Foals: locura y pasión

Martes 2 de abril, 2019
Teatro La Cúpula

Mientras en internet se seguía debatiendo si fueron apropiadas las visuales utilizadas por Fiskales Ad-Hok durante su presentación en Lollapalooza, y en el Parque O’Higgins aún se desmontaban escenarios y activaciones, el Teatro la Cúpula recibía a Foals. Aquel recinto los volvía a recibir tras su visita en 2016, aunque esta vez la excusa para tenerlos era dar fin a la fiesta de Lollapalooza, la que había iniciado el pasado jueves con el side show de Vicentico.

Pasadas las 21:30 hrs., los ingleses salieron al escenario para mostrar su más reciente trabajo “Everything Will Not Saved Will Be Lost, Part 1”. El single ‘On the luna’ fue la elegida para abrir, y automáticamente hizo saltar, cantar y vibrar a los asistentes, como si con el primer acorde algo se activara en sus cerebros y los hiciera dejar la quietud para dejarse llevar por la eléctrica música de los de Oxford. La euforia del público se fue haciendo más intensa con el pasar de las canciones, al punto que en ‘Olympic airways’ y ‘My number’ costaba escuchar la voz del guitarrista y vocalista Yannis Philippakis. Cada frase se vitoreó con fuerza, e incluso mantenerse en pie era un desafío por los pequeños pero intensos moshs que se produjeron. Con las catárticas ‘Black gold’ y ‘Spanish Sahara’, el público se movió de un lado a otro, como si fuesen olas, bajo las órdenes del ritmo constante propuesto por Foals. Sin previo aviso, se desató una marejada con ‘Providence’ y el clásico de su primer álbum “Antidotes”, ‘Red Socks Pugie’. A esas alturas, ya tenían al público rendido ante la bravura de su rock alternativo, que pese a su hoy marcado matiz electrónico, no dejan de lado los riffs de guitarras. Con ‘A knife in the ocean’ (que solamente han tocado dos veces en esta gira), ‘Exits’, ‘White onions’ e ‘Inhaler’, cerraron la primera parte de su show.

Los fans ansiosos para que la banda volviera a pararse sobre el escenario, comenzaron a gritar como hinchas alentando a su equipo. Y sus cánticos funcionaron, porque el grupo volvió con más fuerza, sonrientes, y con Philippakis agradeciendo a la gente por el apoyo, acuñando además el cliché de que Chile es el mejor público del mundo (aunque por la manera en la que lo dijo, puede que sea cierto…). ‘What went down’ –canción que le da nombre a su álbum de 2015– fue la escogida para iniciar la parte final de su enérgica y colorida presentación. Foals demostró una vez más, al igual que el domingo en Lollapalooza, que si quieren pueden ser una banda de rock potente y electrizante, porque tienen talento de sobra. Sin embargo, lo suyo también es hacer música para bailar, y así lo demostraron en ‘Two steps twice’, con la que cerraron un concierto en el que no hubo momento para quedarse quieto, ya que era imposible resistirse a sus entretenidos y envolventes beats melodicos.

Lo vivido en La Cúpula fue el cierre perfecto para Lollapalooza, no solo por el tremendo show de Foals (quizás su mejor noche en el país), sino también porque lo que propuso la banda fue un viaje por una diversidad de ritmos, que pasaron por el rock, la electrónica, el pop, y hasta algunos toques urbanos, además de hacer algunas reflexiones sobre nuestra sociedad. Porque aparte de la gran diversidad de estilos que se reunieron en #Lolla2019, la opinión política fue uno de los temas más abarcados por los artistas en sus discursos. Sabemos que música y el arte siempre tienen algo que decir cuando las cosas no están saliendo muy bien. ¿No fue eso lo que vimos este año en el festival de Perry Farrell?

Bastián Fernández

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