parlantes y la gente ya estaba ansiosa por recibir al padrino de la movida industrial. A las 21:30, un sol incandescente se posó sobre las pantallas mientras sonaba la introducción que daría paso a 'Ghost Nation', adentrándonos de lleno en el desértico escenario posapocalíptico que propone “Savage (Songs from a Broken World)” (2017), el excelente disco que abarca gran parte de su show en la actualidad, pero que también abre paso a clásicos como 'Metal', que adquiere un filo especial, gracias a la línea de sintetizador que se replica en un afilado riff que lanza a muchos a la pista de baile, levantándose de los asientos dispuestos en la cancha. Su atronadora banda de apoyo destacó desde la partida, quienes se lucieron en las más recientes 'Halo' o 'The Fall', pero también transformando clásicos como 'Films' o 'Down In The Park', trabajo excelentemente realizado por el guitarrista Steve Harris, quien aportó gran parte de la solidez que requerían las composiciones de su catálogo más antiguo para encajar en la propuesta actual.

Poseído por canciones como 'Pray for the Pain You Serve', Numan tomaba el micrófono, se retorcía, alzaba los brazos y daba vueltas con una intensidad que lo separa años de luz de la imagen circunspecta que lo hizo tan famoso en los albores de su carrera, una puesta en escena en la que la interacción con el público se desarrolló con sus gestos y no con sus palabras, de hecho, una de las pocas veces que se dirigió al respetable fue para invitar a su hija Persia a interpretar los coros de 'My Name Is Ruin', pero la sonrisa en el rostro de Numan decía más que mil palabras. Tras 'Here In the Black', cayó la esperada 'Cars' con un sonido aplastante, de mucha densidad en su riff y mostrando una sincronización perfecta entre sintetizador y bajo, lo que transformó este clásico del synth pop en una pieza oscura, lúgubre y atemorizante que llevó sin mayor preámbulo a conectarnos con su presente en 'Mercy' y 'Love Hurt Bleed' en la que los juegos de luces y las pantallas sumaban valor a una experiencia catártica.

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Cada pieza se entregó con cuidado y precisión robótica, pero al mismo tiempo con una emocionalidad que golpeaba directamente en los sentidos, ataques certeros que 'Me, I Disconnect from You', 'When the World Comes Apart' y la impresionante 'Are Friends Electric?' produjeron gracias a una vibrante entrega que dejó pasmados a los presentes, quienes  no mermaron en aprovechar cada instante de este encuentro épico que llegaba a su fin con 'Everything Comes Down To This' y 'A Prayer for the Unborn', en la que Numan levantaba su guitarra eléctrica como señal de triunfo para una noche que tuvo toda la intensidad que muchos esperaron vivir durante años, una verdadera tormenta sónica que dejó a muchos con la sensación de haber visto un espectáculo de marca mayor que reafirma la vigencia de un acto que hoy en día sigue inspirando a muchos, con un look y una sonoridad que cala hasta los huesos.

Cuando Gary Numan llegó al estudio para grabar su primer disco -con Tubeway Army-, venía con la idea de hacer un disco punk, intención que se extinguió de plano cuando quedó congelado ante el sonido del mini moog que había en el estudio y que cambió su percepción musical para siempre. El sábado 1 de septiembre de 2018 quedará en nuestra historia como el día en que ese hito primordial que marcó pauta para toda la década de los 80 por fin se manifestó ante los ojos de los “numanoides” locales que lo esperaron durante años y que pudieron ver a un animal mecánico que evolucionó desde su forma androide hasta su versión más salvaje siempre transgrediendo barreras.   

Pablo Cerda
Fotos: Juan Pablo Maralla

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